Algunas reflexiones sobre las implicaciones de esta Inteligencia Artificial generativa. Apuntes de una investigación trasteadora

A veces me pregunto por qué le estoy dedicando tanto tiempo a pensar sobre la inteligencia artificial. No soy informático ni soy especialmente hábil hoy con estas tecnologías, que están evolucionando más rápido de lo que me apetece y hacia un lugar que no comparto, por decirlo rápidamente. Me estoy quitando de las redes sociales o, al menos, de esa manera de divertirme en ellas.

Y, sin embargo, llegan estas herramientas y, de pronto, dan alimento al curioso glotón. También ofrecen una percepción o sensación de rapidez al profesional que cada vez tiene un trabajo más vinculado a los contenidos y a su síntesis. Y, además, abren conversaciones muy pertinentes e interesantes sobre la tecnología en contextos donde parecía que ya no había nada que discutir. No sé, creo que son muchas cosas diferentes.

Sesión de trabajo abierta con Eskubidez

La semana que viene tenemos un encuentro para acompañar a un grupo de entidades en Eskubidez a reflexionar sobre la inteligencia artificial. Volveremos a generar otro espacio de conversación. Solo la semana pasada participé en dos encuentros, organizados por Ikuspegi, Orai, la Universidad de Deusto y Alboan. (En este enlace tenéis mis notas)

Voy a rescatar algunas ideas que creo que pueden ser pertinentes y sobre las que estoy reflexionando en este nuevo salto. Me parece que debemos sumar estas reflexiones a todo lo que he ido compartiendo en el blog durante los últimos meses, ya más de un año, sobre las inteligencias artificiales.

¿Por qué llamarle Inteligencia Artificial a estos modelos generativos?

Una primera reflexión tiene que ver con la conversación, muy interesante, que mantiene Amador Fernández-Savater con Marga Padilla en una de sus entregas sobre las utopías. ¿Por qué llamarle inteligencia artificial? ¿Qué otras palabras podríamos utilizar para nombrar esta tecnología, estas máquinas? No sé si la idea de inteligencia es la más adecuada o, al menos, si la utilizamos, deberíamos estar cuestionando también qué significa la inteligencia para los seres humanos.

Sobre los sesgos humanos de las máquinas

En estas conversaciones en las que he participado estas semanas  aparecía otra reflexión interesante. ¿Cómo pensar que estas máquinas están aprendiendo no solamente aquello que les decimos que aprendan, sino también todo lo que, como ocurre en cualquier relación educativa o en cualquier relación, con mayúsculas, incide e influye de manera más inconsciente? ¿Qué tiene que ver esto con los lapsus, con aquello que no somos conscientes de estar trasladando? ¿Cómo estas máquinas aprenden nuestra manera de pensar, de juzgar y de interpretar la realidad? ¿Cómo estos sesgos cognitivos están presentes en la propia definición de las máquinas y, en la medida en que generan materiales, contenidos o conocimiento —vamos a llamarlo conocimiento—, contribuyen también a que esos sesgos sigan aumentando?

Parece que los últimos modelos, lejos de estar corrigiendo algunos de estos sesgos, están también aumentándolos. Aquí hay algo que tiene que ver con lo que hacemos, con nuestras interacciones, con el material que les damos y con los datos. Pero también hay algo que tiene que ver con las estrategias, vamos a llamarlas comerciales, aunque quizás también políticas e ideológicas, que están detrás de las grandes tecnológicas.

Son modelos entrenados para responder desde cierta corrección política pero cuando le pedimos que entren en respuestas más “creativas” la libre asociación de ideas, también en las máquinas, hace que atendamos a sus patrones más ocultos, que, oh sorpresa, son machistas y racistas. 

Interacción de calidad también desde lenguas minorizadas

Esta cuestión conecta con otra preocupación sobre la estandarización y los idiomas. En estos momentos estamos bastante contentos con cómo podemos interactuar con las máquinas en diferentes lenguas. 

Pero sabemos que la interacción con un idioma u otro genera algunos resultados distintos. En principio no debería de preocuparnos pero en el fondo también hay una reflexión sobre los arquetipos y realidades más y menos presentes detrás de estas máquinas. Una estandarización de la cultura que predomina en internet, que es la de América del Norte y Occidente global y la del hombre blanco de mediana edad sin problemas económicos.

Los centros de decisión siguen estando en lugares muy lejanos, donde la sensibilidad hacia las lenguas minoritarias puede ser muy pequeña. Y esto también es importante. Necesitamos seguir atentas a esta evolución y seguir construyendo infraestructuras propias. 

Los sesgos que estandarizan, suavizan y contribuyen a la fantasía de falsos consensos

En este sentido y sobre la homogeneización, otra pregunta. ¿Cómo puede estar contribuyendo esta tecnología a una estandarización de lo estético y también de los contenidos? ¿Qué impacto puede tener esa tendencia a generar respuestas, imágenes y maneras de interpretar la realidad cada vez más parecidas?

Algunas personas lo habréis observado al interactuar con estas máquinas: dependiendo de las ideas que llevamos a la conversación, las respuestas parecen suavizarse o acomodarse a lo que planteamos. 

Nos devuelve más de lo que proponemos. ¿Cómo es delegar en estas máquinas la escritura de actas e informes sin supervisión? ¿Cuál es la fuente que entregamos, cuál el prompt y el resultado? Necesitamos estar atentas en las tres fases: entrega de datos, solicitud de interacción y resultado final que queremos entregar o utilizar como base para siguientes pasos. 

Sobre los datos que seguimos entregando

Cuando pensamos en la utilización de estas herramientas con datos más sensibles, aparecen otras preguntas. ¿Cómo podemos estar atentas para no ceder a las máquinas decisiones importantes? ¿Cómo protegemos nuestros datos y cómo nos protegemos de su explotación por parte de unas empresas que están recabando información y haciendo negocio con ella?

En ese sentido, ¿cómo crear protocolos o acuerdos que nos permitan cuidar los datos y cuidarnos en nuestras interacciones con estas tecnologías? La desconfianza es absoluta en relación a la explotación de estas empresas de nuestra información. A pesar de personalizar nuestras configuraciones debemos de estar atentos a la información que seguimos entregando.

Me pareció interesante reflexionar por cuanto estaríamos dispuestos a pagar por, por ejemplo, una TV o plataforma que no guarde ni regale nuestros datos de consumo a otras empresas. 

Y, por qué no, seguir pensando si una alternativa no debería ser construir tecnologías públicas y más comunitarias. Quizás no tengan el mismo nivel de desarrollo, de capacidad de respuesta, de rapidez o de conexión con toda la información que hemos generado los seres humanos a lo largo de los siglos. Pero podrían permitirnos tener máquinas más adaptadas a lo que queremos conseguir y a la sociedad que queremos construir.

Esta última idea también está muy presente cuando hablamos de la necesidad de regulación.

Sobre la regularización y los límites en el tiempo del “sálvese quién pueda”

Realmente estamos entrando en un terreno en el que nos gustaría que ocurrieran determinadas cosas, pero donde va a ser muy difícil conseguirlas. La legislación actual está muy vinculada a las soberanías territoriales. Y ahora mismo la desregulación, por ejemplo, en Estados Unidos, contrasta enormemente con la regulación que tenemos en Europa.

Nos encontramos con grandes empresas tecnológicas que están obteniendo enormes beneficios con plantillas relativamente ajustadas y que, además, no están pagando los impuestos en los territorios donde nos encontramos las personas que utilizamos sus servicios. Aquí hay una cuestión fiscal muy importante.

