Algunas reflexiones sobre las implicaciones de esta Inteligencia Artificial generativa. Apuntes de una investigación trasteadora

A veces me pregunto por qué le estoy dedicando tanto tiempo a pensar sobre la inteligencia artificial. No soy informático ni soy especialmente hábil hoy con estas tecnologías, que están evolucionando más rápido de lo que me apetece y hacia un lugar que no comparto, por decirlo rápidamente. Me estoy quitando de las redes sociales o, al menos, de esa manera de divertirme en ellas.

Y, sin embargo, llegan estas herramientas y, de pronto, dan alimento al curioso glotón. También ofrecen una percepción o sensación de rapidez al profesional que cada vez tiene un trabajo más vinculado a los contenidos y a su síntesis. Y, además, abren conversaciones muy pertinentes e interesantes sobre la tecnología en contextos donde parecía que ya no había nada que discutir. No sé, creo que son muchas cosas diferentes.

Sesión de trabajo abierta con Eskubidez

La semana que viene tenemos un encuentro para acompañar a un grupo de entidades en Eskubidez a reflexionar sobre la inteligencia artificial. Volveremos a generar otro espacio de conversación. Solo la semana pasada participé en dos encuentros, organizados por Ikuspegi, Orai, la Universidad de Deusto y Alboan. (En este enlace tenéis mis notas)

Voy a rescatar algunas ideas que creo que pueden ser pertinentes y sobre las que estoy reflexionando en este nuevo salto. Me parece que debemos sumar estas reflexiones a todo lo que he ido compartiendo en el blog durante los últimos meses, ya más de un año, sobre las inteligencias artificiales.

¿Por qué llamarle Inteligencia Artificial a estos modelos generativos?

Una primera reflexión tiene que ver con la conversación, muy interesante, que mantiene Amador Fernández-Savater con Marga Padilla en una de sus entregas sobre las utopías. ¿Por qué llamarle inteligencia artificial? ¿Qué otras palabras podríamos utilizar para nombrar esta tecnología, estas máquinas? No sé si la idea de inteligencia es la más adecuada o, al menos, si la utilizamos, deberíamos estar cuestionando también qué significa la inteligencia para los seres humanos.

Sobre los sesgos humanos de las máquinas

En estas conversaciones en las que he participado estas semanas  aparecía otra reflexión interesante. ¿Cómo pensar que estas máquinas están aprendiendo no solamente aquello que les decimos que aprendan, sino también todo lo que, como ocurre en cualquier relación educativa o en cualquier relación, con mayúsculas, incide e influye de manera más inconsciente? ¿Qué tiene que ver esto con los lapsus, con aquello que no somos conscientes de estar trasladando? ¿Cómo estas máquinas aprenden nuestra manera de pensar, de juzgar y de interpretar la realidad? ¿Cómo estos sesgos cognitivos están presentes en la propia definición de las máquinas y, en la medida en que generan materiales, contenidos o conocimiento —vamos a llamarlo conocimiento—, contribuyen también a que esos sesgos sigan aumentando?

Parece que los últimos modelos, lejos de estar corrigiendo algunos de estos sesgos, están también aumentándolos. Aquí hay algo que tiene que ver con lo que hacemos, con nuestras interacciones, con el material que les damos y con los datos. Pero también hay algo que tiene que ver con las estrategias, vamos a llamarlas comerciales, aunque quizás también políticas e ideológicas, que están detrás de las grandes tecnológicas.

Son modelos entrenados para responder desde cierta corrección política pero cuando le pedimos que entren en respuestas más “creativas” la libre asociación de ideas, también en las máquinas, hace que atendamos a sus patrones más ocultos, que, oh sorpresa, son machistas y racistas. 

Interacción de calidad también desde lenguas minorizadas

Esta cuestión conecta con otra preocupación sobre la estandarización y los idiomas. En estos momentos estamos bastante contentos con cómo podemos interactuar con las máquinas en diferentes lenguas. 

Pero sabemos que la interacción con un idioma u otro genera algunos resultados distintos. En principio no debería de preocuparnos pero en el fondo también hay una reflexión sobre los arquetipos y realidades más y menos presentes detrás de estas máquinas. Una estandarización de la cultura que predomina en internet, que es la de América del Norte y Occidente global y la del hombre blanco de mediana edad sin problemas económicos.

Los centros de decisión siguen estando en lugares muy lejanos, donde la sensibilidad hacia las lenguas minoritarias puede ser muy pequeña. Y esto también es importante. Necesitamos seguir atentas a esta evolución y seguir construyendo infraestructuras propias. 

Los sesgos que estandarizan, suavizan y contribuyen a la fantasía de falsos consensos

En este sentido y sobre la homogeneización, otra pregunta. ¿Cómo puede estar contribuyendo esta tecnología a una estandarización de lo estético y también de los contenidos? ¿Qué impacto puede tener esa tendencia a generar respuestas, imágenes y maneras de interpretar la realidad cada vez más parecidas?

Algunas personas lo habréis observado al interactuar con estas máquinas: dependiendo de las ideas que llevamos a la conversación, las respuestas parecen suavizarse o acomodarse a lo que planteamos. 

Nos devuelve más de lo que proponemos. ¿Cómo es delegar en estas máquinas la escritura de actas e informes sin supervisión? ¿Cuál es la fuente que entregamos, cuál el prompt y el resultado? Necesitamos estar atentas en las tres fases: entrega de datos, solicitud de interacción y resultado final que queremos entregar o utilizar como base para siguientes pasos. 

Sobre los datos que seguimos entregando

Cuando pensamos en la utilización de estas herramientas con datos más sensibles, aparecen otras preguntas. ¿Cómo podemos estar atentas para no ceder a las máquinas decisiones importantes? ¿Cómo protegemos nuestros datos y cómo nos protegemos de su explotación por parte de unas empresas que están recabando información y haciendo negocio con ella?

En ese sentido, ¿cómo crear protocolos o acuerdos que nos permitan cuidar los datos y cuidarnos en nuestras interacciones con estas tecnologías? La desconfianza es absoluta en relación a la explotación de estas empresas de nuestra información. A pesar de personalizar nuestras configuraciones debemos de estar atentos a la información que seguimos entregando.

