La vivienda ha ocupado, por fin, un lugar central en la conversación pública. Llevaba demasiado tiempo condicionando las expectativas de vida de muchas personas, dificultando la emancipación de las más jóvenes y bloqueando proyectos vitales.
Y, sin embargo, cuando parecía que podíamos sumar fuerzas alrededor de una demanda compartida, reconocer la vivienda como un derecho que debemos garantizar, aparecen voces que cuestionan e incluso ridiculizan las propuestas para hacerlo posible.
Como señalaba Mark Fisher, parece que nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Como si las reglas actuales fueran las únicas posibles. Como si fuera inevitable convertir una necesidad básica en un negocio donde algunas personas ganan mientras otras pierden.
Tu inversión, el problema de otras personas
Durante décadas, invertir en ladrillo ha sido una práctica socialmente aceptada. Comprar viviendas para alquilarlas o ampliar el patrimonio se ha presentado como una decisión inteligente y responsable.
Pero ¿qué significa obtener una rentabilidad semejante de algo que otras personas necesitan para vivir? Lo que para unas supone aumentar su patrimonio, para otras significa perder autonomía y oportunidades. Como gritabamos el otro dia por las calles de nuestra ciudad: Negozioa bada, ez da eskubidea (Si es un negocio, no es un derecho)
El problema es complejo y tiene responsabilidades compartidas, siendo un reto enorme y con muchas caras hay una con la que convivimos y tiene que ver con la responsabilidad de los que somos propietarios y las personas, a veces amigos y amigas, que apostaron a invertir a este “valor seguro”. Son personas con las que podemos compartir sensibilidad social, experiencias de clase y una defensa de lo y puede ocurrir que tengan dos y tres viviendas y obtengan parte de sus ingresos del alquiler de estos pisos.
Cuando el debate señala a las personas que obtienen ingresos con rentas como parte del problema, algunas se sienten atacadas. Aparecen las defensas y las justificaciones de decisiones que hasta ahora apenas habían sido cuestionadas.
La pregunta que me hago es: ¿Cómo conversamos con personas que defienden una sociedad más igualitaria y participan, al mismo tiempo, de un mercado que profundiza las desigualdades? Porque creo que estas conversaciones son las que tenemos que tener. Nuestros contextos y conversaciones nos afectan y es bueno que contribuyamos al debate y a mover los engranajes necesarios.
La especulación no es inevitable. La hemos permitido.
Estas decisiones no se han tomado en el vacío. Hemos construido, algunos con más fuerza e ímpetu que otros, un modelo donde la vivienda en lugar de estar protegida como necesidad básica, es más un mecanismo para el ahorro y oportunidad de especulación.
Buena parte de la legislación actual, la entrada de capital extranjero, los grandes operadores inmobiliarios y miles de pequeñas inversiones individuales han contribuido a sostener este modelo.
Sobre el turismo, el impacto en los barrios históricos de nuestras ciudades y el modelo de ocio y vida que impone podemos hablar en otro momento. Los alojamientos turísticos y temporales han retirado viviendas del mercado residencial en determinados territorios y son parte del problema en la subida de los alquileres en nuestros barrios.
¿Quién gana y quién paga las consecuencias? ¿Qué ocurre cuando una actividad económica desplaza población y debilita las relaciones comunitarias?
Tener derecho a hacerlo no significa tener que hacerlo
Tener capital, ahorros o varias viviendas es un privilegio y sobre esto ya hemos escrito; reconocerlo, agradecerlo y actuar con responsabilidad es la secuencia.
¿Por qué asumimos que debemos obtener siempre la máxima rentabilidad posible? ¿Por qué renunciar a parte del beneficio parece una ingenuidad, mientras contribuir a mantener precios inaccesibles se considera una decisión inteligente?
Existen alternativas. En Euskadi, programas como Bizigune, gestionado por Alokabide, permiten incorporar viviendas privadas al alquiler protegido. Podemos obtener un retorno económico sin alimentar la escalada de precios. También podemos renunciar a convertir viviendas residenciales en alojamientos turísticos.
Quizás no se trate tanto de cuestionar las decisiones que tomamos en su momento, sino de preguntarnos qué podemos hacer ahora con lo que tenemos, siendo conscientes de lo que está ocurriendo y de las consecuencias de nuestras decisiones.
¿Y si quien especula es alguien a quien quieres?
Hay situaciones especialmente incómodas. Podemos querer a personas que han decidido situarse abiertamente en una lógica de explotación económica. Personas que consideran ingenuo renunciar a beneficios y exhiben cierta testosterona económica: comprar barato, alquilar caro y aprovechar la presión turística como demostraciones de inteligencia.
¿Y qué hacemos cuando alguien a quien queremos sostiene prácticas que consideramos injustas? ¿Rompemos la relación?
No tengo una respuesta cerrada. Me parece importante no abandonar estas conversaciones. Comprender no significa justificar. Cuidar una relación tampoco debería obligarnos a guardar silencio.
Si queremos cambiar las reglas, también tenemos que cambiar nuestras decisiones
Cada conversación puede mover algo: una duda, una consecuencia que no habíamos considerado o una alternativa que parecía imposible. No perdamos la oportunidad, generemos incomodidad, procuremos no fabricar “rentistas rígidos” con nuestro señalamiento, abramos posibilidades… al menos en las conversaciones. En la calle gritemos y hagamos visible la violencia de esta injusticia.
Necesitamos recuperar la función social de la vivienda. Que las personas jóvenes puedan emanciparse, las mayores adaptar sus hogares y nuestros barrios seguir siendo lugares donde vivir y construir comunidad.
Esto requiere nuevas reglas y políticas públicas decididas. También revisar nuestras inversiones y prácticas cotidianas. No tenemos las mismas posibilidades ni responsabilidades. Pero cada cual puede preguntarse qué hacer desde su posición.
Porque transformar el sistema también significa dejar de alimentar las dinámicas que lo sostienen. Y eso nos interpela especialmente a quienes tenemos algo que perder con el cambio.
Yosune Burgoa exploró los cuidados más personales, Gorka Gonzalez “el tigre de Amore” los cuidados dentro de los equipos y yo me sumergí en cómo cuidarnos cuidando la trama comunitaria.