Y también necesitamos pensar cómo hacer palanca en esta situación. De alguna manera, esta realidad vuelve a colocarnos frente al espejo de lo que no acaba de funcionar, de los límites de nuestro sistema actual.

¿Cómo podemos responder a esta complejidad cuando nos encontramos con una arquitectura financiera y organizativa diseñada para obtener el máximo beneficio? ¿Cómo inventamos maneras diferentes de jugar en este escenario?

Parece que California es un lugar donde están ocurriendo cosas muy importantes en un sentido y en otro. ¿Cómo apoyar también a la ciudadanía que se está activando allí? 

Y aquí aparece también la tensión relacionada con la competencia. Cuando desde Europa se oyen voces que cuestionan la regulación, también hay que entender que existe una dificultad real para competir tecnológicamente con Estados Unidos. Es una tensión importante. Y si incorporamos a China en este escenario, la incertidumbre se amplia.

Antropomorfización, empatía y rapport alienante y adictivo

Hemos hablado muchas veces de la comercialización y de la economía de la atención. Otro asunto interesante tiene que ver con el diseño de estas máquinas y con cómo pueden colocarnos en lógicas de mayor o menor adicción. Herramientas que, a través de su diseño, buscan hacerse más empáticas, más cercanas a las personas, y que acaban por mantenernos más enganchadas.

En una de las jornadas aparecía una práctica relacionada con China y su prohibición por ley de la antropomorfización de estas herramientas. Es una cuestión muy interesante.

Pensad, por ejemplo, en las ocasiones en las que habéis interactuado con alguna de estas herramientas a través del audio. Cómo se permite ya esa escenificación, ese teatro de que la máquina está pensando: «Déjame pensar», «Permíteme un momento»… O cómo algunas personas empezamos a llamarla «Chatín», en lugar de ChatGPT. Esa personalización puede colocarnos en un sesgo de confianza del que quizás deberíamos tomar distancia.

Esta tecnología en una internet en disputa

Hay muchas claves relacionadas con todo esto. Y aparece también una pregunta importante: ¿es posible construir una inteligencia artificial sin sesgos?

En el fondo, también estamos ante una lucha por la interpretación de la realidad. ¿Cómo conseguimos que estos modelos respondan desde mentalidades más abiertas, que interactúen con la realidad de maneras que nos hagan bien, que no nos coloquen en discursos que nos lleven a la violencia o a la confrontación, que no nos dejen instaladas solamente en la queja, sino que nos ayuden a adoptar posiciones más proactivas? ¿Cómo conseguimos modelos inclusivos, capaces de incorporar diferentes maneras de entender la realidad?

Una persona, en una de las jornadas de la semana pasada, proponía algo que me pareció interesante: permitir que las respuestas de estas máquinas sean múltiples. Es decir, que no nos ofrezcan solamente una respuesta, sino diferentes posibilidades, de manera que seamos nosotras quienes tengamos que realizar ese ejercicio de reflexión, contraste y elección.

Creo que hay estrategias interesantes en esa dirección. Además, desde nuestras propias interacciones podemos provocar conversaciones de este tipo, pidiendo a los modelos que nos ofrezcan diferentes perspectivas y posibilidades.

Modelos diseñados por nuestras comunidades, interactuando con nuestros datos y en infraestructuras abiertas y públicas sigue siendo un camino a trabajar. 

Cómo está modificando nuestro trabajo y el mercado laboral

Otra reflexión muy interesante tiene que ver con los impactos en el mundo laboral. Es un tema que estamos trabajando también en otro proyecto con Emana, relacionado con el relevo generacional.

Se habla de cifras de sustitución de puestos de trabajo que, tratándose de una tecnología todavía en evolución, no sabemos cuantificar. Además, estas previsiones se parecen bastante a aquellas que escuchábamos sobre los trabajos que iban a ser sustituidos por robots y que, a día de hoy, no lo han sido. Así que habrá que coger esos datos con pinzas.

Pero hay realidades que ya estamos observando. Si pensamos, por ejemplo, en el sector de la traducción, ya se han producido muchos recortes. Y estos recortes no se parecen a lo que ocurrió durante los años ochenta y noventa con la reconversión industrial. En aquel momento hubo mucho dinero destinado a la reconversión y a la formación de las personas que se quedaban sin trabajo. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo vamos a acompañar esta transformación?

Y si realmente vamos hacia una automatización generalizada de un porcentaje importante de las tareas y los puestos de trabajo, ¿cómo vamos a seguir sosteniendo la caja de las pensiones? Recuerdo que, cuando hablábamos de robotización, algunas voces, como la de Bill Gates, planteaban que los robots deberían cotizar. Quizás ahora deberíamos recuperar esa conversación. ¿Cómo establecer tasas por el uso de inteligencias artificiales? ¿Cómo pensar en fórmulas de cotización vinculadas a los agentes de IA? Aquí hay cuestiones muy importantes.

Y también aparece una tensión relacionada con los perfiles profesionales más sénior y más júnior. Parece que, para las tareas más sénior, vamos a buscar perfiles capaces de trabajar junto a la inteligencia artificial. Y eso es clave. Pero ¿qué va a pasar con los perfiles júnior? Si una organización puede pagar 200 euros al mes por una de las licencias más caras de inteligencia artificial —que, por cierto, seguro que seguirá subiendo de precio— y con ella realizar tareas que antes encargaba a una persona por la que tenía que pagar 1.500 euros, además de las cotizaciones correspondientes, ¿qué decisiones va a tomar?

¿Cómo hacemos para proteger esos espacios laborales? Y, sobre todo, ¿cómo seguimos apostando por las personas júnior? Porque si dejamos de apostar por ellas, dentro de unos años no tendremos perfiles sénior.

También es importante sostener la reflexión sobre cómo cuidarnos de la precarización laboral.Y además ¿Qué hacemos con los beneficios que nos pueda proporcionar cierta automatización? ¿Dónde invertimos el dinero que podemos ahorrar utilizando estas herramientas? ¿Cómo distribuimos esos beneficios? 

La delegación de las decisiones importantes

El desarrollo de esta tecnología se está produciendo en un momento en el que hay una enorme cantidad de datos que hemos regalado durante las últimas décadas, con una población absolutamente adicta al teléfono móvil, a las redes sociales y a todo lo que ocurre en ellas. Y con una capacidad de computación que supera con mucho lo que hemos conocido hasta ahora.

Además, en este contexto parece que se está produciendo una especie de confabulación. Como estamos sometidas a una enorme cantidad de información, a la infoxicación, y muchas veces tomamos decisiones rápidamente, desde las emociones e impactadas por lo que ocurre a nuestro alrededor, aparece el relato de que la inteligencia artificial, supuestamente neutral, objetiva, fría y menos vulnerable al ruido de las emociones, nos va a ayudar a tomar mejores decisiones.

Creo que esto es un error. Es algo que se recoge muy bien en el libro “El Algoritmo paternalista” y que quizás forma parte del propio discurso comercial de estas tecnologías.

Mucho cuidado con las decisiones que estamos delegando en las máquinas. Lo importante debería seguir estando en nuestras manos. En todo caso, aquellas tareas que consideremos más automatizables deberían contar con supervisión humana y, cuando sea necesario, con auditorías que nos permitan seguir ajustando y mejorando tanto las máquinas como las tareas que realizan.