Me pareció interesante reflexionar por cuanto estaríamos dispuestos a pagar por, por ejemplo, una TV o plataforma que no guarde ni regale nuestros datos de consumo a otras empresas. 

Y, por qué no, seguir pensando si una alternativa no debería ser construir tecnologías públicas y más comunitarias. Quizás no tengan el mismo nivel de desarrollo, de capacidad de respuesta, de rapidez o de conexión con toda la información que hemos generado los seres humanos a lo largo de los siglos. Pero podrían permitirnos tener máquinas más adaptadas a lo que queremos conseguir y a la sociedad que queremos construir.

Esta última idea también está muy presente cuando hablamos de la necesidad de regulación.

Sobre la regularización y los límites en el tiempo del “sálvese quién pueda”

Realmente estamos entrando en un terreno en el que nos gustaría que ocurrieran determinadas cosas, pero donde va a ser muy difícil conseguirlas. La legislación actual está muy vinculada a las soberanías territoriales. Y ahora mismo la desregulación, por ejemplo, en Estados Unidos, contrasta enormemente con la regulación que tenemos en Europa.

Nos encontramos con grandes empresas tecnológicas que están obteniendo enormes beneficios con plantillas relativamente ajustadas y que, además, no están pagando los impuestos en los territorios donde nos encontramos las personas que utilizamos sus servicios. Aquí hay una cuestión fiscal muy importante.

Y también necesitamos pensar cómo hacer palanca en esta situación. De alguna manera, esta realidad vuelve a colocarnos frente al espejo de lo que no acaba de funcionar, de los límites de nuestro sistema actual.

¿Cómo podemos responder a esta complejidad cuando nos encontramos con una arquitectura financiera y organizativa diseñada para obtener el máximo beneficio? ¿Cómo inventamos maneras diferentes de jugar en este escenario?

Parece que California es un lugar donde están ocurriendo cosas muy importantes en un sentido y en otro. ¿Cómo apoyar también a la ciudadanía que se está activando allí? 

Y aquí aparece también la tensión relacionada con la competencia. Cuando desde Europa se oyen voces que cuestionan la regulación, también hay que entender que existe una dificultad real para competir tecnológicamente con Estados Unidos. Es una tensión importante. Y si incorporamos a China en este escenario, la incertidumbre se amplia.

Antropomorfización, empatía y rapport alienante y adictivo

Hemos hablado muchas veces de la comercialización y de la economía de la atención. Otro asunto interesante tiene que ver con el diseño de estas máquinas y con cómo pueden colocarnos en lógicas de mayor o menor adicción. Herramientas que, a través de su diseño, buscan hacerse más empáticas, más cercanas a las personas, y que acaban por mantenernos más enganchadas.

En una de las jornadas aparecía una práctica relacionada con China y su prohibición por ley de la antropomorfización de estas herramientas. Es una cuestión muy interesante.

Pensad, por ejemplo, en las ocasiones en las que habéis interactuado con alguna de estas herramientas a través del audio. Cómo se permite ya esa escenificación, ese teatro de que la máquina está pensando: «Déjame pensar», «Permíteme un momento»… O cómo algunas personas empezamos a llamarla «Chatín», en lugar de ChatGPT. Esa personalización puede colocarnos en un sesgo de confianza del que quizás deberíamos tomar distancia.

Esta tecnología en una internet en disputa

Hay muchas claves relacionadas con todo esto. Y aparece también una pregunta importante: ¿es posible construir una inteligencia artificial sin sesgos?

En el fondo, también estamos ante una lucha por la interpretación de la realidad. ¿Cómo conseguimos que estos modelos respondan desde mentalidades más abiertas, que interactúen con la realidad de maneras que nos hagan bien, que no nos coloquen en discursos que nos lleven a la violencia o a la confrontación, que no nos dejen instaladas solamente en la queja, sino que nos ayuden a adoptar posiciones más proactivas? ¿Cómo conseguimos modelos inclusivos, capaces de incorporar diferentes maneras de entender la realidad?

Una persona, en una de las jornadas de la semana pasada, proponía algo que me pareció interesante: permitir que las respuestas de estas máquinas sean múltiples. Es decir, que no nos ofrezcan solamente una respuesta, sino diferentes posibilidades, de manera que seamos nosotras quienes tengamos que realizar ese ejercicio de reflexión, contraste y elección.

Creo que hay estrategias interesantes en esa dirección. Además, desde nuestras propias interacciones podemos provocar conversaciones de este tipo, pidiendo a los modelos que nos ofrezcan diferentes perspectivas y posibilidades.

Modelos diseñados por nuestras comunidades, interactuando con nuestros datos y en infraestructuras abiertas y públicas sigue siendo un camino a trabajar. 

Cómo está modificando nuestro trabajo y el mercado laboral

Otra reflexión muy interesante tiene que ver con los impactos en el mundo laboral. Es un tema que estamos trabajando también en otro proyecto con Emana, relacionado con el relevo generacional.

Se habla de cifras de sustitución de puestos de trabajo que, tratándose de una tecnología todavía en evolución, no sabemos cuantificar. Además, estas previsiones se parecen bastante a aquellas que escuchábamos sobre los trabajos que iban a ser sustituidos por robots y que, a día de hoy, no lo han sido. Así que habrá que coger esos datos con pinzas.

Pero hay realidades que ya estamos observando. Si pensamos, por ejemplo, en el sector de la traducción, ya se han producido muchos recortes. Y estos recortes no se parecen a lo que ocurrió durante los años ochenta y noventa con la reconversión industrial. En aquel momento hubo mucho dinero destinado a la reconversión y a la formación de las personas que se quedaban sin trabajo. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo vamos a acompañar esta transformación?

