Cuidar la trama que nos cuida. Interdependencia, potenciales y tensiones en el trabajo comunitario

Este texto es una interpretación del informe realizado en Bherria en el que reflexionamos de manera práctica sobre la colaboración público-social para seguir tejiendo trama comunitaria. Me he permitido avanzar algunas ideas más personales y adecuarlo a las jornadas de Salud mental comunitaria que organizaba el Ayuntamiento de Bilbao dentro de su Plan Municipal de Salud.

Yosune Burgoa exploró los cuidados más personales, Gorka Gonzalez “el tigre de Amore” los cuidados dentro de los equipos y yo me sumergí en cómo cuidarnos cuidando la trama comunitaria. 

Comienzo recordándonos que somos en gran medida nuestro contexto. Me viene una imagen. Cuando encontramos una esponja seca, quizá tirada en un vertedero, en una esquina, en un lugar donde hace mucho calor, y la tocamos, parece que no alberga nada de vida. Sin embargo, esa misma esponja, colocada solamente unos minutos en un pequeño balde con agua, cambia de tamaño, cambia de textura. Nos da la sensación de ser algo que no solamente tiene vida, sino que puede contribuir a expandir vida. Los entornos nos afectan por completo y nosotros afectamos a los entornos. Somos contexto y somos también sujetos que habitan y condicionan ese contexto.

Cuando alguien se siente muy independiente y cree que su bienestar depende solamente de lo que está en sus manos, seguramente es porque su contexto le ha permitido sostener esa fantasía. Para que alguien haya construido esa sensación de individualidad necesita un entorno que cuide de todo aquello que permanece invisible y un contexto que, de alguna forma, le permita sentirse invencible. Será un hombre y a veces vestirá corbata o de negro para sentirse parte de una tribu sin que reconozca esta necesidad de sentirse parte de un colectivo. Esto lo explica muy bien Almudena Hernando en su libro La fantasía de la individualidad. En sus palabras:

La sociedad actual idealiza la individualidad y desprecia la identidad relacional porque la primera se asocia con el poder y la segunda con la impotencia. (…) la primera es pura fantasía sino se asocia con la segunda, porque dejaría en evidencia la pequeñez y la insuficiencia que una sola persona representa frente a todo el universo. (Almudena Hernando. La fantasía de la individualidad)

Entrenando vulnerhabilidades. Desde nuestra sensibilidad, quienes tenemos cierta conciencia comunitaria rompimos en algún momento con esa fantasía de la individualidad y comenzamos a sentirnos interdependientes de manera más consciente. Somos, en buena medida, resultado de ese conjunto de relaciones circulares que nos hacen crecer o hacernos pequeños, esponjarnos o secarnos. Y aquí tenemos que tomar una decisión: la comunidad nos puede cuidar o no, y nosotros podemos cuidar o no a la comunidad.  ¿En qué relación con esta trama comunitaria estamos contribuyendo con cada paso que damos?. Un mapa de activos, muy bien ¿Cómo lo ves? ¿Son recursos? Realmente son más que eso, son proyectos que buscan impactar y con los que compartimos parte de nuestra agenda. ¿Cómo construimos desde el reconocimiento mutuo y mirando más allá?

Seis claves para el refuerzo de la trama comunitaria desde la colaboración público-comunitaria

Reconocer la diversidad y trabajar por la igualdad

La primera idea tiene que ver con aceptar y reconocer la diversidad y la complejidad de los contextos en los que trabajamos. No se trata de visibilizar y festejarla solamente. La diversidad ya es.

La diversidad tiene muchos valores, amplía las perspectivas, relativiza reglas fijas, incluir perspectivas nos ayuda a comprender mejor los matices de la realidad. A veces tener toda la imagen no ayuda a dar pasos, y pareciera que ya no tenemos tiempo para compartir, rozar y empastar. Tiempo para pensar, y pensar para tener tiempo. 

Hay maneras diferentes de entender lo que está ocurriendo y, sobre todo, existen desigualdades. Me gustó escuchar hace unos días a Xabier Aierdi recordar que nuestra generación y la generación de nuestros padres fuimos hijas, hijos, nietas y nietos de baserritarras. ¿Cómo hacer que ese recorrido que muchas de las personas que estamos aquí hemos podido vivir en dos generaciones puedan vivirlo también quienes se han incorporado recientemente a nuestros territorios?

No se trata simplemente de experimentar con diferentes especias en la comida. Se trata de construir espacios de mayor igualdad, donde las personas vayamos adquiriendo espacio y mayores posibilidades para participar en condiciones más igualitarias. 