Mucho cuidado con comprar el relato de nuestra supuesta debilidad emocional y pensar que delegar decisiones importantes en estas tecnologías, como ya está ocurriendo en cárceles, hospitales o áreas de servicios sociales, va a solucionarnos los problemas. Parece que esta promesa también está puesta al servicio de la venta del producto.

Además una de las grandes quejas en nuestras organizaciones tiene que ver con la burocracia, con que cada vez tenemos más respuestas que ofrecer, más preguntas que sistematizar y más procedimientos que gestionar. En ese contexto aparece la promesa de que la inteligencia artificial nos ayudará a aligerar la burocracia. Mucho cuidado también con esto.

Una infraestructura contaminante

Uno de los elefantes en la sala es el impacto ambiental. Aquí hay algo interesante en la manera en la que nombramos la tecnología y ocultamos su materialidad. Cuando hablamos de «la nube», por ejemplo, probablemente estamos utilizando una de las mejores palabras que se han inventado para eludir una realidad. Porque cuando hablamos de nube estamos hablando de kilómetros y kilómetros cuadrados de centros de datos que ocupan tierras, consumen recursos y tienen impactos concretos sobre los territorios.

Por eso, cuando hablamos de las características que debería tener una inteligencia artificial de calidad, junto a la robustez, la transparencia o la ética, deberíamos incorporar también la sostenibilidad.

Hay personas investigando estas cuestiones y me parece realmente interesante seguir ese trabajo. También tenemos impactos muy cerca, por ejemplo, en Aragón, con el desarrollo de nuevos centros de datos.

Estos centros pueden funcionar como islas de calor. Se habla de estimaciones de incrementos de temperatura que podrían llegar hasta los dos grados en determinados entornos. Además, están compitiendo por recursos como el agua y la electricidad. En algunos lugares de Estados Unidos se han mencionado incrementos de casi un 300 % en las facturas eléctricas.

Creo que es un tema importante y que también deberíamos relacionarlo con nuestras propias interacciones. Por ejemplo, generar una imagen tiene un coste energético mucho mayor que interactuar mediante texto. Quizás deberíamos poder revisar de vez en cuando nuestros propios consumos. No sé si la huella de carbono sigue siendo el indicador más adecuado, pero pensar sobre estas cuestiones me parece clave.

Y seguimos

Estas son algunas de las ideas sobre las que he ido aprendiendo y reflexionando últimamente. Ideas que tenemos que colocar junto a otras relacionadas con la gobernanza, con la manipulación y con el impacto que estas tecnologías pueden tener sobre el debate público y la democracia.

Volvemos a encontrarnos con una nueva capa tecnológica capaz de influir en nuestras conversaciones y en la construcción de la opinión pública.

Marga Padilla y Amador Fernénadez Savater hablando sobre Utopía, Inteligencia Artificial y máquinas amigas

Por último, quiero recuperar dos reflexiones de Marga Padilla en el podcast que mencionaba al principio. De todas las cosas que decía, hubo dos que me resultaron especialmente significativas.

La primera tiene que ver con qué relación queremos mantener con las máquinas. Ella propone una relación más horizontal y me parece una idea muy interesante. Lo comentaba hace unos días con una amiga. No se trata de atribuirles características humanas ni de pensar que son personas. Se trata más bien, como propone Marga Padilla, de recuperar algo de la relación que los artesanos y las artesanas tenían, y tienen, con sus herramientas.

Y la segunda reflexión tiene que ver con la movilización social. Si estuviéramos dando los primeros pasos de una movilización social crítica con los impactos de esta tecnología disruptiva, ¿cómo sería? No me refiero a una movilización construida desde la trinchera, sino desde la apropiación de la propia tecnología, de las tecnologías. Me parece una reflexión realmente interesante. ¿Cuál sería esa declaración fundadora?

Cuidar la trama que nos cuida. Interdependencia, potenciales y tensiones en el trabajo comunitario

Este texto es una interpretación del informe realizado en Bherria en el que reflexionamos de manera práctica sobre la colaboración público-social para seguir tejiendo trama comunitaria. Me he permitido avanzar algunas ideas más personales y adecuarlo a las jornadas de Salud mental comunitaria que organizaba el Ayuntamiento de Bilbao dentro de su Plan Municipal de Salud.

Yosune Burgoa exploró los cuidados más personales, Gorka Gonzalez “el tigre de Amore” los cuidados dentro de los equipos y yo me sumergí en cómo cuidarnos cuidando la trama comunitaria. 

Comienzo recordándonos que somos en gran medida nuestro contexto. Me viene una imagen. Cuando encontramos una esponja seca, quizá tirada en un vertedero, en una esquina, en un lugar donde hace mucho calor, y la tocamos, parece que no alberga nada de vida. Sin embargo, esa misma esponja, colocada solamente unos minutos en un pequeño balde con agua, cambia de tamaño, cambia de textura. Nos da la sensación de ser algo que no solamente tiene vida, sino que puede contribuir a expandir vida. Los entornos nos afectan por completo y nosotros afectamos a los entornos. Somos contexto y somos también sujetos que habitan y condicionan ese contexto.

Cuando alguien se siente muy independiente y cree que su bienestar depende solamente de lo que está en sus manos, seguramente es porque su contexto le ha permitido sostener esa fantasía. Para que alguien haya construido esa sensación de individualidad necesita un entorno que cuide de todo aquello que permanece invisible y un contexto que, de alguna forma, le permita sentirse invencible. Será un hombre y a veces vestirá corbata o de negro para sentirse parte de una tribu sin que reconozca esta necesidad de sentirse parte de un colectivo. Esto lo explica muy bien Almudena Hernando en su libro La fantasía de la individualidad. En sus palabras:

La sociedad actual idealiza la individualidad y desprecia la identidad relacional porque la primera se asocia con el poder y la segunda con la impotencia. (…) la primera es pura fantasía sino se asocia con la segunda, porque dejaría en evidencia la pequeñez y la insuficiencia que una sola persona representa frente a todo el universo. (Almudena Hernando. La fantasía de la individualidad)

Entrenando vulnerhabilidades. Desde nuestra sensibilidad, quienes tenemos cierta conciencia comunitaria rompimos en algún momento con esa fantasía de la individualidad y comenzamos a sentirnos interdependientes de manera más consciente. Somos, en buena medida, resultado de ese conjunto de relaciones circulares que nos hacen crecer o hacernos pequeños, esponjarnos o secarnos. Y aquí tenemos que tomar una decisión: la comunidad nos puede cuidar o no, y nosotros podemos cuidar o no a la comunidad.  ¿En qué relación con esta trama comunitaria estamos contribuyendo con cada paso que damos?. Un mapa de activos, muy bien ¿Cómo lo ves? ¿Son recursos? Realmente son más que eso, son proyectos que buscan impactar y con los que compartimos parte de nuestra agenda. ¿Cómo construimos desde el reconocimiento mutuo y mirando más allá?

Seis claves para el refuerzo de la trama comunitaria desde la colaboración público-comunitaria

Reconocer la diversidad y trabajar por la igualdad

La primera idea tiene que ver con aceptar y reconocer la diversidad y la complejidad de los contextos en los que trabajamos. No se trata de visibilizar y festejarla solamente. La diversidad ya es.

La diversidad tiene muchos valores, amplía las perspectivas, relativiza reglas fijas, incluir perspectivas nos ayuda a comprender mejor los matices de la realidad. A veces tener toda la imagen no ayuda a dar pasos, y pareciera que ya no tenemos tiempo para compartir, rozar y empastar. Tiempo para pensar, y pensar para tener tiempo. 