Comienzo recordándonos que somos en gran medida nuestro contexto. Me viene una imagen. Cuando encontramos una esponja seca, quizá tirada en un vertedero, en una esquina, en un lugar donde hace mucho calor, y la tocamos, parece que no alberga nada de vida. Sin embargo, esa misma esponja, colocada solamente unos minutos en un pequeño balde con agua, cambia de tamaño, cambia de textura. Nos da la sensación de ser algo que no solamente tiene vida, sino que puede contribuir a expandir vida. Los entornos nos afectan por completo y nosotros afectamos a los entornos. Somos contexto y somos también sujetos que habitan y condicionan ese contexto.
Cuando alguien se siente muy independiente y cree que su bienestar depende solamente de lo que está en sus manos, seguramente es porque su contexto le ha permitido sostener esa fantasía. Para que alguien haya construido esa sensación de individualidad necesita un entorno que cuide de todo aquello que permanece invisible y un contexto que, de alguna forma, le permita sentirse invencible. Será un hombre y a veces vestirá corbata o de negro para sentirse parte de una tribu sin que reconozca esta necesidad de sentirse parte de un colectivo. Esto lo explica muy bien Almudena Hernando en su libro La fantasía de la individualidad. En sus palabras:
La sociedad actual idealiza la individualidad y desprecia la identidad relacional porque la primera se asocia con el poder y la segunda con la impotencia. (…) la primera es pura fantasía sino se asocia con la segunda, porque dejaría en evidencia la pequeñez y la insuficiencia que una sola persona representa frente a todo el universo. (Almudena Hernando. La fantasía de la individualidad)
Entrenando vulnerhabilidades. Desde nuestra sensibilidad, quienes tenemos cierta conciencia comunitaria rompimos en algún momento con esa fantasía de la individualidad y comenzamos a sentirnos interdependientes de manera más consciente. Somos, en buena medida, resultado de ese conjunto de relaciones circulares que nos hacen crecer o hacernos pequeños, esponjarnos o secarnos. Y aquí tenemos que tomar una decisión: la comunidad nos puede cuidar o no, y nosotros podemos cuidar o no a la comunidad. ¿En qué relación con esta trama comunitaria estamos contribuyendo con cada paso que damos?. Un mapa de activos, muy bien ¿Cómo lo ves? ¿Son recursos? Realmente son más que eso, son proyectos que buscan impactar y con los que compartimos parte de nuestra agenda. ¿Cómo construimos desde el reconocimiento mutuo y mirando más allá?
Seis claves para el refuerzo de la trama comunitaria desde la colaboración público-comunitaria
Reconocer la diversidad y trabajar por la igualdad
La primera idea tiene que ver con aceptar y reconocer la diversidad y la complejidad de los contextos en los que trabajamos. No se trata de visibilizar y festejarla solamente. La diversidad ya es.
La diversidad tiene muchos valores, amplía las perspectivas, relativiza reglas fijas, incluir perspectivas nos ayuda a comprender mejor los matices de la realidad. A veces tener toda la imagen no ayuda a dar pasos, y pareciera que ya no tenemos tiempo para compartir, rozar y empastar. Tiempo para pensar, y pensar para tener tiempo.
Hay maneras diferentes de entender lo que está ocurriendo y, sobre todo, existen desigualdades. Me gustó escuchar hace unos días a Xabier Aierdi recordar que nuestra generación y la generación de nuestros padres fuimos hijas, hijos, nietas y nietos de baserritarras. ¿Cómo hacer que ese recorrido que muchas de las personas que estamos aquí hemos podido vivir en dos generaciones puedan vivirlo también quienes se han incorporado recientemente a nuestros territorios?
No se trata simplemente de experimentar con diferentes especias en la comida. Se trata de construir espacios de mayor igualdad, donde las personas vayamos adquiriendo espacio y mayores posibilidades para participar en condiciones más igualitarias.
La pregunta sería: ¿Cómo sabemos que las personas que participan y participamos en nuestras actividades han, y hemos, aumentado sus y nuestros recursos para participar, construir comunidad y ser escuchadas?
Liderazgos, poder y capacidad de agencia
Dentro de esa diversidad nos encontramos con personas con poderes diferentes y roles distintos.
Se trata de conseguir que quienes participan y participamos en los procesos tengan y tengamos mayor capacidad para intervenir sobre aquello que les y nos afecta.
Y, cuando no se dan las condiciones para ello, necesitamos ser muy claros. No generar expectativas falsas. Marcar desde el principio los límites. Poder hablar de niveles de participación, de los acuerdos y de hasta dónde podemos llegar. No podemos convertir la participación en un happening, sino en algo pertinente y con sentido: necesitamos, por ejemplo, escuchar antes de proponer y contrastar nuestras planificaciones.
Porque si estamos hablando de procesos colectivos,un proceso frustrante, donde las expectativas han superado con creces a lo que ocurrió realmente, puede dejarnos con menos energía para el siguiente.
Los privilegios no son algo que “tengo yo”, sino algo que circula en el sistema y se me asigna o se me reconoce. Son formas de poder que provienen del contexto social, cultural o personal, no simplemente de cualidades internas. Son una ventaja relacional. Mientras solemos ser conscientes de los privilegios que nos faltan, tendemos a olvidar los privilegios que sí tenemos. Una pequeña propuesta a modo de recorrido:
Inventario de mis privilegios (La perspectiva de interseccionalidad nos puede ayudar; raza y género atribuida, edad, clase social…)
Ser consciente de las ventajas que tengo desde estos privilegios que están “facilitando” mi vida.
Preguntarnos al servicio de qué realidad y relaciones estamos utilizando estos privilegios.
Traer, desde esta responsabilidad, las tensiones que no se nombran y son importantes. Contribuir a que quienes no compartan este rango puedan hablar sin miedo.
La pregunta sería: ¿Cómo podemos, siendo conscientes de nuestros privilegios y de los diferentes lugares que ocupamos, poner esos privilegios al servicio de que cada vez más personas ganen capacidad de agencia?
