Cuidar la trama que nos cuida. Interdependencia, potenciales y tensiones en el trabajo comunitario

Este texto es una interpretación del informe realizado en Bherria en el que reflexionamos de manera práctica sobre la colaboración público-social para seguir tejiendo trama comunitaria. Me he permitido avanzar algunas ideas más personales y adecuarlo a las jornadas de Salud mental comunitaria que organizaba el Ayuntamiento de Bilbao dentro de su Plan Municipal de Salud.

Yosune Burgoa exploró los cuidados más personales, Gorka Gonzalez “el tigre de Amore” los cuidados dentro de los equipos y yo me sumergí en cómo cuidarnos cuidando la trama comunitaria. 

Comienzo recordándonos que somos en gran medida nuestro contexto. Me viene una imagen. Cuando encontramos una esponja seca, quizá tirada en un vertedero, en una esquina, en un lugar donde hace mucho calor, y la tocamos, parece que no alberga nada de vida. Sin embargo, esa misma esponja, colocada solamente unos minutos en un pequeño balde con agua, cambia de tamaño, cambia de textura. Nos da la sensación de ser algo que no solamente tiene vida, sino que puede contribuir a expandir vida. Los entornos nos afectan por completo y nosotros afectamos a los entornos. Somos contexto y somos también sujetos que habitan y condicionan ese contexto.

Cuando alguien se siente muy independiente y cree que su bienestar depende solamente de lo que está en sus manos, seguramente es porque su contexto le ha permitido sostener esa fantasía. Para que alguien haya construido esa sensación de individualidad necesita un entorno que cuide de todo aquello que permanece invisible y un contexto que, de alguna forma, le permita sentirse invencible. Será un hombre y a veces vestirá corbata o de negro para sentirse parte de una tribu sin que reconozca esta necesidad de sentirse parte de un colectivo. Esto lo explica muy bien Almudena Hernando en su libro La fantasía de la individualidad. En sus palabras:

La sociedad actual idealiza la individualidad y desprecia la identidad relacional porque la primera se asocia con el poder y la segunda con la impotencia. (…) la primera es pura fantasía sino se asocia con la segunda, porque dejaría en evidencia la pequeñez y la insuficiencia que una sola persona representa frente a todo el universo. (Almudena Hernando. La fantasía de la individualidad)

Entrenando vulnerhabilidades. Desde nuestra sensibilidad, quienes tenemos cierta conciencia comunitaria rompimos en algún momento con esa fantasía de la individualidad y comenzamos a sentirnos interdependientes de manera más consciente. Somos, en buena medida, resultado de ese conjunto de relaciones circulares que nos hacen crecer o hacernos pequeños, esponjarnos o secarnos. Y aquí tenemos que tomar una decisión: la comunidad nos puede cuidar o no, y nosotros podemos cuidar o no a la comunidad.  ¿En qué relación con esta trama comunitaria estamos contribuyendo con cada paso que damos?. Un mapa de activos, muy bien ¿Cómo lo ves? ¿Son recursos? Realmente son más que eso, son proyectos que buscan impactar y con los que compartimos parte de nuestra agenda. ¿Cómo construimos desde el reconocimiento mutuo y mirando más allá?

Seis claves para el refuerzo de la trama comunitaria desde la colaboración público-comunitaria

Reconocer la diversidad y trabajar por la igualdad

La primera idea tiene que ver con aceptar y reconocer la diversidad y la complejidad de los contextos en los que trabajamos. No se trata de visibilizar y festejarla solamente. La diversidad ya es.

La diversidad tiene muchos valores, amplía las perspectivas, relativiza reglas fijas, incluir perspectivas nos ayuda a comprender mejor los matices de la realidad. A veces tener toda la imagen no ayuda a dar pasos, y pareciera que ya no tenemos tiempo para compartir, rozar y empastar. Tiempo para pensar, y pensar para tener tiempo. 

Hay maneras diferentes de entender lo que está ocurriendo y, sobre todo, existen desigualdades. Me gustó escuchar hace unos días a Xabier Aierdi recordar que nuestra generación y la generación de nuestros padres fuimos hijas, hijos, nietas y nietos de baserritarras. ¿Cómo hacer que ese recorrido que muchas de las personas que estamos aquí hemos podido vivir en dos generaciones puedan vivirlo también quienes se han incorporado recientemente a nuestros territorios?

No se trata simplemente de experimentar con diferentes especias en la comida. Se trata de construir espacios de mayor igualdad, donde las personas vayamos adquiriendo espacio y mayores posibilidades para participar en condiciones más igualitarias. 