Hay maneras diferentes de entender lo que está ocurriendo y, sobre todo, existen desigualdades. Me gustó escuchar hace unos días a Xabier Aierdi recordar que nuestra generación y la generación de nuestros padres fuimos hijas, hijos, nietas y nietos de baserritarras. ¿Cómo hacer que ese recorrido que muchas de las personas que estamos aquí hemos podido vivir en dos generaciones puedan vivirlo también quienes se han incorporado recientemente a nuestros territorios?

No se trata simplemente de experimentar con diferentes especias en la comida. Se trata de construir espacios de mayor igualdad, donde las personas vayamos adquiriendo espacio y mayores posibilidades para participar en condiciones más igualitarias. 

La pregunta sería: ¿Cómo sabemos que las personas que participan y participamos en nuestras actividades han, y hemos, aumentado sus y nuestros recursos para participar, construir comunidad y ser escuchadas?

Liderazgos, poder y capacidad de agencia

Dentro de esa diversidad nos encontramos con personas con poderes diferentes y roles distintos. 

Se trata de conseguir que quienes participan y participamos en los procesos tengan y tengamos mayor capacidad para intervenir sobre aquello que les y nos afecta.

Y, cuando no se dan las condiciones para ello, necesitamos ser muy claros. No generar expectativas falsas. Marcar desde el principio los límites. Poder hablar de niveles de participación, de los acuerdos y de hasta dónde podemos llegar. No podemos convertir la participación en un happening, sino en algo pertinente y con sentido: necesitamos, por ejemplo, escuchar antes de proponer y contrastar nuestras planificaciones.

Porque si estamos hablando de procesos colectivos, un proceso frustrante, donde las expectativas han superado con creces a lo que ocurrió realmente,  puede dejarnos con menos energía para el siguiente.

Los privilegios no son algo que “tengo yo”, sino algo que circula en el sistema y se me asigna o se me reconoce. Son formas de poder que provienen del contexto social, cultural o personal, no simplemente de cualidades internas. Son una ventaja relacional. Mientras solemos ser conscientes de los privilegios que nos faltan, tendemos a olvidar los privilegios que sí tenemos. Una pequeña propuesta a modo de recorrido:

  • Inventario de mis privilegios (La perspectiva de interseccionalidad nos puede ayudar; raza y género atribuida, edad, clase social…)
  • Ser consciente de las ventajas que tengo desde estos privilegios que están “facilitando” mi vida. 
  • Preguntarnos al servicio de qué realidad y relaciones estamos utilizando estos privilegios.
  • Traer, desde esta responsabilidad, las tensiones que no se nombran y son importantes. Contribuir a que quienes no compartan este rango puedan hablar sin miedo. 

La pregunta sería: ¿Cómo podemos, siendo conscientes de nuestros privilegios y de los diferentes lugares que ocupamos, poner esos privilegios al servicio de que cada vez más personas ganen capacidad de agencia?

Sostener los procesos y cuidar los ritmos

Me gusta pensar que los procesos de transformación colectiva, de encuentro entre diferentes o de eso que a veces llamamos inteligencia colectiva tienen algo de trance colectivo. Puede haber distintas secuencias, a mi me vale: 

  • Encontrarnos, 
  • compartir nuestros análisis y romper ciertos prejuicios, 
  • mirar y dejarnos tocar por las experiencias, vivencias, inspìraciones para abrir nuestra sensibilidad 
  • y en un proceso donde debemos de soltar y estar atentos a los potenciales y lo que coge forma comenzar 
  • y hacer pequeños experimentos, sutiles cambios, 
  • para aprender y seguir avanzando. 

Es como cuando colocamos unos platillos girando sobre unos palillos: no podemos dejar de moverlos porque, si dejamos de hacerlo, caen y se rompen.

Los procesos de construcción de trama comunitaria requieren determinadas habilidades: escucha, capacidad para comprender los límites, metodologías, capacidad de acción y, sobre todo, tiempo.

Sin embargo, muchas veces nos acercamos a ellos desde la poli-militancia o desde agendas que no reconocen este tipo de trabajo. Terminamos haciéndolo corriendo y ya muy cansadas. 

La pregunta sería: ¿Cuáles son las señales que nos dicen que esta mirada a la trama comunitaria y su cuidado tiene un lugar reconocido y central? ¿Cómo entrenamos estas capacidades para participar y facilitar procesos? 

Presencia, reconocimiento y escucha de los potenciales

No podemos mover este tipo de procesos si no existe un primer momento de respeto y reconocimiento de lo que ya existe. Necesitamos presencia. Necesitamos escucha. Necesitamos estar atentas.

No solamente a lo que está siendo hoy la realidad, sino también a lo que ha sido. Comprender por qué las cosas están ahora mismo como están.

Y además también necesitamos librarnos de una especie de sortilegio por el cual parece que nada podrá ser diferente de lo que es. Estar atentos a las pequeñas cosas que ya están cambiando, a aquello que empieza a ser un poco diferente. Apoyar esos potenciales. Hacer palanca en lo que está cogiendo forma. Acercarnos desde el habitar; conectados con nuestras ideas y emociones, sensibles a los pequeños fuegos que de cuidarlos pudieran ser hogueras. 

  • Eso puede implicar cambiar de perspectiva, hablar con personas diferentes, acercarnos a quienes puedan abrirnos un poco la cabeza, el corazón y la acción hacia algo distinto.
  • Y también saber para qué estamos haciendo lo que estamos haciendo.
  • Muchas personas se acercan y nos acercamos hoy a la intervención comunitaria con una cierta capa de cinismo. Hay mucha frustración acumulada. No se trata de hacer un puente gracias a los libros de autoayuda. Pensemos y sintamos para seguir insistiendo.

La pregunta sería: ¿Qué cosas concretas nos ayudan a conectar con la posibilidad, con lo que ha cambiado para mejor? ¿Cómo conectamos con aquellas ocasiones en las que, trabajando juntas, hemos conseguido llegar a un lugar diferente y mejor?

Gestionar de manera responsable el roce y el conflicto

Y una idea que considero absolutamente clave, ahora y siempre, tiene que ver con rescatar y poner en valor el roce, la organización y el conflicto.

Hay personas a las que les gusta el conflicto. Al resto, cuando nos encontramos con algo que nos violenta, quizá nos sale correr hacia otro lugar o intentar abrirle la cabeza a quien nos está violentando para que piense como nosotros.

¿Y cómo sería pensar que, ahora mismo, el conflicto puede ser uno de los motores importantes del cambio social? ¿Cómo entender que el choque entre modelos y la escucha del malestar pueden ser claves para seguir produciendo cambios reales en nuestros barrios?

  • No podemos idealizar la comunidad como un lugar donde todas las personas estamos contentas, nos abrazamos y bailamos al unísono.
  • Pero tampoco podemos demonizarla como un lugar lleno de riesgos e inercias que ya conocemos y en el que, por tanto, no merece la pena abrir ningún espacio para hacer algo diferente.

Necesitamos aprender a habitar la tensión de una manera más virtuosa. En tiempos de conversaciones dopadas, simplificaciones efectistas, economía de la atención y recuperación de supuestas seguridades melancólicas necesitamos entrenar el músculo doble de la comprensión y la capacidad de poner límites. 