Y si realmente vamos hacia una automatización generalizada de un porcentaje importante de las tareas y los puestos de trabajo, ¿cómo vamos a seguir sosteniendo la caja de las pensiones? Recuerdo que, cuando hablábamos de robotización, algunas voces, como la de Bill Gates, planteaban que los robots deberían cotizar. Quizás ahora deberíamos recuperar esa conversación. ¿Cómo establecer tasas por el uso de inteligencias artificiales? ¿Cómo pensar en fórmulas de cotización vinculadas a los agentes de IA? Aquí hay cuestiones muy importantes.

Y también aparece una tensión relacionada con los perfiles profesionales más sénior y más júnior. Parece que, para las tareas más sénior, vamos a buscar perfiles capaces de trabajar junto a la inteligencia artificial. Y eso es clave. Pero ¿qué va a pasar con los perfiles júnior? Si una organización puede pagar 200 euros al mes por una de las licencias más caras de inteligencia artificial —que, por cierto, seguro que seguirá subiendo de precio— y con ella realizar tareas que antes encargaba a una persona por la que tenía que pagar 1.500 euros, además de las cotizaciones correspondientes, ¿qué decisiones va a tomar?

¿Cómo hacemos para proteger esos espacios laborales? Y, sobre todo, ¿cómo seguimos apostando por las personas júnior? Porque si dejamos de apostar por ellas, dentro de unos años no tendremos perfiles sénior.

También es importante sostener la reflexión sobre cómo cuidarnos de la precarización laboral.Y además ¿Qué hacemos con los beneficios que nos pueda proporcionar cierta automatización? ¿Dónde invertimos el dinero que podemos ahorrar utilizando estas herramientas? ¿Cómo distribuimos esos beneficios? 

La delegación de las decisiones importantes

El desarrollo de esta tecnología se está produciendo en un momento en el que hay una enorme cantidad de datos que hemos regalado durante las últimas décadas, con una población absolutamente adicta al teléfono móvil, a las redes sociales y a todo lo que ocurre en ellas. Y con una capacidad de computación que supera con mucho lo que hemos conocido hasta ahora.

Además, en este contexto parece que se está produciendo una especie de confabulación. Como estamos sometidas a una enorme cantidad de información, a la infoxicación, y muchas veces tomamos decisiones rápidamente, desde las emociones e impactadas por lo que ocurre a nuestro alrededor, aparece el relato de que la inteligencia artificial, supuestamente neutral, objetiva, fría y menos vulnerable al ruido de las emociones, nos va a ayudar a tomar mejores decisiones.

Creo que esto es un error. Es algo que se recoge muy bien en el libro “El Algoritmo paternalista” y que quizás forma parte del propio discurso comercial de estas tecnologías.

Mucho cuidado con las decisiones que estamos delegando en las máquinas. Lo importante debería seguir estando en nuestras manos. En todo caso, aquellas tareas que consideremos más automatizables deberían contar con supervisión humana y, cuando sea necesario, con auditorías que nos permitan seguir ajustando y mejorando tanto las máquinas como las tareas que realizan.

Mucho cuidado con comprar el relato de nuestra supuesta debilidad emocional y pensar que delegar decisiones importantes en estas tecnologías, como ya está ocurriendo en cárceles, hospitales o áreas de servicios sociales, va a solucionarnos los problemas. Parece que esta promesa también está puesta al servicio de la venta del producto.

Además una de las grandes quejas en nuestras organizaciones tiene que ver con la burocracia, con que cada vez tenemos más respuestas que ofrecer, más preguntas que sistematizar y más procedimientos que gestionar. En ese contexto aparece la promesa de que la inteligencia artificial nos ayudará a aligerar la burocracia. Mucho cuidado también con esto.

Una infraestructura contaminante

Uno de los elefantes en la sala es el impacto ambiental. Aquí hay algo interesante en la manera en la que nombramos la tecnología y ocultamos su materialidad. Cuando hablamos de «la nube», por ejemplo, probablemente estamos utilizando una de las mejores palabras que se han inventado para eludir una realidad. Porque cuando hablamos de nube estamos hablando de kilómetros y kilómetros cuadrados de centros de datos que ocupan tierras, consumen recursos y tienen impactos concretos sobre los territorios.

Por eso, cuando hablamos de las características que debería tener una inteligencia artificial de calidad, junto a la robustez, la transparencia o la ética, deberíamos incorporar también la sostenibilidad.

Hay personas investigando estas cuestiones y me parece realmente interesante seguir ese trabajo. También tenemos impactos muy cerca, por ejemplo, en Aragón, con el desarrollo de nuevos centros de datos.

Estos centros pueden funcionar como islas de calor. Se habla de estimaciones de incrementos de temperatura que podrían llegar hasta los dos grados en determinados entornos. Además, están compitiendo por recursos como el agua y la electricidad. En algunos lugares de Estados Unidos se han mencionado incrementos de casi un 300 % en las facturas eléctricas.

Creo que es un tema importante y que también deberíamos relacionarlo con nuestras propias interacciones. Por ejemplo, generar una imagen tiene un coste energético mucho mayor que interactuar mediante texto. Quizás deberíamos poder revisar de vez en cuando nuestros propios consumos. No sé si la huella de carbono sigue siendo el indicador más adecuado, pero pensar sobre estas cuestiones me parece clave.

Y seguimos

Estas son algunas de las ideas sobre las que he ido aprendiendo y reflexionando últimamente. Ideas que tenemos que colocar junto a otras relacionadas con la gobernanza, con la manipulación y con el impacto que estas tecnologías pueden tener sobre el debate público y la democracia.

Volvemos a encontrarnos con una nueva capa tecnológica capaz de influir en nuestras conversaciones y en la construcción de la opinión pública.

Marga Padilla y Amador Fernénadez Savater hablando sobre Utopía, Inteligencia Artificial y máquinas amigas

Por último, quiero recuperar dos reflexiones de Marga Padilla en el podcast que mencionaba al principio. De todas las cosas que decía, hubo dos que me resultaron especialmente significativas.

La primera tiene que ver con qué relación queremos mantener con las máquinas. Ella propone una relación más horizontal y me parece una idea muy interesante. Lo comentaba hace unos días con una amiga. No se trata de atribuirles características humanas ni de pensar que son personas. Se trata más bien, como propone Marga Padilla, de recuperar algo de la relación que los artesanos y las artesanas tenían, y tienen, con sus herramientas.