La pregunta sería: ¿Cómo sabemos que las personas que participan y participamos en nuestras actividades han, y hemos, aumentado sus y nuestros recursos para participar, construir comunidad y ser escuchadas?

Liderazgos, poder y capacidad de agencia

Dentro de esa diversidad nos encontramos con personas con poderes diferentes y roles distintos. 

Se trata de conseguir que quienes participan y participamos en los procesos tengan y tengamos mayor capacidad para intervenir sobre aquello que les y nos afecta.

Y, cuando no se dan las condiciones para ello, necesitamos ser muy claros. No generar expectativas falsas. Marcar desde el principio los límites. Poder hablar de niveles de participación, de los acuerdos y de hasta dónde podemos llegar. No podemos convertir la participación en un happening, sino en algo pertinente y con sentido: necesitamos, por ejemplo, escuchar antes de proponer y contrastar nuestras planificaciones.

Porque si estamos hablando de procesos colectivos, un proceso frustrante, donde las expectativas han superado con creces a lo que ocurrió realmente,  puede dejarnos con menos energía para el siguiente.

Los privilegios no son algo que “tengo yo”, sino algo que circula en el sistema y se me asigna o se me reconoce. Son formas de poder que provienen del contexto social, cultural o personal, no simplemente de cualidades internas. Son una ventaja relacional. Mientras solemos ser conscientes de los privilegios que nos faltan, tendemos a olvidar los privilegios que sí tenemos. Una pequeña propuesta a modo de recorrido:

  • Inventario de mis privilegios (La perspectiva de interseccionalidad nos puede ayudar; raza y género atribuida, edad, clase social…)
  • Ser consciente de las ventajas que tengo desde estos privilegios que están “facilitando” mi vida. 
  • Preguntarnos al servicio de qué realidad y relaciones estamos utilizando estos privilegios.
  • Traer, desde esta responsabilidad, las tensiones que no se nombran y son importantes. Contribuir a que quienes no compartan este rango puedan hablar sin miedo. 

La pregunta sería: ¿Cómo podemos, siendo conscientes de nuestros privilegios y de los diferentes lugares que ocupamos, poner esos privilegios al servicio de que cada vez más personas ganen capacidad de agencia?

Sostener los procesos y cuidar los ritmos

Me gusta pensar que los procesos de transformación colectiva, de encuentro entre diferentes o de eso que a veces llamamos inteligencia colectiva tienen algo de trance colectivo. Puede haber distintas secuencias, a mi me vale: 

  • Encontrarnos, 
  • compartir nuestros análisis y romper ciertos prejuicios, 
  • mirar y dejarnos tocar por las experiencias, vivencias, inspìraciones para abrir nuestra sensibilidad 
  • y en un proceso donde debemos de soltar y estar atentos a los potenciales y lo que coge forma comenzar 
  • y hacer pequeños experimentos, sutiles cambios, 
  • para aprender y seguir avanzando. 

Es como cuando colocamos unos platillos girando sobre unos palillos: no podemos dejar de moverlos porque, si dejamos de hacerlo, caen y se rompen.

Los procesos de construcción de trama comunitaria requieren determinadas habilidades: escucha, capacidad para comprender los límites, metodologías, capacidad de acción y, sobre todo, tiempo.

Sin embargo, muchas veces nos acercamos a ellos desde la poli-militancia o desde agendas que no reconocen este tipo de trabajo. Terminamos haciéndolo corriendo y ya muy cansadas. 

La pregunta sería: ¿Cuáles son las señales que nos dicen que esta mirada a la trama comunitaria y su cuidado tiene un lugar reconocido y central? ¿Cómo entrenamos estas capacidades para participar y facilitar procesos? 

Presencia, reconocimiento y escucha de los potenciales

No podemos mover este tipo de procesos si no existe un primer momento de respeto y reconocimiento de lo que ya existe. Necesitamos presencia. Necesitamos escucha. Necesitamos estar atentas.

No solamente a lo que está siendo hoy la realidad, sino también a lo que ha sido. Comprender por qué las cosas están ahora mismo como están.

Y además también necesitamos librarnos de una especie de sortilegio por el cual parece que nada podrá ser diferente de lo que es. Estar atentos a las pequeñas cosas que ya están cambiando, a aquello que empieza a ser un poco diferente. Apoyar esos potenciales. Hacer palanca en lo que está cogiendo forma. Acercarnos desde el habitar; conectados con nuestras ideas y emociones, sensibles a los pequeños fuegos que de cuidarlos pudieran ser hogueras. 