Y estar atentos no solamente a lo que está ocurriendo hoy, aquí y ahora, sino también a los futuros: pensar juntas hacia dónde queremos ir y de qué manera queremos hacerlo. 

Nos mueven los miedos y los deseos. 

  • Es bueno escuchar y compartir miedos. Algunos son irracionales y se aplacan cuando son compartidos, otros son reales y pueden ayudar a construir conversaciones importantes sobre el malestar. 
  • Mis sueños pueden ser tus pesadillas y al revés. Para mi hablar de los deseos me conecta con la posibilidad de encontrar palancas para hacer juntas. Convocarnos a hacer.

La pregunta sería: ¿Qué competencias hemos desarrollado para habitar los conflictos? ¿Somos más de poner límites o de aceptar otras perspectivas? ¿Cómo seguimos entrenandonos como personas y espacios para este doble ejercicio?

Experimentar, aprender, sistematizar y compartir

Podemos generar pequeños prototipos, experimentar, probar cosas distintas y aprender de ellas. Y después necesitamos compartir aquello que hemos aprendido. No nos quedemos solamente en nuestro pequeño terreno de juego.

Sistematizar, escribir, documentar, grabar vídeos, hacer fotografías, comunicar. No solamente desde una lógica de marketing para que aparezcamos nosotros, sino para hacer visible que algo ya está ocurriendo en algún lugar y que, por tanto, puede resultar inspirador para otras personas y otros territorios. Traer más de esto que nos hace movernos y ser. 

Quienes se acercan a esta manera de trabajar más inespecífica, lenta, colectiva, preventiva y no saben cómo hacerlo. Empieza cambiando cosas pequeñas:

  • Genera espacios donde la conversación tenga un lugar central. Encuentros recurrentes para que las personas se conozcan y tejan relaciones.
  • Visibiliza las acciones en el territorio, apoyate en ellas y no propongas actividades que compitan en la agenda. 
  • Contrasta planificaciones, evalua escuchando… Trabajar de manera participada mejora la calidad de nuestras actividades. Pregunta lo pertinente y haz caso. 
  • Incorpora una mirada de sistemas a tus hipótesis. Piensa que estamos haciendo para que las cosas permanezcan como están. Es una manera de darle la vuelta a la reflexión. 

La pregunta sería: ¿Con quién vas a compartir lo que has podido sentir y pensar esta mañana de trabajo? ¿Compartiendo estas ideas con estas personas hacia donde pudierais dar un siguiente paso práctico?

Estructura: La capa que nadie ve pero todos sienten o la razón de subir escaleras por delante

Cuando nos acercamos a las organizaciones, a los equipos, a la realidad social, desde una mirada más sistémica, solemos hablar de diferentes capas.

Por un lado está la capa de evento: la que nos ayuda a conectar con la realidad, la que vemos, la con la que interactuamos de manera habitual. Luego solemos detenernos en la capa del patrón, reflexionando sobre lo que significa descubrir esas dinámicas o reacciones más recurrentes —la parte visible de algo que late debajo— y cómo mirarlas sin fijarlas.

Hay otros dos niveles. Uno tiene que ver con los modelos mentales, tema interesante para pensar juntos en otro momento. Y otro, el que me gustaría desarrollar aquí, es el nivel de la estructura.

Hay muchos lugares donde profundizar en este sentido. La perspectiva sistémica solo es una de ellas. Lo que conecta estas corrientes es una misma intuición: el comportamiento no se explica solo desde dentro del individuo. Hay algo en la disposición del entorno —físico, relacional, normativo, simbólico— que hace más probable o menos probable lo que ocurre. La diferencia entre escuelas suele estar en dónde ponen el acento: en si esa estructura determina o simplemente orienta, y en cuánta agencia le queda al sujeto para transformarla.

En este sentido me gusta pensar que hay algo en el diseño de los contextos que puede ayudar a orientarnos hacia un lugar o hacia otro. Como cuando renuncio a tener dulce en casa cuando quiero adelgazar. Hay mucho escrito sobre esto, sobre cómo generar contextos que orienten el pensamiento y la acción de una manera determinada. En estos momentos tengo en la cabeza el discutido libro de 2018 “El nudge o Un pequeño empujón” de Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein y su liberalismo paternalista. Ese sueño conductista sobre diseñar entornos y contextos que, sabiendo que estamos absolutamente condicionadas por ellos, nos ayuden a tomar mejores decisiones —para nosotras mismas y para el común. 

En todo caso, lo que subyace es una certeza: las estructuras son determinantes para entender por qué, en un lugar concreto, una persona o un grupo hace lo que hace.

Me ha parecido especialmente significativo un capítulo del último cómic del gran Étienne Davodeau , Allí donde vas, donde nos comparte la experiencia de su mujer acompañando a personas con deterioro cognitivo y con Alzheimer. En él se acercan a un proyecto en Quebec llamado Carpe Diem, y hay una serie de elementos estructurales —pequeños, concretos— que me parecen muy elocuentes e ilustradores de esta idea que quiero reforzar:

  • Todos se tratan de usted, también entre los profesionales. Se dieron cuenta de que cuando las personas con deterioro percibían que el equipo entre sí se tuteaba, sentían que estaban en un lugar diferente al de ellos, excluidos de una relación. “¿Qué relación tienen de la cual me excluyen?” Y además de esta manera saben que las únicas personas que los tutean son sus allegados y familiares. 
  • En un momento la directora del centro le pide al dibujante que deje su mochila en recepción. “Una mochila es la hipótesis de una partida ¿?dónde?, ¿cuándo? Sería una inquietud inutil”
  • En un pasillo con ventanas habían colocado cortinas. Al caer el día, los reflejos impedían que las personas se reconocieran en el cristal, generando desconcierto e inquietud. Unas cortinas lo resolvían.
  • La puerta de salida permanece abierta, aunque procuran que las personas salgan acompañadas. Los horarios de visita no existen: cualquier familiar puede visitar en cualquier momento.
  • En Carpe Diem decidieron subir las escaleras por delante de las personas con Alzheimer, no detrás. La lógica es simple y profunda a la vez: colocarse detrás no previene gran cosa, pero sí genera desconcierto. En cambio, los gestos de quien sube delante activan la imitación, la memoria motriz. Y mientras suben, nadie habla: escuchar requiere un esfuerzo que puede desestabilizar el movimiento. En 35 años, cinco caídas. Puede parecer un detalle, pero no lo es.

Podría haber muchas explicaciones para cada uno de estos gestos. Me quedo, sobre todo, con la pregunta de fondo: ¿cómo, modificando el espacio y el contexto, estamos también diseñando el bienestar o el malestar de las personas que lo habitan?

No os perdáis este cómic ni ninguno de los de este autor. Su pareja, y protagonista del libro, parece que da talleres llegando a Iparralde. Igual hay que acercarse un día a seguir aprendiendo del saber de los márgenes.

La estructura no es neutra.

8 de marzo y cuatro ideas sencillas sobre cómo seguir impulsando la igualdad entre hombres y mujeres en las empresas para hombres que están dispuestos a dar pasos

Este post está dirigido básicamente a hombres que, dentro de sus organizaciones, están queriendo impulsar algunas dinámicas de mayor igualdad entre géneros y, a veces, se encuentran con dudas, con tensiones, con choques de ideas y también con tensiones internas. Desde ahí, comparto cuatro ideas que hemos aprendido de nuestras compañeras y que quizá es bueno traer de manera sencilla para que puedan servir como puente.