Y la segunda reflexión tiene que ver con la movilización social. Si estuviéramos dando los primeros pasos de una movilización social crítica con los impactos de esta tecnología disruptiva, ¿cómo sería? No me refiero a una movilización construida desde la trinchera, sino desde la apropiación de la propia tecnología, de las tecnologías. Me parece una reflexión realmente interesante. ¿Cuál sería esa declaración fundadora?

Conversaciones difíciles sobre vivienda

La vivienda ha ocupado, por fin, un lugar central en la conversación pública. Llevaba demasiado tiempo condicionando las expectativas de vida de muchas personas, dificultando la emancipación de las más jóvenes y bloqueando proyectos vitales.

Y, sin embargo, cuando parecía que podíamos sumar fuerzas alrededor de una demanda compartida, reconocer la vivienda como un derecho que debemos garantizar, aparecen voces que cuestionan e incluso ridiculizan las propuestas para hacerlo posible.

Como señalaba Mark Fisher, parece que nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Como si las reglas actuales fueran las únicas posibles. Como si fuera inevitable convertir una necesidad básica en un negocio donde algunas personas ganan mientras otras pierden.

Tu inversión, el problema de otras personas

Durante décadas, invertir en ladrillo ha sido una práctica socialmente aceptada. Comprar viviendas para alquilarlas o ampliar el patrimonio se ha presentado como una decisión inteligente y responsable.

Pero ¿qué significa obtener una rentabilidad semejante de algo que otras personas necesitan para vivir? Lo que para unas supone aumentar su patrimonio, para otras significa perder autonomía y oportunidades. Como gritabamos el otro dia por las calles de nuestra ciudad: Negozioa bada, ez da eskubidea (Si es un negocio, no es un derecho)

El problema es complejo y tiene responsabilidades compartidas, siendo un reto enorme y con muchas caras hay una con la que convivimos y tiene que ver con la responsabilidad de los que somos propietarios y las personas, a veces amigos y amigas, que apostaron a invertir a este “valor seguro”. Son personas con las que podemos compartir sensibilidad social, experiencias de clase y una defensa de lo y puede ocurrir que tengan dos y tres viviendas y obtengan parte de sus ingresos del alquiler de estos pisos.

Cuando el debate señala a las personas que obtienen ingresos con rentas como parte del problema, algunas se sienten atacadas. Aparecen las defensas y las justificaciones de decisiones que hasta ahora apenas habían sido cuestionadas.

La pregunta que me hago es: ¿Cómo conversamos con personas que defienden una sociedad más igualitaria y participan, al mismo tiempo, de un mercado que profundiza las desigualdades? Porque creo que estas conversaciones son las que tenemos que tener. Nuestros contextos y conversaciones nos afectan y es bueno que contribuyamos al debate y a mover los engranajes necesarios. 

La especulación no es inevitable. La hemos permitido.

Estas decisiones no se han tomado en el vacío. Hemos construido, algunos con más fuerza e ímpetu que otros, un modelo donde la vivienda en lugar de estar protegida como necesidad básica, es más un mecanismo para el ahorro y oportunidad de especulación. 

Buena parte de la legislación actual, la entrada de capital extranjero, los grandes operadores inmobiliarios y miles de pequeñas inversiones individuales han contribuido a sostener este modelo.

Sobre el turismo, el impacto en los barrios históricos de nuestras ciudades y el modelo de ocio y vida que impone podemos hablar en otro momento. Los alojamientos turísticos y temporales han retirado viviendas del mercado residencial en determinados territorios y son parte del problema en la subida de los alquileres en nuestros barrios.  

¿Quién gana y quién paga las consecuencias? ¿Qué ocurre cuando una actividad económica desplaza población y debilita las relaciones comunitarias?

Tener derecho a hacerlo no significa tener que hacerlo

Tener capital, ahorros o varias viviendas es un privilegio y sobre esto ya hemos escrito; reconocerlo, agradecerlo y actuar con responsabilidad es la secuencia. 

¿Por qué asumimos que debemos obtener siempre la máxima rentabilidad posible? ¿Por qué renunciar a parte del beneficio parece una ingenuidad, mientras contribuir a mantener precios inaccesibles se considera una decisión inteligente?

Existen alternativas. En Euskadi, programas como Bizigune, gestionado por Alokabide, permiten incorporar viviendas privadas al alquiler protegido. Podemos obtener un retorno económico sin alimentar la escalada de precios. También podemos renunciar a convertir viviendas residenciales en alojamientos turísticos.

Quizás no se trate tanto de cuestionar las decisiones que tomamos en su momento, sino de preguntarnos qué podemos hacer ahora con lo que tenemos, siendo conscientes de lo que está ocurriendo y de las consecuencias de nuestras decisiones.

¿Y si quien especula es alguien a quien quieres?

Hay situaciones especialmente incómodas. Podemos querer a personas que han decidido situarse abiertamente en una lógica de explotación económica. Personas que consideran ingenuo renunciar a beneficios y exhiben cierta testosterona económica: comprar barato, alquilar caro y aprovechar la presión turística como demostraciones de inteligencia.

¿Y qué hacemos cuando alguien a quien queremos sostiene prácticas que consideramos injustas? ¿Rompemos la relación?

No tengo una respuesta cerrada. Me parece importante no abandonar estas conversaciones. Comprender no significa justificar. Cuidar una relación tampoco debería obligarnos a guardar silencio.

Si queremos cambiar las reglas, también tenemos que cambiar nuestras decisiones

Cada conversación puede mover algo: una duda, una consecuencia que no habíamos considerado o una alternativa que parecía imposible. No perdamos la oportunidad, generemos incomodidad, procuremos no fabricar “rentistas rígidos” con nuestro señalamiento, abramos posibilidades… al menos en las conversaciones. En la calle gritemos y hagamos visible la violencia de esta injusticia. 