La pregunta sería: ¿Cómo sabemos que las personas que participan y participamos en nuestras actividades han, y hemos, aumentado sus y nuestros recursos para participar, construir comunidad y ser escuchadas?

Liderazgos, poder y capacidad de agencia

Dentro de esa diversidad nos encontramos con personas con poderes diferentes y roles distintos. 

Se trata de conseguir que quienes participan y participamos en los procesos tengan y tengamos mayor capacidad para intervenir sobre aquello que les y nos afecta.

Y, cuando no se dan las condiciones para ello, necesitamos ser muy claros. No generar expectativas falsas. Marcar desde el principio los límites. Poder hablar de niveles de participación, de los acuerdos y de hasta dónde podemos llegar. No podemos convertir la participación en un happening, sino en algo pertinente y con sentido: necesitamos, por ejemplo, escuchar antes de proponer y contrastar nuestras planificaciones.

Porque si estamos hablando de procesos colectivos, un proceso frustrante, donde las expectativas han superado con creces a lo que ocurrió realmente,  puede dejarnos con menos energía para el siguiente.

Los privilegios no son algo que “tengo yo”, sino algo que circula en el sistema y se me asigna o se me reconoce. Son formas de poder que provienen del contexto social, cultural o personal, no simplemente de cualidades internas. Son una ventaja relacional. Mientras solemos ser conscientes de los privilegios que nos faltan, tendemos a olvidar los privilegios que sí tenemos. Una pequeña propuesta a modo de recorrido:

  • Inventario de mis privilegios (La perspectiva de interseccionalidad nos puede ayudar; raza y género atribuida, edad, clase social…)
  • Ser consciente de las ventajas que tengo desde estos privilegios que están “facilitando” mi vida. 
  • Preguntarnos al servicio de qué realidad y relaciones estamos utilizando estos privilegios.
  • Traer, desde esta responsabilidad, las tensiones que no se nombran y son importantes. Contribuir a que quienes no compartan este rango puedan hablar sin miedo. 

La pregunta sería: ¿Cómo podemos, siendo conscientes de nuestros privilegios y de los diferentes lugares que ocupamos, poner esos privilegios al servicio de que cada vez más personas ganen capacidad de agencia?

Sostener los procesos y cuidar los ritmos

Me gusta pensar que los procesos de transformación colectiva, de encuentro entre diferentes o de eso que a veces llamamos inteligencia colectiva tienen algo de trance colectivo. Puede haber distintas secuencias, a mi me vale: 

  • Encontrarnos, 
  • compartir nuestros análisis y romper ciertos prejuicios, 
  • mirar y dejarnos tocar por las experiencias, vivencias, inspìraciones para abrir nuestra sensibilidad 
  • y en un proceso donde debemos de soltar y estar atentos a los potenciales y lo que coge forma comenzar 
  • y hacer pequeños experimentos, sutiles cambios, 
  • para aprender y seguir avanzando. 

Es como cuando colocamos unos platillos girando sobre unos palillos: no podemos dejar de moverlos porque, si dejamos de hacerlo, caen y se rompen.

Los procesos de construcción de trama comunitaria requieren determinadas habilidades: escucha, capacidad para comprender los límites, metodologías, capacidad de acción y, sobre todo, tiempo.

Sin embargo, muchas veces nos acercamos a ellos desde la poli-militancia o desde agendas que no reconocen este tipo de trabajo. Terminamos haciéndolo corriendo y ya muy cansadas. 

La pregunta sería: ¿Cuáles son las señales que nos dicen que esta mirada a la trama comunitaria y su cuidado tiene un lugar reconocido y central? ¿Cómo entrenamos estas capacidades para participar y facilitar procesos? 

Presencia, reconocimiento y escucha de los potenciales

No podemos mover este tipo de procesos si no existe un primer momento de respeto y reconocimiento de lo que ya existe. Necesitamos presencia. Necesitamos escucha. Necesitamos estar atentas.

No solamente a lo que está siendo hoy la realidad, sino también a lo que ha sido. Comprender por qué las cosas están ahora mismo como están.

Y además también necesitamos librarnos de una especie de sortilegio por el cual parece que nada podrá ser diferente de lo que es. Estar atentos a las pequeñas cosas que ya están cambiando, a aquello que empieza a ser un poco diferente. Apoyar esos potenciales. Hacer palanca en lo que está cogiendo forma. Acercarnos desde el habitar; conectados con nuestras ideas y emociones, sensibles a los pequeños fuegos que de cuidarlos pudieran ser hogueras. 