Lo primero: entender la tensión. La tensión como algo que no solamente es personal, sino también colectivo. Lo que ocurre, lo que está en juego, no tiene que ver únicamente con actitudes personales o con estructuras organizacionales; también tiene que ver con aspectos de contexto, con dimensiones sociales. Desde ahí, puede ser útil entender y normalizar esa tensión. Y también entender que es un proceso largo, que no va a corto plazo, sino que se mueve en tiempos largos. Los hombres, incluso aquellos que nos hemos sentido interpelados, necesitamos permanecer de manera consciente. Habitamos estructuras que nos condicionan y refuerzan en un sentido. Es clave conversar para ampliar perspectivas, permanecer en la tensión cuando las ideas no acaban de casar….

En relación con la brecha salarial, a veces nos encontramos con organizaciones que dicen: “al mismo puesto, el mismo sueldo”. Bueno, eso ya es un paso, porque hay organizaciones donde ni siquiera eso ocurre. Pero la desigualdad no se mueve tanto en ese nivel. Se mueve más en qué tipo de puestos son a los que accede una mujer o a los que accede un hombre, y en qué tipo de puestos de responsabilidad acaba estando un hombre o una mujer. Ese es el gran tema.

Cuando miramos, por un lado, el número de mujeres que hay en una organización; por otro, el número de mujeres que están en puestos de liderazgo o con poder; y, por otro lado, el sueldo de los puestos estándar que ocupan las mujeres y los que ocupan los hombres, ahí aparece un tema importante a revisar. Por tanto, la brecha salarial no siempre se juega únicamente en la idea de “mismo puesto, mismo sueldo”. Ese es un tema que se repite en algunas organizaciones y que conviene mirar con más profundidad.

A vueltas con la igualdad y la equidad, este es otro asunto que aparece muchas veces cuando pensamos en claves de igualdad. Toda la dimensión que tiene que ver con la discriminación positiva —es decir, entender que, en determinadas condiciones, puede ser necesario ir incorporando poco a poco, por ejemplo, a mujeres a puestos directivos— genera muchísima duda, muchísima resistencia y, a veces, bastante conflicto.

Aquí puede ayudar entender que se trata de un ejercicio de restauración. Tiene que ver con ser conscientes de que el estado actual es producto de una historia larga de desigualdad. Ese resultado nos deja una fotografía que quizá es necesario modificar de manera consciente. No se trata tanto de discutir sobre la equidad en abstracto, sino de reconocer los privilegios que han existido hasta ahora y aceptar a renunciar a parte de ellos o dar un paso atrás para que otras personas puedan ocupar espacios que históricamente no han podido ocupar.

Sobre los impactos de estas medidas en nuestros objetivos empresariales. También aparece a veces la idea de que, desde las organizaciones, se nos pide un esfuerzo contraintuitivo, que va en contra de la eficiencia o de lo que es bueno para la organización y sus objetivos. Creo que aquí es importante conectar con algo que decimos en muchos otros ámbitos y que, sin embargo, a veces se nos olvida cuando hablamos de hombres y mujeres: la diversidad.

Una buena gestión de la diversidad nos coloca ante retos complejos de una manera mucho más preparada. La integración de perspectivas distintas nos da una competencia colectiva muy clara para tener una mirada más matizada de la realidad y, por tanto, mayor capacidad de comprenderla y de actuar sobre ella.

Hay muchos estudios que hablan de cómo la incorporación de la perspectiva de género ha transformado campos como el urbanismo, la medicina o muchas otras disciplinas. Ocurre cuando incorporamos otras miradas que a veces están menos presentes en la estrategia: la juventud, la comunidad u otros colectivos. Cuando estas perspectivas entran en juego, nos volvemos más capaces de entender los matices de la realidad y, por lo tanto, de interactuar mejor con ellos. Las medidas de igualdad también pueden colocarnos en una posición más competitiva.

Son solo algunas ideas, bastante sencillas. Habrá quien las lea y piense que son cosas muy básicas o que llegan muy tarde. Este texto no es para ti. Para quienes lo hayan leido rapidamente y ya ses situen en contra, igual tampoco. La tensión suele situarse entre quienes piensan que vamos demasiado despacio y quienes sienten que vamos demasiado rápido. Avancemos.

Ideas para la reflexión desde la frontera sobre los impactos comunitarios, iniciativas y aprendizajes de las Mesas de inclusión

Comparto en esta entrada la exposición que utilicé en las jornadas impulsadas por por la Dirección de Empleo e Inclusión del Departamento de Trabajo y Empleo del Gobierno Vasco donde se convocaba a diferentes iniciativas vinculadas a las Mesas Locales de Coordinación entre Sistemas de Inclusión Social. (Esteka honetan, euskarazko aurkezpena deskargatu dezakezue)


He recurrido a una metáfora para compartir algunas claves que, a mi entender, atraviesan las dificultades que encontramos cuando tratamos de responder colectivamente a fenómenos tan sistémicos y globales como la pobreza y la exclusión.

Voy a presentaros a un autor, se llama Hundertwasser y una teoría y dibujo que nos regaló hace décadas, titulada las 5 pieles. Seguro que hallaréis ideas con las que discrepar, otras que puedan serviros de apoyo y quizá algunas que os dejen indiferentes —ojalá sean las menos.

La primera piel: el cuerpo. El ser humano es vulnerable, sensible, goza y sufre. 

El autor hace una denuncia de una sociedad que violenta los cuerpos. ¿Qué tiene que ver esto con nosotros?

  • Las personas y colectivos que llegan a nosotros y nosotras lo hacen tras una acumulación constante de rupturas de vínculos. La exclusión es eso: un continuado romper vínculos. ¿Cómo es cuando llegan a nosotros? A veces también nos cuesta construir vínculos. No es fácil. Hay situaciones que nos producen rechazo. Además algunas veces hemos pensado que ser un buen profesional es apostar por la distancia. Sabemos que estar cerca nos ayuda a entender y la distancia nos permite traer nuevo. Si estamos demasiado cerca no aportamos nada, nos podemos perder; estar demasiado lejos no nos permite conectar con la realidad, ser sensibles. La burocracia puede convertirse en una estrategia de defensa. Necesitamos seguir creando alternativas a la distancia excesiva. Interesante pensar en aquellos profesionales que nos parecen inspiradores/as y pensar en qué medida nuestra práctica actual nos acerca o diferencia de estos. 
  • Hoy hablamos mucho de salud mental. Muchas personas percibimos dos fenómenos. Por un lado, parece que hay más permiso social para mostrarnos vulnerables y expresar nuestra sensibilidad. Y eso puede leerse como un síntoma de avance. Identidades más abiertas y que se construyen afectadas por lo que cambia. Por otro lado la certeza de que algo está ocurriendo para que más personas se sientan desorientadas o desbordadas, y esto merece una mirada profunda. Existen condiciones estructurales que no están en nuestras manos. Pero sí está en nuestra responsabilidad reconocerlas y no responder de manera exclusivamente individual a problemas que requieren respuestas colectivas. 
  • Entendiendo que somos parte de una red y que ningún profesional puede dar respuesta a todo, a veces trabajamos como si nos pasáramos la “patata caliente”: “Yo no puedo, quizás otro”, o de otra manera, “En esto no soy competente, igual lo es otro”. Con cariño pero a veces somos “una cadena de incompetentes”. Y entonces comenzamos a reunirnos las personas que no pudimos dar respuesta a la situación por sí solas para ver si podemos hacerlo de una manera coordinada. Está bien sabernos limitados, necesitamos proteger el vínculo, engrasar estos espacios para no perder de foco a las personas y conectar de manera responsable con esta incapacidad. Tener como objetivo aumentar las competencias del colectivo, de la red, del sistema. 