Necesitamos recuperar la función social de la vivienda. Que las personas jóvenes puedan emanciparse, las mayores adaptar sus hogares y nuestros barrios seguir siendo lugares donde vivir y construir comunidad.

Esto requiere nuevas reglas y políticas públicas decididas. También revisar nuestras inversiones y prácticas cotidianas. No tenemos las mismas posibilidades ni responsabilidades. Pero cada cual puede preguntarse qué hacer desde su posición.

Porque transformar el sistema también significa dejar de alimentar las dinámicas que lo sostienen. Y eso nos interpela especialmente a quienes tenemos algo que perder con el cambio.

Ideas para la reflexión desde la frontera sobre los impactos comunitarios, iniciativas y aprendizajes de las Mesas de inclusión

Comparto en esta entrada la exposición que utilicé en las jornadas impulsadas por por la Dirección de Empleo e Inclusión del Departamento de Trabajo y Empleo del Gobierno Vasco donde se convocaba a diferentes iniciativas vinculadas a las Mesas Locales de Coordinación entre Sistemas de Inclusión Social. (Esteka honetan, euskarazko aurkezpena deskargatu dezakezue)


He recurrido a una metáfora para compartir algunas claves que, a mi entender, atraviesan las dificultades que encontramos cuando tratamos de responder colectivamente a fenómenos tan sistémicos y globales como la pobreza y la exclusión.

Voy a presentaros a un autor, se llama Hundertwasser y una teoría y dibujo que nos regaló hace décadas, titulada las 5 pieles. Seguro que hallaréis ideas con las que discrepar, otras que puedan serviros de apoyo y quizá algunas que os dejen indiferentes —ojalá sean las menos.

La primera piel: el cuerpo. El ser humano es vulnerable, sensible, goza y sufre. 

El autor hace una denuncia de una sociedad que violenta los cuerpos. ¿Qué tiene que ver esto con nosotros?

  • Las personas y colectivos que llegan a nosotros y nosotras lo hacen tras una acumulación constante de rupturas de vínculos. La exclusión es eso: un continuado romper vínculos. ¿Cómo es cuando llegan a nosotros? A veces también nos cuesta construir vínculos. No es fácil. Hay situaciones que nos producen rechazo. Además algunas veces hemos pensado que ser un buen profesional es apostar por la distancia. Sabemos que estar cerca nos ayuda a entender y la distancia nos permite traer nuevo. Si estamos demasiado cerca no aportamos nada, nos podemos perder; estar demasiado lejos no nos permite conectar con la realidad, ser sensibles. La burocracia puede convertirse en una estrategia de defensa. Necesitamos seguir creando alternativas a la distancia excesiva. Interesante pensar en aquellos profesionales que nos parecen inspiradores/as y pensar en qué medida nuestra práctica actual nos acerca o diferencia de estos. 
  • Hoy hablamos mucho de salud mental. Muchas personas percibimos dos fenómenos. Por un lado, parece que hay más permiso social para mostrarnos vulnerables y expresar nuestra sensibilidad. Y eso puede leerse como un síntoma de avance. Identidades más abiertas y que se construyen afectadas por lo que cambia. Por otro lado la certeza de que algo está ocurriendo para que más personas se sientan desorientadas o desbordadas, y esto merece una mirada profunda. Existen condiciones estructurales que no están en nuestras manos. Pero sí está en nuestra responsabilidad reconocerlas y no responder de manera exclusivamente individual a problemas que requieren respuestas colectivas. 
  • Entendiendo que somos parte de una red y que ningún profesional puede dar respuesta a todo, a veces trabajamos como si nos pasáramos la “patata caliente”: “Yo no puedo, quizás otro”, o de otra manera, “En esto no soy competente, igual lo es otro”. Con cariño pero a veces somos “una cadena de incompetentes”. Y entonces comenzamos a reunirnos las personas que no pudimos dar respuesta a la situación por sí solas para ver si podemos hacerlo de una manera coordinada. Está bien sabernos limitados, necesitamos proteger el vínculo, engrasar estos espacios para no perder de foco a las personas y conectar de manera responsable con esta incapacidad. Tener como objetivo aumentar las competencias del colectivo, de la red, del sistema. 

Algunas preguntas: ¿Cómo cuidamos el vínculo desde esta red de profesionales? ¿Quién tiene el vínculo y como seguimos reforzándolo? ¿Cómo evitar que este trabajo en red se convierta en una cadena de incompetencias y transformarlo en una forma que acoge?  ¿Cómo cuidarnos para que la alternativa al dolor no sea únicamente la distancia? ¿Cómo seguir construyendo espacios de seguridad donde no tengamos que protegernos?

“Nos unimos por nuestras similitudes, crecemos por nuestras diferencias.” — Virginia Satir

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#deskorapilatzen #16 Afektuak landu, zaintza bideratu

Alex Orbe eta Asier Gallastegiren #deskorapilatzen komikiaren hamaseigarren emanaldia. Oraingoan eta, bereziki  eginda, Fernando de la Riva lagunarekin.

(Aquí en castellano)

#desAnudando #korapilatzen #16 Cultivar los afectos, caminar los cuidados

Entrega número dieciseis del cómic #desAnudando Alex Orbe y Asier Gallastegi. Y en esta ocasión y de manera especial con mi amigo Fernando de la Riva

Fútbol: Uso de metáforas, palabras y marcos para abordar temas complejos

No sé cuál fue la frase que utilicé para intentar condensarlo todo y llamar la atención en la cena familiar. Conseguí hacerlo pero enseguida tuve que empezar a matizarme. Quería transmitir algo de todo lo que me bulle en el cuerpo en relación a los límites en el crecimiento y los impactos a muy corto plazo en nuestras vidas. Y entonces me planteé utilizar algunas anécdotas futboleras que pudieran ayudarme de puente. Hoy escribo sobre esto. 

Women’s football. The team captains greet each other with a kiss. England, Preston, 1920.