Sostener los procesos y cuidar los ritmos
Me gusta pensar que los procesos de transformación colectiva, de encuentro entre diferentes o de eso que a veces llamamos inteligencia colectiva tienen algo de trance colectivo. Puede haber distintas secuencias, a mi me vale:
Encontrarnos,
compartir nuestros análisis y romper ciertos prejuicios,
mirar y dejarnos tocar por las experiencias, vivencias, inspìraciones para abrir nuestra sensibilidad
y en un proceso donde debemos de soltar y estar atentos a los potenciales y lo que coge forma comenzar
y hacer pequeños experimentos, sutiles cambios,
para aprender y seguir avanzando.
Es como cuando colocamos unos platillos girando sobre unos palillos: no podemos dejar de moverlos porque, si dejamos de hacerlo, caen y se rompen.
Los procesos de construcción de trama comunitaria requieren determinadas habilidades: escucha, capacidad para comprender los límites, metodologías, capacidad de acción y, sobre todo, tiempo.
Sin embargo, muchas veces nos acercamos a ellos desde la poli-militancia o desde agendas que no reconocen este tipo de trabajo. Terminamos haciéndolo corriendo y ya muy cansadas.
La pregunta sería: ¿Cuáles son las señales que nos dicen que esta mirada a la trama comunitaria y su cuidado tiene un lugar reconocido y central? ¿Cómo entrenamos estas capacidades para participar y facilitar procesos?
Presencia, reconocimiento y escucha de los potenciales
No podemos mover este tipo de procesos si no existe un primer momento derespeto y reconocimiento de lo que ya existe. Necesitamos presencia. Necesitamos escucha. Necesitamos estar atentas.
No solamente a lo que está siendo hoy la realidad, sino también a lo que ha sido. Comprender por qué las cosas están ahora mismo como están.
Y además también necesitamos librarnos de una especie de sortilegio por el cual parece que nada podrá ser diferente de lo que es. Estar atentos a las pequeñas cosas queya están cambiando, a aquello que empieza a ser un poco diferente. Apoyar esos potenciales. Hacer palanca en lo que está cogiendo forma. Acercarnos desde el habitar; conectados con nuestras ideas y emociones, sensibles a los pequeños fuegos que de cuidarlos pudieran ser hogueras.
Eso puede implicar cambiar de perspectiva, hablar con personas diferentes, acercarnos a quienes puedan abrirnos un poco la cabeza, el corazón y la acción hacia algo distinto.
Y también saber para qué estamos haciendo lo que estamos haciendo.
Muchas personas se acercan y nos acercamos hoy a la intervención comunitaria con una cierta capa de cinismo. Hay mucha frustración acumulada. No se trata de hacer un puente gracias a los libros de autoayuda. Pensemos y sintamos para seguir insistiendo.
La pregunta sería: ¿Qué cosas concretas nos ayudan a conectar con la posibilidad, con lo que ha cambiado para mejor? ¿Cómo conectamos con aquellas ocasiones en las que, trabajando juntas, hemos conseguido llegar a un lugar diferente y mejor?
Gestionar de manera responsable el roce y el conflicto
Y una idea que considero absolutamente clave, ahora y siempre, tiene que ver con rescatar y poner en valor el roce, la organización y el conflicto.
Hay personas a las que les gusta el conflicto. Al resto, cuando nos encontramos con algo que nos violenta, quizá nos sale correr hacia otro lugar o intentar abrirle la cabeza a quien nos está violentando para que piense como nosotros.
¿Y cómo sería pensar que, ahora mismo, el conflicto puede ser uno de los motores importantes del cambio social? ¿Cómo entender que el choque entre modelos y la escucha del malestar pueden ser claves para seguir produciendo cambios reales en nuestros barrios?
No podemos idealizar la comunidad como un lugar donde todas las personas estamos contentas, nos abrazamos y bailamos al unísono.
Pero tampoco podemos demonizarla como un lugar lleno de riesgos e inercias que ya conocemos y en el que, por tanto, no merece la pena abrir ningún espacio para hacer algo diferente.
Necesitamos aprender a habitar la tensión de una manera más virtuosa. En tiempos de conversaciones dopadas, simplificaciones efectistas, economía de la atención y recuperación de supuestas seguridades melancólicas necesitamos entrenar el músculo doble de la comprensión y la capacidad de poner límites.
Y estar atentos no solamente a lo que está ocurriendo hoy, aquí y ahora, sino también a los futuros: pensar juntas hacia dónde queremos ir y de qué manera queremos hacerlo.
Nos mueven los miedos y los deseos.
Es bueno escuchar y compartir miedos. Algunos son irracionales y se aplacan cuando son compartidos, otros son reales y pueden ayudar a construir conversaciones importantes sobre el malestar.
Mis sueños pueden ser tus pesadillas y al revés. Para mi hablar de los deseos me conecta con la posibilidad de encontrar palancas para hacer juntas. Convocarnos a hacer.
La pregunta sería: ¿Qué competencias hemos desarrollado para habitar los conflictos? ¿Somos más de poner límites o de aceptar otras perspectivas? ¿Cómo seguimos entrenandonos como personas y espacios para este doble ejercicio?
Experimentar, aprender, sistematizar y compartir
Podemos generar pequeños prototipos, experimentar, probar cosas distintas y aprender de ellas. Y después necesitamos compartir aquello que hemos aprendido. No nos quedemos solamente en nuestro pequeño terreno de juego.
Sistematizar, escribir, documentar, grabar vídeos, hacer fotografías, comunicar. No solamente desde una lógica de marketing para que aparezcamos nosotros, sino para hacer visible que algo ya está ocurriendo en algún lugar y que, por tanto, puede resultar inspirador para otras personas y otros territorios. Traer más de esto que nos hace movernos y ser.
Quienes se acercan a esta manera de trabajar más inespecífica, lenta, colectiva, preventiva y no saben cómo hacerlo. Empieza cambiando cosas pequeñas:
Genera espacios donde la conversación tenga un lugar central. Encuentros recurrentes para que las personas se conozcan y tejan relaciones.
Visibiliza las acciones en el territorio, apoyate en ellas y no propongas actividades que compitan en la agenda.
Contrasta planificaciones, evalua escuchando… Trabajar de manera participada mejora la calidad de nuestras actividades. Pregunta lo pertinente y haz caso.