Algunas preguntas: ¿Cómo cuidamos el vínculo desde esta red de profesionales? ¿Quién tiene el vínculo y como seguimos reforzándolo? ¿Cómo evitar que este trabajo en red se convierta en una cadena de incompetencias y transformarlo en una forma que acoge?  ¿Cómo cuidarnos para que la alternativa al dolor no sea únicamente la distancia? ¿Cómo seguir construyendo espacios de seguridad donde no tengamos que protegernos?

“Nos unimos por nuestras similitudes, crecemos por nuestras diferencias.” — Virginia Satir

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6 imágenes para comprender qué hace un educador social trabajando con organizaciones y equipos

Esta tarde me han pedido que comparta algunas ideas dentro del encuentro: «Identidad profesional del Educador/a Social y Competencias Especializadas».

Desde que hablé con Asier Felix hace unos días he escrito ideas en el móvil en varias ocasiones y cada vez acababa en un lugar diferente. Igual no lo ate demasiado bien 😀 Me imaginaba que se trataba de transmitir algo así como “Que hace un educador trabajando acompañando equipos y organizaciones”. 

También pensaba en ¿Qué tipo de recorridos profesionales hacemos los educadores sociales? ¿Cuáles son los motores? De educador de menores a familia, de la relación más directa a trabajos más indirectos, algunos acabamos en la formación, otros dan el paso a la terapia…. ¿Es la educación social un buen lugar para madurar profesionalmente?

Creo que hay algo del origen que nos acompaña hasta el final y las modificaciones, mejoras o huidas también son interesantes. 

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#deskorapilatzen #16 Afektuak landu, zaintza bideratu

Alex Orbe eta Asier Gallastegiren #deskorapilatzen komikiaren hamaseigarren emanaldia. Oraingoan eta, bereziki  eginda, Fernando de la Riva lagunarekin.

(Aquí en castellano)

#desAnudando #korapilatzen #16 Cultivar los afectos, caminar los cuidados

Entrega número dieciseis del cómic #desAnudando Alex Orbe y Asier Gallastegi. Y en esta ocasión y de manera especial con mi amigo Fernando de la Riva

Fútbol: Uso de metáforas, palabras y marcos para abordar temas complejos

No sé cuál fue la frase que utilicé para intentar condensarlo todo y llamar la atención en la cena familiar. Conseguí hacerlo pero enseguida tuve que empezar a matizarme. Quería transmitir algo de todo lo que me bulle en el cuerpo en relación a los límites en el crecimiento y los impactos a muy corto plazo en nuestras vidas. Y entonces me planteé utilizar algunas anécdotas futboleras que pudieran ayudarme de puente. Hoy escribo sobre esto. 

Women’s football. The team captains greet each other with a kiss. England, Preston, 1920.

La primera referencia fue la famosa rueda de prensa dónde Mbappé y Galtier del Paris Saint Germain francés se mofan de la propuesta de viajar en tren en vez de en avión. Ya habíamos hablado antes de este tema. Cuándo veo de nuevo el video conecto con la distancia. Es un abismo de clase, una brecha absoluta. Las formas destrozan cualquier conexión con el reto compartido. No va con ellos. Se ríen de la pregunta. 

Ante el recordatorio la conexión fue directa. “Si no hay petróleo, en el PSG lo van a pasar mal”. Mi hijo recordaba en manos de quién está este equipo de fútbol, el emir de Catar, Tamim bin Hamad Al-Thani. 

Pensaba en las conexiones entre los contextos y la capacidad de conectar con una u otra información. Se trata de las burbujas y la distancia entre pobres y ricos. Tus rutinas de desplazamiento y el origen del dinero que te posee (por ejemplo), hace increíble y una fábula imposible (otro ejemplo) la desaparición del petróleo barato. 

Juan Bordera explica bien las razones por las que aún algunas personas se ríen ante la posibilidad de renunciar al coche, las empresas de automoción o vinculadas siguen apostando con las mismas cartas y las administraciones públicas apostando por infraestructuras y hormigón. 

Os recomiendo leer este texto. A riesgo de hacer spoiler. El documento que orientará sobre los siguientes pasos a dar en relación al cambio climático, realizado de manera colaborada entre decenas de científicos, es filtrado en una fase de borrador donde la imagen es muy clara y aterradora. Tras el trabajo de “cepillado” correspondiente y en un resumen ejecutivo dirigido a las personas que toman las decisiones, las referencias a esta realidad y la necesidad de apostar de manera decidida por el decrecimiento desaparecen. 

Si os quedáis con ganas de más os recomiendo leer el  “El otoño de la civilización”

Vuelvo al fútbol. Este video ya lo he utilizado en mi blog en esta entrada. Traigo de nuevo a este maravilloso partido entre filósofos alemanes y griegos de los Monthy Phyton.

Quizás es una imagen que no se corresponde exactamente con la realidad o tal como yo veo hoy la situación. Desde mi punto de vista la dificultad no está en que perdamos en tiempo en pensar. Quizás, el vértigo de tomar el balón y dar los primeros pasos, está demasiado condicionado por unas gradas que gritan para que todo siga igual, espoleadas por lobbys extractivos y desconectados del bien común.  

Seguimos conversando en aquella cena que es posible que el fútbol de las estrellas, los sueldos millonarios y  fichajes globalizados este tocando a su fin. Es difícil sostener esta idea cuando en unas semanas habrá un mundial que cambia de fechas para sostener el calor. No buscamos convencer a nadie en contra de lo que opina. Esto hace más rígida la posición y es lo que menos nos interesa. Aquí aposté por lo emocional. Quizás en ese nuevo Fútbol nuestro equipo, el Athletic, vuelva a tener oportunidades. Quizás haya algo en el decrecimiento que nos pueda conectar y enchufar. Puede ser que en el fútbol que se desplaza en autobús o tren haya algo de lo que algunos echamos de menos.

Me permito un bonus track. Por un lado algunas referencias que también han utilizado el futbol para explicar algunos contextos complejos:

Otro más y sobre el uso de las metáforas para transmitir información:

  •  “Los marcos son estructuras mentales que moldean nuestra visión del mundo. Un cambio de marco es un cambio social”. Así comienza Lakoff su libro “No pienses en un elefante”. Se trata de generar un marco, una idea, una marca, no tanto de construir grandes argumentos. Está contrastado que cuando la información que recibimos (los datos) no se conforman a los marcos inscritos en nuestro cerebro, nos quedamos con los marcos e ignoramos los hechos. Entonces la pregunta es: ¿Cómo contribuimos a construir otros marcos? ¿Cómo ofrecemos un marco dónde el decrecimiento se perciba a favor del bien común y de un desarrollo humano?. Si os interesa podéis leer una introducción en forma de artículo. En lenguaje futbolero se trataría de poner en valor el refuerzo del trabajo de cantera, la apuesta por recorridos profesionales plenos dentro de un club… Algo de esto escribí en otro post en mi blog. 
  • Reflexionamos también sobre las metáforas para transmitir conceptos o dinámicas más complejas. A veces lo que proponemos parece distanciarse mucho de lo que queremos contar pero en algunas ocasiones pone en marcha intensos procesos de descubrimiento de sentido. Describir no siempre ayuda a modificar la realidad y nuestro acercamiento a la misma. Nuestras palancas se encuentran más en el terreno de los relatos sobre lo que ocurre. Se trata de reconocernos en lo que escuchamos y también de extrañarnos suficientemente para comprender algo nuevo. La imagen de los filósofos jugando al fútbol puede ser una buena metáfora para hablar del tiempo derrochado y la urgencia por mover el balón ante el reto actual. 
  • Utilizar las mismas palabras. Desde nuestra experiencia cuando nos dirigimos a una persona y a un colectivo es importante que estas puedan sentirse reflejadas y escuchadas. Sin pretender hacer un “cajón de sastre” donde dar cabida a cada detalle pero sí usando expresiones e imágenes propias de estas personas. Si hablamos de fútbol sigamos el hilo y hablemos de “penalty”, “juego limpio”, “equipo”, “portería a cero”, “hacktrick”, “fuera de juego”. Los video de Líbero son un buen ejemplo.