La primera referencia fue la famosa rueda de prensa dónde Mbappé y Galtier del Paris Saint Germain francés se mofan de la propuesta de viajar en tren en vez de en avión. Ya habíamos hablado antes de este tema. Cuándo veo de nuevo el video conecto con la distancia. Es un abismo de clase, una brecha absoluta. Las formas destrozan cualquier conexión con el reto compartido. No va con ellos. Se ríen de la pregunta. 

Ante el recordatorio la conexión fue directa. “Si no hay petróleo, en el PSG lo van a pasar mal”. Mi hijo recordaba en manos de quién está este equipo de fútbol, el emir de Catar, Tamim bin Hamad Al-Thani. 

Pensaba en las conexiones entre los contextos y la capacidad de conectar con una u otra información. Se trata de las burbujas y la distancia entre pobres y ricos. Tus rutinas de desplazamiento y el origen del dinero que te posee (por ejemplo), hace increíble y una fábula imposible (otro ejemplo) la desaparición del petróleo barato. 

Juan Bordera explica bien las razones por las que aún algunas personas se ríen ante la posibilidad de renunciar al coche, las empresas de automoción o vinculadas siguen apostando con las mismas cartas y las administraciones públicas apostando por infraestructuras y hormigón. 

Os recomiendo leer este texto. A riesgo de hacer spoiler. El documento que orientará sobre los siguientes pasos a dar en relación al cambio climático, realizado de manera colaborada entre decenas de científicos, es filtrado en una fase de borrador donde la imagen es muy clara y aterradora. Tras el trabajo de “cepillado” correspondiente y en un resumen ejecutivo dirigido a las personas que toman las decisiones, las referencias a esta realidad y la necesidad de apostar de manera decidida por el decrecimiento desaparecen. 

Si os quedáis con ganas de más os recomiendo leer el  “El otoño de la civilización”

Vuelvo al fútbol. Este video ya lo he utilizado en mi blog en esta entrada. Traigo de nuevo a este maravilloso partido entre filósofos alemanes y griegos de los Monthy Phyton.

Quizás es una imagen que no se corresponde exactamente con la realidad o tal como yo veo hoy la situación. Desde mi punto de vista la dificultad no está en que perdamos en tiempo en pensar. Quizás, el vértigo de tomar el balón y dar los primeros pasos, está demasiado condicionado por unas gradas que gritan para que todo siga igual, espoleadas por lobbys extractivos y desconectados del bien común.  

Seguimos conversando en aquella cena que es posible que el fútbol de las estrellas, los sueldos millonarios y  fichajes globalizados este tocando a su fin. Es difícil sostener esta idea cuando en unas semanas habrá un mundial que cambia de fechas para sostener el calor. No buscamos convencer a nadie en contra de lo que opina. Esto hace más rígida la posición y es lo que menos nos interesa. Aquí aposté por lo emocional. Quizás en ese nuevo Fútbol nuestro equipo, el Athletic, vuelva a tener oportunidades. Quizás haya algo en el decrecimiento que nos pueda conectar y enchufar. Puede ser que en el fútbol que se desplaza en autobús o tren haya algo de lo que algunos echamos de menos.

Me permito un bonus track. Por un lado algunas referencias que también han utilizado el futbol para explicar algunos contextos complejos:

Otro más y sobre el uso de las metáforas para transmitir información:

  •  “Los marcos son estructuras mentales que moldean nuestra visión del mundo. Un cambio de marco es un cambio social”. Así comienza Lakoff su libro “No pienses en un elefante”. Se trata de generar un marco, una idea, una marca, no tanto de construir grandes argumentos. Está contrastado que cuando la información que recibimos (los datos) no se conforman a los marcos inscritos en nuestro cerebro, nos quedamos con los marcos e ignoramos los hechos. Entonces la pregunta es: ¿Cómo contribuimos a construir otros marcos? ¿Cómo ofrecemos un marco dónde el decrecimiento se perciba a favor del bien común y de un desarrollo humano?. Si os interesa podéis leer una introducción en forma de artículo. En lenguaje futbolero se trataría de poner en valor el refuerzo del trabajo de cantera, la apuesta por recorridos profesionales plenos dentro de un club… Algo de esto escribí en otro post en mi blog. 
  • Reflexionamos también sobre las metáforas para transmitir conceptos o dinámicas más complejas. A veces lo que proponemos parece distanciarse mucho de lo que queremos contar pero en algunas ocasiones pone en marcha intensos procesos de descubrimiento de sentido. Describir no siempre ayuda a modificar la realidad y nuestro acercamiento a la misma. Nuestras palancas se encuentran más en el terreno de los relatos sobre lo que ocurre. Se trata de reconocernos en lo que escuchamos y también de extrañarnos suficientemente para comprender algo nuevo. La imagen de los filósofos jugando al fútbol puede ser una buena metáfora para hablar del tiempo derrochado y la urgencia por mover el balón ante el reto actual. 
  • Utilizar las mismas palabras. Desde nuestra experiencia cuando nos dirigimos a una persona y a un colectivo es importante que estas puedan sentirse reflejadas y escuchadas. Sin pretender hacer un “cajón de sastre” donde dar cabida a cada detalle pero sí usando expresiones e imágenes propias de estas personas. Si hablamos de fútbol sigamos el hilo y hablemos de “penalty”, “juego limpio”, “equipo”, “portería a cero”, “hacktrick”, “fuera de juego”. Los video de Líbero son un buen ejemplo.

¿Qué imagen toma forma en vuestra cabeza cuando leeis estas letras y veis estos videos? ¿Cómo transmitiriais vuestras ideas a través de una metáfora? ¿Con que canción os conecta? ¿Con qué obra de arte? ¿Cómo transmitir esto que te importa en lenguaje futbolero?

De gansos y estorninos I

Acabamos de volver del encuentro “Fliying the Kites” en Amsterdam.  El encuentro comenzaba con una apertura de Jan Jacob Stam, detrás suyo un video de una bandada de estorninos y su particular danza.  Tengo algunas ideas que he ido compartiendo con algunos amigos y amigas estos días.