Incorpora una mirada de sistemas a tus hipótesis. Piensa que estamos haciendo para que las cosas permanezcan como están. Es una manera de darle la vuelta a la reflexión.
La pregunta sería: ¿Con quién vas a compartir lo que has podido sentir y pensar esta mañana de trabajo? ¿Compartiendo estas ideas con estas personas hacia donde pudierais dar un siguiente paso práctico?
Comparto en esta entrada la exposición que utilicé en las jornadas impulsadas por por la Dirección de Empleo e Inclusión del Departamento de Trabajo y Empleo del Gobierno Vasco donde se convocaba a diferentes iniciativas vinculadas a las Mesas Locales de Coordinación entre Sistemas de Inclusión Social. (Esteka honetan, euskarazko aurkezpena deskargatu dezakezue)
He recurrido a una metáfora para compartir algunas claves que, a mi entender, atraviesan las dificultades que encontramos cuando tratamos de responder colectivamente a fenómenos tan sistémicos y globales como la pobreza y la exclusión.
Voy a presentaros a un autor, se llama Hundertwasser y una teoría y dibujo que nos regaló hace décadas, titulada las 5 pieles. Seguro que hallaréis ideas con las que discrepar, otras que puedan serviros de apoyo y quizá algunas que os dejen indiferentes —ojalá sean las menos.
La primera piel: el cuerpo. El ser humano es vulnerable, sensible, goza y sufre.
El autor hace una denuncia de una sociedad que violenta los cuerpos. ¿Qué tiene que ver esto con nosotros?
Las personas y colectivos que llegan a nosotros y nosotras lo hacen tras una acumulación constante de rupturas de vínculos. La exclusión es eso: un continuado romper vínculos. ¿Cómo es cuando llegan a nosotros? A veces también nos cuesta construir vínculos. No es fácil. Hay situaciones que nos producen rechazo. Además algunas veces hemos pensado que ser un buen profesional es apostar por la distancia. Sabemos que estar cerca nos ayuda a entender y la distancia nos permite traer nuevo. Si estamos demasiado cerca no aportamos nada, nos podemos perder; estar demasiado lejos no nos permite conectar con la realidad, ser sensibles. La burocracia puede convertirse en una estrategia de defensa. Necesitamos seguir creando alternativas a la distancia excesiva. Interesante pensar en aquellos profesionales que nos parecen inspiradores/as y pensar en qué medida nuestra práctica actual nos acerca o diferencia de estos.
Hoy hablamos mucho de salud mental. Muchas personas percibimos dos fenómenos. Por un lado, parece que hay más permiso social para mostrarnos vulnerables y expresar nuestra sensibilidad. Y eso puede leerse como un síntoma de avance. Identidades más abiertas y que se construyen afectadas por lo que cambia. Por otro lado la certeza de que algo está ocurriendo para que más personas se sientan desorientadas o desbordadas, y esto merece una mirada profunda. Existen condiciones estructurales que no están en nuestras manos. Pero sí está en nuestra responsabilidad reconocerlas y no responder de manera exclusivamente individual a problemas que requieren respuestas colectivas.
Entendiendo que somos parte de una red y que ningún profesional puede dar respuesta a todo, a veces trabajamos como si nos pasáramos la “patata caliente”: “Yo no puedo, quizás otro”, o de otra manera, “En esto no soy competente, igual lo es otro”. Con cariño pero a veces somos “una cadena de incompetentes”. Y entonces comenzamos a reunirnos las personas que no pudimos dar respuesta a la situación por sí solas para ver si podemos hacerlo de una manera coordinada. Está bien sabernos limitados, necesitamos proteger el vínculo, engrasar estos espacios para no perder de foco a las personas y conectar de manera responsable con esta incapacidad. Tener como objetivo aumentar las competencias del colectivo, de la red, del sistema.
Algunas preguntas: ¿Cómo cuidamos el vínculo desde esta red de profesionales? ¿Quién tiene el vínculo y como seguimos reforzándolo? ¿Cómo evitar que este trabajo en red se convierta en una cadena de incompetencias y transformarlo en una forma que acoge? ¿Cómo cuidarnos para que la alternativa al dolor no sea únicamente la distancia? ¿Cómo seguir construyendo espacios de seguridad donde no tengamos que protegernos?
“Nos unimos por nuestras similitudes, crecemos por nuestras diferencias.” — Virginia Satir
Prometo cambiar de tercio en el próximo post. Y es que parece que la IA me ha poseido. Solo vuelvo a escribir para atrapar ideas. Comparto esta vez mis notas de la charla del 17 de febrero de 2026 de Marga Padilla sobre inteligencia artificial en el Gaztetxe de Basauri. Ella plantea que su libro «Inteligencia Artificial: Jugar o romper la baraja» que ha publicado con la editorial Traficante de sueños es un libro militante, aunque no le queda claro de qué movimiento es militante.
Padilla comienza recordándonos que hasta la aparición de GPT, la inteligencia artificial estaba más escondida. Con GPT aparece un servicio directo, sin mediación, en lenguaje natural, donde hablamos con una máquina. Este salto tecnológico genera distintas reacciones, y ella distingue dos principales:
Por un lado, el miedo ante la amenaza. Y no se trata de un miedo solo “de ignorantes”; todos los miedos tienen matices y necesitamos escucharlos. El problema es que el miedo, como emoción, puede dominarnos e impedirnos avanzar. La invitación es pasar del miedo al conflicto: comprenderlo, mirarlo y debatirlo.
Por otro lado, está la entrega irreflexiva: una adopción total sin considerar impactos como el ambiental. Actualmente, alrededor del 2% de las emisiones de efecto invernadero se atribuyen a la inteligencia artificial, en un impacto comparable al de los vuelos en avión. Además, cada consulta consume recursos: los servidores se enfrían con agua, como si tiráramos un vaso de agua por la fregadera cada vez que hacemos una pregunta. A esto se suma la proliferación de centros de datos, ocupando grandes extensiones de territorio que antes eran baldíos.