  • Eso puede implicar cambiar de perspectiva, hablar con personas diferentes, acercarnos a quienes puedan abrirnos un poco la cabeza, el corazón y la acción hacia algo distinto.
  • Y también saber para qué estamos haciendo lo que estamos haciendo.
  • Muchas personas se acercan y nos acercamos hoy a la intervención comunitaria con una cierta capa de cinismo. Hay mucha frustración acumulada. No se trata de hacer un puente gracias a los libros de autoayuda. Pensemos y sintamos para seguir insistiendo.

La pregunta sería: ¿Qué cosas concretas nos ayudan a conectar con la posibilidad, con lo que ha cambiado para mejor? ¿Cómo conectamos con aquellas ocasiones en las que, trabajando juntas, hemos conseguido llegar a un lugar diferente y mejor?

Gestionar de manera responsable el roce y el conflicto

Y una idea que considero absolutamente clave, ahora y siempre, tiene que ver con rescatar y poner en valor el roce, la organización y el conflicto.

Hay personas a las que les gusta el conflicto. Al resto, cuando nos encontramos con algo que nos violenta, quizá nos sale correr hacia otro lugar o intentar abrirle la cabeza a quien nos está violentando para que piense como nosotros.

¿Y cómo sería pensar que, ahora mismo, el conflicto puede ser uno de los motores importantes del cambio social? ¿Cómo entender que el choque entre modelos y la escucha del malestar pueden ser claves para seguir produciendo cambios reales en nuestros barrios?

  • No podemos idealizar la comunidad como un lugar donde todas las personas estamos contentas, nos abrazamos y bailamos al unísono.
  • Pero tampoco podemos demonizarla como un lugar lleno de riesgos e inercias que ya conocemos y en el que, por tanto, no merece la pena abrir ningún espacio para hacer algo diferente.

Necesitamos aprender a habitar la tensión de una manera más virtuosa. En tiempos de conversaciones dopadas, simplificaciones efectistas, economía de la atención y recuperación de supuestas seguridades melancólicas necesitamos entrenar el músculo doble de la comprensión y la capacidad de poner límites. 

Y estar atentos no solamente a lo que está ocurriendo hoy, aquí y ahora, sino también a los futuros: pensar juntas hacia dónde queremos ir y de qué manera queremos hacerlo. 

Nos mueven los miedos y los deseos. 

  • Es bueno escuchar y compartir miedos. Algunos son irracionales y se aplacan cuando son compartidos, otros son reales y pueden ayudar a construir conversaciones importantes sobre el malestar. 
  • Mis sueños pueden ser tus pesadillas y al revés. Para mi hablar de los deseos me conecta con la posibilidad de encontrar palancas para hacer juntas. Convocarnos a hacer.

La pregunta sería: ¿Qué competencias hemos desarrollado para habitar los conflictos? ¿Somos más de poner límites o de aceptar otras perspectivas? ¿Cómo seguimos entrenandonos como personas y espacios para este doble ejercicio?

Experimentar, aprender, sistematizar y compartir

Podemos generar pequeños prototipos, experimentar, probar cosas distintas y aprender de ellas. Y después necesitamos compartir aquello que hemos aprendido. No nos quedemos solamente en nuestro pequeño terreno de juego.

Sistematizar, escribir, documentar, grabar vídeos, hacer fotografías, comunicar. No solamente desde una lógica de marketing para que aparezcamos nosotros, sino para hacer visible que algo ya está ocurriendo en algún lugar y que, por tanto, puede resultar inspirador para otras personas y otros territorios. Traer más de esto que nos hace movernos y ser. 

Quienes se acercan a esta manera de trabajar más inespecífica, lenta, colectiva, preventiva y no saben cómo hacerlo. Empieza cambiando cosas pequeñas:

  • Genera espacios donde la conversación tenga un lugar central. Encuentros recurrentes para que las personas se conozcan y tejan relaciones.
  • Visibiliza las acciones en el territorio, apoyate en ellas y no propongas actividades que compitan en la agenda. 
  • Contrasta planificaciones, evalua escuchando… Trabajar de manera participada mejora la calidad de nuestras actividades. Pregunta lo pertinente y haz caso. 
  • Incorpora una mirada de sistemas a tus hipótesis. Piensa que estamos haciendo para que las cosas permanezcan como están. Es una manera de darle la vuelta a la reflexión. 

La pregunta sería: ¿Con quién vas a compartir lo que has podido sentir y pensar esta mañana de trabajo? ¿Compartiendo estas ideas con estas personas hacia donde pudierais dar un siguiente paso práctico?