La primera luz viene, de nuevo, de una confusión. Una persona ante la pregunta de que pájaro eran estos que aparecían en el video dijo que “gansos”.  Después de reírnos un buen rato la imagen resulto perfecta.

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Ciudades a escala humana y el futuro de la arquitectura

La inhabitabilidad material del barrio miserable es preferible a la inhabitabilidad moral de la arquitectura funcional, utilitaria. Por ello, debe perfeccionarse el principio del barrio pobre, es decir, de la arquitectura que prolifera espontáneamente y tomarlo como punto de partida en vez de la arquitectura funcional.

¨Manifiesto del enmohecimiento contra el racionalismo en arquitectura». Hundertwasser. 1958.

Si mi gurú particular en estos temas me invita a reflexionar sobre un tema no puedo más que decir que sí, abrir un nuevo documento en blanco, leer algunas reflexiones y comenzar a escribir mitad apasionado, mitad absolutamente desinformado.

A Manu Fernandez lo conocí hace unos meses gracias a una propuesta de proyecto que no acabó de cuajar. Yo en aquel momento trabajaba en la viceconsejeria de vivienda de Gobierno Vasco y acompañaba en esa aventura a Pilar Garrido, gran amiga y en ese momento directora de vivienda, innovación y control. Fueron un par de encuentros, mucha sintonía y accidentes ajenos a nosotros pero no al objeto de trabajo.

Pasaron las semanas y descubrí su blog. Como mucho de lo importante que me ocurre en la vida no tengo ni idea como llegue allí. No existen las casualidades. Soy un fan declarado de esa bitácora y las reflexiones que allí vierte Manu con una periodicidad, documentación y pasión absolutamente envidiables.

erandio
Erandio by gallas

En los meses que trabajé para el equipo de vivienda retome de alguna manera una de mis pasiones; la reflexión sobre la construcción de los espacios urbanos. No sé yo si voy a ser capaz de contaros el origen de esta pasión. Yo creo que es suma de tres cosas:

  1. Nativo de Getxo y con arraigo en su barrio de Algorta. Tenía una dimensión muy abarcable, el límite al norte con el mar y playas llenas de piedras. En los veintitantos años que viví allá apenas hubo expansión y las casas de “todalavida” sobrevivían. Esta sensación de chicodebarrio la cultivo yéndome a vivir al casco viejo de Bilbao.
  2. En mi mochila de emociones y experiencias hay tres años en la escuela de arquitectura. Mi padre quería que fuese ingeniero. Aun hoy no sé muy bien que hacen los ingenieros pero no me atraía nada de nada. Yo disfrutaba dibujando y no tuve huevos para hacer bellas artes. Como cuando vives entre serrín y puede que quieras construir muebles a mi me paso que me quede con las ganas de diseñar espacios para vivir y transitar.
  3. Diez años de trabajo en la asociación para la intervención social y el desarrollo comunitario; Bidegintza. Mamé desde el principio las consignas del trabajo social comunitario de Marco Marchioni, el desarrollo local, el barrio, la construcción de la comunidad, el trabajo en red con personas profesionales y voluntarias, las AAVV, reflexiones continuas sobre la participación,…

Alguien que me conozca bien os dirá que siempre empiezo y acabo hablando de mí. Creo que no es una cuestión de ego, me ayuda a contar cosas. Confío trascender un poco en las próximas líneas.

Me paso hace ya unos años que tuve la oportunidad de visitar las obras del edificio de Frank Ghery para el emporio Guggenheim en Bilbao. En aquel momento para mí era como visitar las tripas de un gran Gargantua. Los esfuerzos para levantar aquella folie amenazaban a la cultura de base, la que se construía en pequeños talleres de dibujo, teatro,…  Recuerdo que escribí algo sobre aquel monstruo y lo oportuno que pudiera ser un meteorito bien orientado hacia el mismo.

La visita fue impresionante, en aquel amasijo de hierros color oxido los espacios empezaban a adivinarse y prometían algo de lo que luego he podido disfrutar tantas veces.

Mi precario equilibrio antiguggenheim se había ido al garete.  Había que construir uno nuevo. Era algo así como… no comparto la política del arte-arquitectura espectáculo, creo mucho más en la construcción compartida, en el impulso a los pequeños espacios de encuentro cultural, el apoyo a las iniciativas más personales y brillantes y débiles, en la gestión del dinero y las plusvalías de manera más compartida,… Y además, -no caí en el error de poner un “pero” aun sin conocer la existencia de las “frases killer”-, disfruto de la genialidad de algunas personas que se sitúan contracorriente, imaginan y venden ideas tan especiales. Pasear por aquellos espacios, sobre todo el atrio del museo, me parece una de las experiencias más impresionantes.

Un ejemplo extremo es el de mi curiosidad extrema por el proyecto de Chillida en Tindaya siendo consciente de impactos, negocios mediante y oposición de colectivos a los que me siento absolutamente afín. Y es que soy una cosa y la otra. El que vibra con la construcción colectiva de un mural y el que tiene absolutamente claro lo que le gusta como resultado final y lo que no.

Esta década larga de los arquitectos estrella ha aupado los delirios de grandeza de los herederos de Brunelleschi y cia. Es muy diferente pertenecer al gremio de quienes a lo largo de la historia han reparado zapatos o hacerlo al de los responsables de todas las construcciones religiosas que han trascendido a sus respectivas épocas para contarnos la vida de sus contemporáneos a través de su interesada percepción.

La arquitectura siempre ha estado al servicio del pagador y ahora tocaba decir cosas grandes, modernas e importantes. A mí hay lugares que se han construido desde esta locura colectiva que me parecen maravillosos, otros “mecenas” han errado absolutamente y alimentado a “artistas” sin genio (acabo de leer unos cuantos textos sobre creatividad y hay varias expresiones que utilizo que se debieran de leer con cierta ironía, solo lo apunto aunque considero imposible percibirlo sin más).