También aparece la cuestión de la reapropiación del conocimiento colectivo. Herramientas como Wikipedia, sostenidas por comunidades que cuidan el saber común, pierden sentido en algún grado cuando el conocimiento se reintermedia a través de modelos de IA. Se borra la historia de quienes construyeron ese conocimiento antes que nosotros. Además, los idiomas menos hablados quedan en una posición secundaria.
Además es importante recordar que estamos ante modelos de lenguaje, no modelos de conocimiento. Responden en función de patrones estadísticos y del idioma utilizado. Por tanto, el idioma influye en el tipo de respuestas. La IA funciona como un espejo que devuelve los antivalores y sesgos de la sociedad. Es un espejo normativo.
Además está teñida de empatía y simpatía, algo que está diseñado de forma consciente para generar mayor adicción. En la competencia por la atención, este aspecto es clave. Juega con nuestro narcisismo en un mercado donde muchas empresas de IA operan a pérdidas y buscan financiación constante.
Marga Padilla propone una distinción interesante a través del ejemplo del coche. Podemos diferenciar entre:
la tecnología base (el motor de explosión)
y el diseño (cuántos asientos tiene, qué forma adopta, qué uso se le da).
Con la misma tecnología base se pueden hacer coches privados o autobuses. En la IA ocurre algo similar: hay que distinguir la infraestructura técnica del diseño social y político que la configura. También plantea que no existe “lA” inteligencia artificial, sino muchas inteligencias artificiales. La industria presenta la IA como un bloque homogéneo, centrado en la acumulación de datos y poder tecnológico, sin considerar otros aspectos como el impacto ecológico o social.
Ante esta situación, propone tres niveles: actuar, pensar y trastear.
ACTUAR. En el nivel de actuar, habla de la lucha política de siempre, Manifestarnos para defender nuestros derechos: Exigir registros públicos (menciona que en Euskadi y Cataluña ya existen), defender regulaciones que protejan derechos, impulsar auditorías ciudadanas y cuestionar proyectos concretos. (Se menciona el caso de Quantum Skin, una IA financiada por el Gobierno Vasco para el seguimiento de melanomas, auditada por la Fundación Civio, que detectó fallos significativos en la identificación de imágenes). También se habla de la necesidad de defender territorios frente a la expansión de centros de datos y de plantear políticas de reconversión profesional ante la desaparición de empleos (como traductores), del mismo modo que hubo reconversión industrial en otros momentos históricos. Además, reivindica modelos públicos y accesibles para la ciudadanía.
PENSAR. En el nivel de pensar, propone actualizar qué entendemos por “lo humano”. Estamos ante un cambio casi copernicano donde lo humano deja de estar en el centro. Se trata de pensar la colaboración horizontal con lo no humano, preguntarnos, por ejemplo, qué es saber y qué es enseñar hoy.
TRASTEAR. En el nivel de trastear, invita a ensuciarnos las manos con la tecnología. Habla de tecnología popular y barrial, de modelos pequeños y situados —más bicicleta que transatlántico—, de trabajar con datasets propios, de socializar el conocimiento y recuperar la potencia colectiva. Nos recuerda que no intentar la reapropiación también tiene un coste. Estas tecnologías, además, se están probando muchas veces sobre poblaciones vulnerables. Se mencionan casos como COMPAS, que toma decisiones algorítmicas con sesgos en ámbitos como medidas penitenciarias.
Conversamos sobre las personas que utilizan estos Chatbots para conversaciones «terapeúticas» pensando cómo en este momento estamos dejando rastros no solo de consumo, sino también emocionales. Y recordando que estas infraestructuras y empresas no tienen como objetivo contribuir a una sociedad más humanista precisamente.
Una IA diseñada con otros valores podría, por ejemplo, recomendar cerrar el ordenador y salir a caminar en lugar de fomentar el uso constante. Mencionaban el software de aprendizaje de ajedrez como ejemplo interesante: pone límites para no desmotivar el aprendizaje humano. Esto abre la reflexión sobre diseñar infraestructuras que no anulen nuestra acción. ¿Como podríamos diseñar un chatbot mejor?: quizá uno más lento, no disponible 24/7, más parecido a la lógica de las cestas de consumo donde la verdura llega sucia pero es mucho más sano que la limpia en una bolsa.
Xabier Barandiaran que acompañaba a Marga Padilla mencionaba el ejemplo de las comunidades Amish donde deciden que tecnología adoptan y cuál no. Llevar el debate a la calle. Porque esta tecnología ya está modificando nuestras vidas y, por tanto, es una cuestión política.
En el marco de la reflexión sobre acompañar a organizaciones que quieren reconectar con su propósito hay una idea que está presente con fuerza: se trata de llevar al centro de la reflexión los impactos que se generan a nivel social. Hay empresas que buscan trascender del marco de la Responsabilidad Social Corporativa y de los Objetivos del Desarrollo Sostenible y quieren situar en el centro de su actividad la reflexión sobre los impactos sociales de su actividad. Solemos hablar de organizaciones con propósito.
No todas las organizaciones están en este punto de reflexión y con este nivel de compromiso. A este tipo de organización yo me acerco con la exigencia de la congruencia. Me encuentro algunos movimientos más estratégicos y de marketing social o de lavado de cara que, desde mi experiencia, pueden generar rechazo a nivel social y desalineamiento hacia el interior cuando el discurso y la realidad difieren demasiado. Cuándo estamos trabajando por la reconexión con el propósito, su fuerza tiene que ver con la congruencia y el despliegue. No es sostenible a largo plazo una estrategia de marketing disociado.
Por otro lado y dentro de este tipo de procesos de acompañamiento o, en los más clásicos y habituales de reflexión estratégica, la relación de las organizaciones con su entorno se convierte en un foco con mucha importancia. No voy a escribir sobre el ecosistema, los clientes, proveedores, competencia… Me refiero a como es la relación de estos sistemas con el sistema social o sistema planeta en el que se desarrollan.
Conocemos algunas estrategias que, desde otro tipo de conciencia de contexto, aplican estrategias extractivistas, desconectadas de sus impactos negativos. Es bien conocida la estrategia de la industria del tabaco durante décadas, impresionante aprender de la crisis de opiáceos en EEUU, impresionante confirmar las noticias de hace unos meses en relación al lobby de los combustibles fósiles en las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático… Pudieran parecer mundos paralelos pero esta realidad se puede colocar también en un ranking y a veces trabajamos con empresas que se sitúan en lugares de frontera o que pudieran sostener algunas tensiones importantes en este sentido.