¿Qué imagen toma forma en vuestra cabeza cuando leeis estas letras y veis estos videos? ¿Cómo transmitiriais vuestras ideas a través de una metáfora? ¿Con que canción os conecta? ¿Con qué obra de arte? ¿Cómo transmitir esto que te importa en lenguaje futbolero?

Pensamiento sistémico para comprender e incidir ante el colapso.

“Con el combate contra la credulidad aparece un nuevo problema: no basta con tener acceso al conocimiento disponible de nuestro tiempo, sino que lo importante es que podamos relacionarnos con él de manera que contribuya a transformarnos a nosotros y a nuestro mundo mejor” 

“Nueva Ilustración radical» (2017) Garcés, M Ed. Nuevos cuadernos Anagrama

Este verano me desplacé en un par de ocasiones compartiendo coche gracias a la aplicación BLABLAcar. La experiencia fue buena. En un momento la conversación con la conductora derivó hacia el precio del combustible. Estaba enfadada y pensaba que había que salir a la calle a pedir a nuestros gobiernos una respuesta más eficaz. Entre ingenuo y provocador pregunté si de esta manera pretendía resucitar yacimientos agotados. Continuamos conversando y profundizando hasta llegar a lo que supondría una asunción de esta nueva realidad. Esta persona tenía sus orígenes en un pueblo de Burgos y amaba el mar. Pensamos en qué momento fue la primera vez que sus padres se asomaron al mismo y cuándo lo habían hecho, si lo habían hecho, sus abuelos. Estábamos tocando el hueso. ¿Qué significaba asumir y afrontar el límite de un modelo de crecimiento que hasta ahora parecía mágico y eterno? 

Hace dos años leí Petrocalípsis de Antonio Turiel. Fue un golpe en el estómago, un caerme del caballo. Ha sido una lectura ancla que me ha acompañado de diferentes maneras estos meses. Esta semana escuchaba a Yayo Herrero en unas jornadas y a Turiel y Juan Bordera en otras. Estas personas y algunas más cercanas a las que respeto por trayectoria, afecto y saber, me colocan en este reto. Digo me colocan porque no siento que a mi alrededor haya conciencia. La sensación es que la pandemia antes y la guerra de Ucrania después sirven para responder rápidamente a la situación de crisis, inflación…

Es como si hubiéramos unido causa y efecto como en el video del gato que parece tirar de su moto a una persona al tocar el plasma donde se retransmite la carrera. 


Aquí más https://www.mundodeportivo.com/videos/otro-mundo/20220930/1001875562/jero-freixas-agradece-mundo-deportivo-articulo-opinion.html

Sobre esto reflexionaba desde el perfil de twitter @limites1972 (homenaje al informe de la pareja Meadows) en este hilo.

Me conecto mucho en la medida que traía el pensamiento complejo y sistémico como una puerta de acceso a la comprensión de un fenómeno como el que tenemos delante. 

En marzo o abril de este año la editorial Capitán Swing publicó por primera vez en castellano el libro “Pensar en Sistemas” de Donella Meadows. En mis talleres recomiendo también un texto que lleva más tiempo traducido “Introducción al pensamiento sistémico” de O´Connor. Rescato unas ideas sencillas en relación a esta aproximación (incompleta como todos los modelos pero suficiente dinámica para comprender una dimensión de la complejidad e incidir en ella) y las pongo en relación con un pensamiento más convencional:

En el pensamiento convencional:

  • La conexión entre los problemas y sus causas es obvia y fácil de rastrear.  
  • Otros, ya sea dentro o fuera de nuestra organización, tienen la culpa de nuestros problemas y deben ser los que cambien.  
  • Una política diseñada para lograr el éxito a corto plazo también garantizará el éxito a largo plazo.  
  • Para optimizar el todo, debemos optimizar las partes.  
  • Abordar agresivamente muchas iniciativas independientes simultáneamente.

Pensamiento sistémico: 

  • La relación entre los problemas y sus causas es indirecta y no obvia.  
  • Sin darnos cuenta, creamos nuestros propios problemas y tenemos un control o una influencia significativos para resolverlos mediante el cambio de nuestro comportamiento.  
  • La mayoría de las soluciones rápidas tienen consecuencias no deseadas: no hacen ninguna diferencia o empeoran las cosas a largo plazo.  
  • Para optimizar el todo, debemos mejorar las relaciones entre las partes.  
  • Solo unos pocos cambios clave coordinados sostenidos en el tiempo producirán grandes cambios en los sistemas.

Jugando a comparar modelos también os puede interesar este trabajo de 1975 donde se compara el enfoque analítico con el sistémico. Ayuda a comprender cuándo tiene más sentido aplicar una u otra perspectiva. 

Muchas personas nos encontramos con el objetivo de aprender a pensar sistémicamente. Hay mucha confusión con el concepto pero esto da para otro post. Yo agradezco mucho el trabajo de Emana para seguir conformando un lugar seguro y seguir experimentando diferentes perspectivas en este sentido. El trabajo de la Waters Center for Systems Thinking y de System Dynamics Society me parece muy significativo. La propuesta de hábitos de pensamiento sistémico me parecen una aportación muy interesante para la reflexión y sobre todo para personas que nos acercamos de una manera más mental (racional dirían otros)

También pienso en cómo transmitir la urgencia de la situación impactando sin tener que generar grandes discursos. Con la edad voy perdiendo capacidad o ganas de discutir o intentar convencer. Cuando conecto con esta situación me vienen dos ejemplos:

  • Me impactó cuando ví en el documental Abstract como Olafur Eliasson trae a la plaza de las ciudades grandes trozos de hielo. Lo hacía  para hacer tangible algo que está ocurriendo en estos momentos a kilómetros de distancia sin que tengamos la capacidad de hacernos sensibles. 
  • Este verano, soportando unas temperaturas y una sequía que ya debería de alertar a las personas más ajenas a esta situación, conocimos la existencia de “las piedras del hambre”. https://es.wikipedia.org/wiki/Piedra_del_hambre Estas piedras se incrustaban en el cauce de un río durante las sequías para marcar el nivel del agua como una advertencia a las generaciones futuras de que tendrán que soportar las dificultades relacionadas con el hambre si el agua baja nuevamente a este nivel. 

Dejo aquí este texto. Continuaremos desde otras perspectivas contribuyendo a dar luz a las diferentes caras del poliedro. Te invito a que uses los instrumentos que tengas para contribuir a esta situación.