A decir verdad me impresionan bastante más los interminables ensanches de pueblos y ciudades protagonizados por ese engendro que es el “adosado”. O me afectan en la boca del estomago con una rabia llena de impotencia las reformas urbanísticas y nuevos edificios en los centros históricos de nuestros barrios que no buscan ninguna conexión con lo que ya había, con la historia, con las necesidades, con los materiales de alrededor, los estilos,…

Se ha construido tantísimo que da la sensación que dentro de la minuta de algunos profesionales no entraba el paseo de rigor por el lugar, por la parcela, ni un mínimo estudio de impacto. Proyectos redactados para un lugar del mundo acaban construyéndose en otro con absoluto desparpajo. Aquí la responsabilidad es de unos ayuntamientos sin dinero para invertir, presionados por el cortoplazo de las elecciones cada cuatro años y la percepción de sus suelos como si fueran pozos de metales valiosos.

Y esto estalla. No hay dinero y además un montón de dramas personales de soga al cuello. Y la reflexión es la de la sostenibilidad, la del fin de los grandes proyectos, la reubicación de todos los profesionales del sector y en especial sobre la responsabilidad de urbanistas y arquitectos.

Sobre el impacto de los cambios en las carreras universitarias ya escuche yo ecos haya por los primeros noventa. No tengo criterio. La especialización mata la creatividad personal pero te obliga a construirla junto a otros/as. No lo sé.

Algorta by gallas
Algorta by gallas

Mantengo una particular batalla con un gran amigo. Disfrutamos con las mismas obras de arte y luego a la hora de crear yo le digo a él que es absolutamente barroco, rozando lo churrigueresco. El se despacha conmigo y mi necesidad de románico.  Luego ya hablo de mí y mis expectativas. Confío en que la crisis sea oportunidad también para la arquitectura como lo cuenta en estos días las páginas del periódico de Prisa.

Ojala vengan tiempos de:

  • apuesta por la rehabilitación con criterios de sostenibilidad en todos los sentidos –también en la social-,
  • dónde la reflexión principal sea la de la escala humana como nos recuerda en su declaración de principios el blog de Manu.
  • Dónde construyamos espacios y plazas para el encuentro,
  • dónde nuestros cobijos se puedan adaptar a nuestras particularidades,
  • cadenas de riqueza descompuestas dejen paso a la vivienda como derecho y no como un lujo,
  • los profesionales del sector vuelvan su mirada a la persona y las comunidades para volver a entender su tarea como un servicio,
  • procesos más participados con espacios largos e importantes para escuchar y pasearnos por las realidades sobre las que vamos a intervenir,

Esta mi humilde aportación a un debate que me apasiona.

Eskerrik asko Manu.

Blog Action Day: El cambio climatico y Amin Maalouf

bad-180-150Llego con retraso a leer los twitteos pero entre ellos descubro que esta convocada una nueva acción blogera y en clave de sostenibilidad y «salvemos el planeta». («Cambio climatico» es hoy la corrección politica)

Este tipo de reivindicaciones y convocatorias colectivas que buscan unir energias personales, me interesan como fenomeno y además creo que tienen impacto. Aunque sea porque, bajo la misma etiqueta, diferentes personas invertimos algo de nuestro tiempo para reflexionar, desde nuestra realidad, sobre un mismo tema.

Otras veces ya hemos hablado sobre la necesidad de complementar estas acciones interneteras con otras más «detodalavida». Sobre ciberactivismo me llegaba el otro día un manual que me pareció interesante, no archive en delicious y se perdió en la red. Un día le dedicaré un rato al tema.

Por otro lado pienso sobre lo relativamente rapido que me he puesto con esta historia y lo lento y cauto que me muevo con otras. Este espacio no tiene vocación de comentar cada volatin en este pais de titiriteros. Me quedo con las reflexiones de Lokarri sobre algunos movimientos que me siguen preocupando. Para mi es un error historico, estrategico, de «bombero-piromano» cerrar las puertas al debate y a la reflexión.

Elijo para hablar sobre el cambio climatico una perspectiva más historicista y politica. La del gran Amin Maalouf. En este video (me voy animando con los multimedias en este blog tan de papel y tijeras) nos introduce en las claves de su ultimo ensayo: «El desajuste del mundo: Cuando nuestras civilizaciones se agotan».

Es el libro que ha coincidido leo el día que escribo este post. Didactico, implicado, desde la frontera, subjetivo… Maalouf en estado puro. En las primeras hojas de este libro leo algo sobre sostenibilidad:

Occidente ha ganado, ha impuesto su modelo; pero, debido a esa misma victoria, ha perdido.

(…) Otra consecuencia importante del despegue económico de las grandes naciones de Asia es el hecho de que cientos de millones de personas han accedido a una forma de consumo de la que hasta ahora se hallaban excluidas.

Todo el mundo puede sonreir o indignarse ante determinados excesos, pero nadie puede poner legítimamente en duda que esos pueblos tengan derecho a poseer todo cuanto poseen hace mucho tiempo los habitantes de los países ricos: nevera, lavadora, lavavajillas y todos los demás productos que van con los anteriores: coche familiar y ordenador personal; agua caliente, agua limpia y alimentos a profusión; y también cuidados médicos, estudios, ocio, viajes, etc.

(…) no veo cómo podría alguien impedir que hicieran los que, desde hace décadas se les viene animando a hacer: trabajar en mejores condiciones, ganar más dinero, mejorar sus condiciones de vida y consumir, consumir y consumir.

(…) Si tres o cuatro millones de seres humanos empezasen dentro de nada a consumir por cabeza tanto como los europeos o los japoneses, por no hablar de los norteamericanos, es evidente que tendríamos que presenciar desajustes mayores, tanto ecológicos como económicos. (…) La presión sobre los recursos naturales -sobre todo el petróleo, el agua potable, las materias primas, la carne, el pescado, los cereales, etc.- y la lucha por el control de las zonas de producción, y el encarnizamiento de unos por garantizar su parte de riquezas naturales y el encarnizamiento de otros por hacerse con lo que les corresponde: hay en ello más que suficiente para nutrir incontables conflictos asesinos

Unas líneas rescatadas de este libro y orientadas a llamar la atención sobre los desajustes. El video tampoco tiene desperdicio. Buen provecho.

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