En el proceso de reflexión de estos años hemos conectado con la necesidad de reflexionar sobre los retos de sostenibilidad ambiental como una de las claves para lograr que las estrategias además de exitosas económicamente a corto plazo pudieran serlo también a medio y a largo plazo.
En nuestro trabajo solemos dedicar un espacio de trabajo para estar atentos a las tendencias del mercado y la sociedad. Creo que no es algo especialmente distintivo, mucha gente lo hace para situarse mejor en lo que está cogiendo forma. Quizás la diferencia está en que nosotros reforzamos una mirada a más largo plazo donde el futuro que coge forma y cristaliza es más un tablero de oportunidades a las que sumarse y no tanto un juego de estrategia donde acabar con tu enemigo. Además, y continuando con la metáfora del mapa con las estrategias distribuidas por una cartografía concreta, hacemos hincapié en sus límites. Como recordaban en esta conferencia con este sugerente título hace unos años en la universidad: ¿Es posible un crecimiento económico infinito en un mundo finito? hace ya 50 años el matrimonio Meadows ya dió con las claves para reflexionar sobre los límites del crecimiento. Este trabajo nos conectó también con muchas de las claves que manejamos hoy en las organizaciones y que llamamos perspectiva sistémica.
Hace unas semanas que abrí mi cuenta en BlueSky y la verdad es que fue una experiencia bastante agradable. Era como volver a aquellos años de la primera década de los 2000 y la primera incorporación a unas redes sociales. Han pasado las semanas y ahora tocaba salir de X. Ya me he descargado todo mi historial y en el momento en el que iba a borrar la cuenta… me ha dado miedo, me ha invadido un vértigo, un vacío… También hace años que apenas publico nada en Facebook pero no he eliminado mi cuenta. En ambos lugares pase mucho tiempo y ahora no. En ambos lugares permanezco y me da mucho respeto anular mi perfil.
No sé muy bien expresar la sensación. A veces pienso que es miedo a perder el número de personas que sigo y me siguen. Pero no es real. Los datos nos dicen que el impacto dejó de ser, que tras los últimos cambios es muy difícil acceder a la información que quieres (Cuánto echo de menos tweetdeck) e imposible impactar con lo que compartes. El nivel de actividad en BlueSky a pesar de tener muchas menos personas en mi pequeño ecosistema es más intenso. Además estoy disfrutando de tener menos personas que seguir. De alguna forma aligerar la cantidad para acercarme más a la calidad. Y calidad no solo de contenido sino de relación y de interacción.
Pero con todo esto y una vez pasado el tiempo de enamoramiento con este nuevo lugar lo que me pregunto es: ¿Para qué estoy en redes sociales?. Y creo que es una buena pregunta.
Las RRSS me han servido para conectar con personas y aprender junto a ellas. Hemos ido configurando una red profesional, un ecosistema digital, mi PLE (Personal Learning Environment) le llamamos hace un tiempo. No sabría explicarme como profesional sin este ecosistema. Quiero proteger este canal, reforzar las relaciones existentes y estar atenta a las que pudieran emerger en el futuro. Esta internet y la interacción global ha sido un espacio de disfrute. He transitado por decenas de fronteras. En lo político, a través del arte, la música, espacios de reflexión sobre el trabajo con organizaciones… Una sensación de innovación disruptiva y serendipia. Cada vez que preparo un nuevo contenido navego y navego. Me pierdo por los lugares, divago… Los proyectos importantes me acompañan como una música de fondo y muchas veces surgen imágenes, textos, audios que me ayudan a cristalizar una u otra parte de la reflexión. Es como ampliar la posibilidad al “choque de corazonadas”. Un espacio para conectar ideas distintas, nadar por las disciplinas.
También ha sido un lugar donde he podido visibilizar mi trabajo. Lo que hago en organizaciones y equipos no es tan sencillo de explicar. Grabarlo, dibujarlo, escribirlo, compartirlo y conversar ha sido clave para configurar mi personaje laboral. Es construcción de conocimiento y venta de lo que en cada momento he sido capaz de hacer. Yo no toco puertas buscando trabajo. Mi estrategia, pudiéramos llamar “comercial”, se basa en procurar hacer bien mi trabajo y mantener un hilo de comunicación abierto. En este sentido hay una información más cotidiana y otra más detenida y de detalle. Por un lado es algo así como “contarme en acción” y me ayudan algunas fotografías y algunos videos, y por otro está la dimensión más de contenido y ahí interrumpo el silencio en mi blog de vez en cuando y publico algún texto en papel como cierre de algunos proyectos. Retomar con más fuerza y dedicación el blog creo que es una clave. La conversación en Linkedin no me acaba de enganchar pero quizás deba de probar más en esa red.
Las redes sociales han sido un espacio también donde he podido continuar en contacto con algunas personas con las que dejé de tener relación cotidiana. He seguido sabiendo de sus vidas y cuando nos encontramos el abismo no es tan grande, sabemos algo más la una de la otra. Creo que en este sentido y en esta nueva etapa necesito aflojar el miedo a la pérdida. Confiar en la vida compartida, en los encuentros que vuelven a avivar fuegos y reconocer que somos limitados también en el número de relaciones que podemos cuidar. Y cuidarlas. Quedar a comer, alargar unas horas en esa ciudad donde se fueron a vivir tus amigos y cenar con ellos y ellas. Volver al pueblo de vez en cuando. Buscar alternativas a este casco viejo de Bilbao turistificado y encontrarnos.