  • Eso puede implicar cambiar de perspectiva, hablar con personas diferentes, acercarnos a quienes puedan abrirnos un poco la cabeza, el corazón y la acción hacia algo distinto.
  • Y también saber para qué estamos haciendo lo que estamos haciendo.
  • Muchas personas se acercan y nos acercamos hoy a la intervención comunitaria con una cierta capa de cinismo. Hay mucha frustración acumulada. No se trata de hacer un puente gracias a los libros de autoayuda. Pensemos y sintamos para seguir insistiendo.

La pregunta sería: ¿Qué cosas concretas nos ayudan a conectar con la posibilidad, con lo que ha cambiado para mejor? ¿Cómo conectamos con aquellas ocasiones en las que, trabajando juntas, hemos conseguido llegar a un lugar diferente y mejor?

Gestionar de manera responsable el roce y el conflicto

Y una idea que considero absolutamente clave, ahora y siempre, tiene que ver con rescatar y poner en valor el roce, la organización y el conflicto.

Hay personas a las que les gusta el conflicto. Al resto, cuando nos encontramos con algo que nos violenta, quizá nos sale correr hacia otro lugar o intentar abrirle la cabeza a quien nos está violentando para que piense como nosotros.

¿Y cómo sería pensar que, ahora mismo, el conflicto puede ser uno de los motores importantes del cambio social? ¿Cómo entender que el choque entre modelos y la escucha del malestar pueden ser claves para seguir produciendo cambios reales en nuestros barrios?

  • No podemos idealizar la comunidad como un lugar donde todas las personas estamos contentas, nos abrazamos y bailamos al unísono.
  • Pero tampoco podemos demonizarla como un lugar lleno de riesgos e inercias que ya conocemos y en el que, por tanto, no merece la pena abrir ningún espacio para hacer algo diferente.

Necesitamos aprender a habitar la tensión de una manera más virtuosa. En tiempos de conversaciones dopadas, simplificaciones efectistas, economía de la atención y recuperación de supuestas seguridades melancólicas necesitamos entrenar el músculo doble de la comprensión y la capacidad de poner límites. 

Y estar atentos no solamente a lo que está ocurriendo hoy, aquí y ahora, sino también a los futuros: pensar juntas hacia dónde queremos ir y de qué manera queremos hacerlo. 

Nos mueven los miedos y los deseos. 

  • Es bueno escuchar y compartir miedos. Algunos son irracionales y se aplacan cuando son compartidos, otros son reales y pueden ayudar a construir conversaciones importantes sobre el malestar. 
  • Mis sueños pueden ser tus pesadillas y al revés. Para mi hablar de los deseos me conecta con la posibilidad de encontrar palancas para hacer juntas. Convocarnos a hacer.

La pregunta sería: ¿Qué competencias hemos desarrollado para habitar los conflictos? ¿Somos más de poner límites o de aceptar otras perspectivas? ¿Cómo seguimos entrenandonos como personas y espacios para este doble ejercicio?

Experimentar, aprender, sistematizar y compartir

Podemos generar pequeños prototipos, experimentar, probar cosas distintas y aprender de ellas. Y después necesitamos compartir aquello que hemos aprendido. No nos quedemos solamente en nuestro pequeño terreno de juego.

Sistematizar, escribir, documentar, grabar vídeos, hacer fotografías, comunicar. No solamente desde una lógica de marketing para que aparezcamos nosotros, sino para hacer visible que algo ya está ocurriendo en algún lugar y que, por tanto, puede resultar inspirador para otras personas y otros territorios. Traer más de esto que nos hace movernos y ser. 

Quienes se acercan a esta manera de trabajar más inespecífica, lenta, colectiva, preventiva y no saben cómo hacerlo. Empieza cambiando cosas pequeñas:

  • Genera espacios donde la conversación tenga un lugar central. Encuentros recurrentes para que las personas se conozcan y tejan relaciones.
  • Visibiliza las acciones en el territorio, apoyate en ellas y no propongas actividades que compitan en la agenda. 
  • Contrasta planificaciones, evalua escuchando… Trabajar de manera participada mejora la calidad de nuestras actividades. Pregunta lo pertinente y haz caso. 
  • Incorpora una mirada de sistemas a tus hipótesis. Piensa que estamos haciendo para que las cosas permanezcan como están. Es una manera de darle la vuelta a la reflexión. 