También han sido y son un lugar político. Estas interacciones contribuyen a definir nuestra identidad. Hay personas que han conseguido diferenciar y jugar con distancia entre sus vidas y sus avatares. Yo no. Soy consciente del impacto de lo que bebo, como, leo, escucho, veo y converso en mi manera de sentir, pensar y hacer. A veces he pensado que estábamos haciendo incidencia política, ahora tengo más dudas. También he vivido que eran un lugar donde acceder a información quizás complementaria a mi caja de resonancia. Durante ocho años facilite una asignatura en la Universidad de Deusto que llamamos “Internet, redes sociales e Innovación Social”. Fue un viaje que aun no he sistematizado. A veces me imagino cómo serían hoy mis clases. Hablamos de aspectos que no fui capaz de intuir en aquellos años todavía más cercano a todo el potencial. Hoy hablaríamos también de la economía de la atención, de las infraestructuras públicas, de la Inteligencia Artificial, los algoritmos y las cajas de resonancia, de las estructuras frente a los usos… En este sentido no hago más que leer y recolocar mis ideas. Aun en la oscuridad siento más viva que nunca la reflexión y eso me hace disfrutar.
Busco alternativas. Facebook sin actividad, me falta eliminar la cuenta. Twitter sin actividad, y el reto es el mismo. En mastodon comenzamos y quizás debo darle una oportunidad. Bluesky es el twitter de antes de Musk. En estos dos últimos lugares necesitaría un poco más de estructura o estrategia. Sobre Linkedin ya he escrito. ¿Youtube? me siguen gustando los proyectos que se cuentan a partir de un video (quizás estoy mayor). Sobre Instagram… me gustaría bloquear los reels e historias. Me enganchan y no me sientan bien. Hay gente muy inteligente explicando el impacto de este fenómeno. Necesito un paso más. Hace unos años busqué alternativas a google drive y no fui capaz. Todo el universo de herramientas de Inteligencia Artificial es algo en lo que debemos de poner atención. En estos momentos vuelve a conectarme con las necesidad de exploración y trasteo. Tengo un ordenador limpio esperando una mañana de trabajo para instalar linux y traer, de manera congruente, este sistema operativo de nuevo a mis vidas.
Bueno. He desnudado mis preguntas e intuiciones. Ya véis que no hay mucha certeza ni propuestas concretas. Os muestro mis dudas ¿Cómo estáis gestionando esta realidad vosotros y vosotras?
Esta tarde me han pedido que comparta algunas ideas dentro del encuentro: «Identidad profesional del Educador/a Social y Competencias Especializadas».
Desde que hablé con Asier Felix hace unos días he escrito ideas en el móvil en varias ocasiones y cada vez acababa en un lugar diferente. Igual no lo ate demasiado bien 😀 Me imaginaba que se trataba de transmitir algo así como “Que hace un educador trabajando acompañando equipos y organizaciones”.
También pensaba en ¿Qué tipo de recorridos profesionales hacemos los educadores sociales? ¿Cuáles son los motores? De educador de menores a familia, de la relación más directa a trabajos más indirectos, algunos acabamos en la formación, otros dan el paso a la terapia…. ¿Es la educación social un buen lugar para madurar profesionalmente?
Creo que hay algo del origen que nos acompaña hasta el final y las modificaciones, mejoras o huidas también son interesantes.
Estas claves son algunos aprendizajes que hemos ido adquiriendo en procesos de cambio y participación ciudadana. Algunas de estas ideas ya las hemos ido expresando, de una manera o de otra, a lo largo de las semanas que llevamos trabajando en #Bherria. Las compartimos para seguir conversando; nos interesa seguir profundizando en estas reflexiones, aterrizándolas en prácticas concretas.
Os proponemos algunas ideas sobre las habilidades o dinámicas más invisibles que, a menudo, se llevan nuestra energía en los proyectos. Solo unas ideas, a veces preguntas e incluso algunos videos.
LÍMITES
Necesitamos reflexionar sobre qué cosas dentro de este tipo de procesos no pueden modificarse. El listado puede ser amplio o escueto, pero debe de ser consciente y compartido. De esta manera, dibujamos una especie de marco para los procesos; explicitando los límites estamos también dibujando el área de todo lo que sí podemos cuestionar y modificar. Todo lo que no está dibujado como incuestionable, se puede cuestionar. Es importante que este ejercicio pueda realizarlo quien invita al proceso, por ser parte de su responsabilidad. Hay algo en el establecer límites que despierta la creatividad y la energía que supera obstáculos.
¿Dejáis claros los límites en los proyectos que impulsamos junto a otras personas? ¿Sabéis cuáles son las cosas que es importante pudieran permanecer en el cambio?
El poder de las limitaciones creativas – Brandon Rodríguez
CONFLICTO
Los procesos de cambio no son fluidos. El conflicto es parte de estos por definición. Tenemos un reto que tiene también de insatisfacción, hay algo que nos gustaría modificar. Si se mantiene en el tiempo es porque hay algo importante que, a su vez, está permitiéndolo; suena extraño, pero en estas situaciones siempre hay una ganancia actual y oculta.
Comenzar a trabajar en el cambio a veces significa cuestionar equilibrios precarios. Nos necesitamos. No se trata de buscar responsables fuera de nosotros; los enemigos también cumplen su función, nos construyen más fuertes como colectivo. Nosotros contra vosotros.
¿Nos sirve esta fotografía de bandos? ¿Qué nos estamos perdiendo que ven desde la otra perspectiva? ¿Cuáles son las necesidades detrás de las partes que declaran de manera explícita o implícita resistencia? ¿Y si en lugar de defender nuestra perspectiva defendemos los procesos?
Why are we so attached to our things? – Christian Jarrett
POTENCIALES
Estamos programados para ver lo que no funciona de todo lo que ocurre. Muchas veces invertimos tiempo y energía en aquellas personas que parecen responsables del ritmo lento de los proyectos, las dificultades del proceso, lo que falta… Hay otra estrategia que puede ayudarnos a trabajar de otra manera: vamos a fijarnos en aquello que ya está ocurriendo y se parece a lo que nos gustaría que ocurriera.
En la variedad de futuros posibles hay uno que está cogiendo forma y nos parece interesante y, además, permitimos que nos cuestione e inspire en la construcción de otras alternativas que no estaban en nuestros planes.
¿Cómo hacemos que esos futuros tengan más oportunidades de ser? ¿Cuáles son las habilidades y capacidades que tenemos en nuestros equipos y proyectos? ¿Dónde está el punto de palanca? ¿Dónde invirtiendo menos energía puede comenzar el primer cambio?
Son procesos frágiles. Estamos experimentando a hacer diferente y las inercias para repetir lo conocido son muy fuertes. Este tipo de procesos colectivos cogen forma como resultado de la aportación de todas las personas implicadas. Un cuestionamiento sin respuesta, un abandono por parte de alguien importante, una respuesta rápida, una necesidad expresada con fuerza y no respondida pueden ser una oportunidad o un paso hacia el desdibujado definitivo. Cuando un proyecto de estas características no funciona y cerramos en falso, la siguiente vez que invitemos a las personas a participar no lo harán.
¿Cómo escuchamos las críticas? ¿Cómo cuidamos a las personas participantes en estos procesos? ¿Reconocemos la acción voluntaria y ciudadana? ¿Somos conscientes de cuáles de las acciones, o falta de acción por nuestra parte, han podido contribuir a que ocurra eso que nos molesta por parte del resto de actores/actrices en el proceso?
How to practice effectively…for just about anything – Annie Bosler and Don Greene
RITMOS, ESTRUCTURAS Y CONSTRUCCIÓN COLECTIVA
El manejo de los tiempos es una clave. Por un lado, necesitamos mantener la tensión suficiente que nos mantenga dentro. A veces, otras necesidades hacen que los procesos se alarguen, las personas que podrían estar interesadas en aportar su trabajo ya se han enganchado en otros lugares, quienes tenían dudas las ven confirmadas.
Si estos tiempos son necesarios es importante pensar para qué vamos a aprovecharlos. Podemos seguir contando el proyecto e ir sumando perspectivas. Muy importante informar de estos procesos más invisibles, invertir energía en conversaciones e ir avanzando. Incluso cuando aparezcan los bloqueos comprender las necesidades detrás de estos e incorporar ese aprendizaje al proyecto.
Y rescatando espacios para aprender de la experiencia y comunicarlo, lanzamos semillas para nuevos proyectos en nuestro municipio y en otros. Rescatamos ideas para las siguientes acciones en común y por separado.
¿Cómo unimos los hitos? ¿Cómo compartimos los procesos? ¿Qué proyectos podemos cerrar para dedicar energía a los que priorizamos? ¿Cuál es el lugar que debo ocupar en este proyecto y cuáles pueden ocupar otras personas?
INNOVACIÓN Y ORÍGENES
Pareciera que hoy el saber reposado y fruto de la experiencia no es tan importante como la fuerza de lo nuevo. Quizás porque detrás de algunas prácticas defendidas como las “verdaderas”, las “únicas” o las “mejores”, se escondía cierta repetición de una misma experiencia en lugar de aprendizaje acumulado. De la misma manera que hay quienes quieren acabar con todo lo viejo para impulsar lo nuevo, hay quienes se protegen de todo lo nuevo y su potencial. Parece “humo”, “cantos de sirena”…
En ocasiones esta actitud en relación a la “innovación” se descubre en un rechazo a la tecnología, renunciar a aprender a usar nuevas herramientas, a entender lo que podemos hacer con ellas.
Nos ocurre a veces que en el mundo de lo digital tenemos la experiencia de estar en cualquier lugar en cualquier momento.
Necesitamos de toda la experiencia, la construida y la por construir; necesitamos entrenar la mirada de sorpresa y curiosidad además de la distancia que da la experiencia.
¿Cómo unimos los proyectos? ¿Cuidamos las marcas para dar continuidad a los esfuerzos? ¿Cómo reconocemos los proyectos que fueron el origen de lo que estamos haciendo en este momento? ¿Cómo conseguimos que las experiencias de valor sobrevivan el cambio político en nuestras concejalías? ¿Cuáles son las palabras que usamos para nombrar las nuevas ideas y avanzar? ¿Cómo incluimos el potencial de las nuevas herramientas para la conectividad, la escucha y la colaboración en nuestros proyectos? ¿Cuáles son los espacios donde nos encontramos complementando las conversaciones digitales?
DEFENDER Y ARRIESGAR
A menudo, desde la perspectiva de la relación público-social, nos situamos en la crítica a la función garantista de la Administración Pública. La sensación es que incluso leyes como la de transparencia, que compartimos en todo su potencial, está haciendo aún más rígidos nuestros procedimientos. En esta tensión, las batallas a menudo se dan entre departamentos de nuestros ayuntamientos y entre técnicos/as sensibles a unas necesidades a otras.
Cuestionar las necesidades detrás de la protección, defensa, rigidez de los procesos solo los hacen más rígidos. Necesitamos reconocer estas necesidades para ver de qué manera podemos incluir estos objetivos en los procesos que necesitan de mayor flexibilidad y adaptación. De alguna manera habría un proceso en dos tiempos:
No nos peleamos con los límites. Solicitamos información sobre los mismos, conocemos experiencias en marcha similares y dentro de la estructura y de lo posible. Pedimos a las personas expertas en procesos que nos lo recuerden a lo largo del proyecto.
Por otro lado, necesitamos también poder crear y cuestionar parte de estas estructuras. Conocer otras iniciativas similares gestionadas desde otros lugares similares. Y en todo caso, quizás, acompañar explotando las áreas de incertidumbre, pequeños cambios que se vivan como positivos e inspiradores.
¿Qué necesidades están detrás de los procedimientos? ¿Cuáles son los lugares donde podemos explorar a hacer nuevo porque no están aún regulados? ¿Cómo construir una burocracia colaborativa?
A lo largo de estas semanas estamos explorando, recordando, viviendo parte de estas dificultades y estrategias en los procesos de cambio. No hay recetas. Es posible que las soluciones de un lugar no sirvan para otro. Puede ser frustrante o podemos vivirlo como una aventura. Lo primero nos paraliza, lo segundo nos lanza. Seguro que hay caminos intermedios; lo que también es seguro es que las personas que están participando de esta edición de Bherria están conectadas con el movimiento, la investigación, como decía una vez alguien que conocí “el insistencialismo”. ¿Cómo lo veis? ¿En qué terreno os movéis mejor? ¿Cuál os atrapa? ¿Qué hemos intentado? ¿Funcionó? ¿En quién podemos apoyarnos? ¿Dónde probaron a hacer algo diferente?