La pregunta sería: ¿Con quién vas a compartir lo que has podido sentir y pensar esta mañana de trabajo? ¿Compartiendo estas ideas con estas personas hacia donde pudierais dar un siguiente paso práctico?

“PERMISO PARA LEERSE A UNO COMO PROCESO” A lomos de una tortuga III. REFLEXIONES VERANO 2026.

Me he sorprendido leyendo una referencia al libro “El derecho a las cosas bellas” de Valls Boix en la entrada que hice similar a esta hace ahora un año. Es un libro que me atrajo desde que lo ví, lo he tenido en mis manos un par de veces, ojeado y solo hace unos días he dado el paso de terminar de leerlo espoleado por la recomendación de Pablo y Maria, habitantes recurrentes de la misma playa donde divago en verano. Reconozco, que ante mi tendencia a aflojar, me acerco a algunos textos con una mezcla de atracción, placer y culpa. Tengo la sensación de que el “virus” de la inactividad va a acabar de invadir todo mi cuerpo y que ya, nunca más, volveré a ser un ser productivo. Estos días estoy cerrando su lectura y confío en que la tensión que siento me atrape un poco más. Creo que me aporta lucidez y no es poco. 

En el tiempo con tiempo, que es para mi el verano, de vez en cuando rumio ideas, paseando filtro conversaciones hasta tener la fantasía de decantación y entonces me envió audios que pueden ser el germen de un nuevo texto-proyecto-manera, leo ensayo que me confronta y confirma…

En lugar de ganar rotundidad sigo navegando por la duda. 

Por un lado, en el momento en el que me propongo atrapar alguno de esos aprendizajes y compartirlo, por ejemplo, en un post, paro y me pregunto ¿También en el tiempo de descanso?, ¿es necesario?, ¿hay que sacar rendimiento a esas ideas que te han hecho sentido?…

Por otro lado siento cierto vértigo. En una edad donde la interpretación de los dejavus no se parece a esa lucidez de haber llegado antes sino de quizás estar repitiéndome sin darme cuenta y me pregunto: ¿A dónde se escapan estas ideas si no las escribo?, ¿en qué lugar permanecen lo que te hizo sentido?, ¿estarán contribuyendo silenciosamente a una manera de estar en la vida personal y profesional más estratégica, práctica, adaptativa, crítica y del bienestar?… Ojalá. 

Este año también nos hemos escapado a nuestro particular palacio de verano. En este lugar guardamos un sub lugar para el trabajo. Tenemos un pacto que nos permite trasladarnos a este otro espacio-tiempo con el compromiso de avanzar en algunos proyectos. Este año ha habido un par de ellos más activos que el resto. Procesos atractivos que por distintas razones se hacen más complicados que apasionantes. Mirarlos con la distancia de este otro ritmo complementa mi rol habitual con una tendencia a la metareflexión o como diría François Jullien en uno de los últimos libros que he leído en el “ecart” entre ideas que se necesitan para recuperar todo su potencial y recurso. Me acerqué a este libro  “La identidad cultural no existe” buscando quizás una mirada que me ayudará en nudos más sociales y organizativos y me ha ayudado a reforzar esta estrategia de la gestión de las polaridades que tanto he utilizado especialmente en los últimos años y en contextos muy distintos

Leer como nos recordaba hace unas semanas en su libro “La Batalla del pensamiento” Amador Fernández Savater es una manera de acceder a otras posibilidades, de permitirnos entrenar esa “escucha por desplazamiento”. ¡Cuánto he disfrutado con esta sucesión de entrevistas y artículos de Amador!. Su podcast sobre las utopías con la casa encendida ha sido un viaje precioso, una vez más, al mundo de los potenciales. Entrenando esta mirada en nuestra relación con el pasado, los relatos, los sueños, los animales, la tradición, la ciencia ficción, el feminismo… 

Leer “Futuro ancestral” recopilatorio de las ideas de Krenak, un regalo de mi amigo Joseluis Roncero, me ha ayudado a complementar esta mirada a los potenciales de una manera preciosa. “Se trata de sentir la vida en los otros seres, en un árbol, en una montaña, en un pez, en un pájaro, e involucrarse con eso”.

Después de escuchar esta entrevista a Lola López Mondejar en la maravillosa secuencia de encuentros que nos ofrecen desde el canal de “Arpa Talks” he terminado estas semanas con “Invulnerables e invertebrados”. Creo que fue un cruce de recomendaciones por parte de Elena Palma y Lola Montejo la que me pudieron en la pista tras esta psicoanalista. El texto no tiene desperdicio. He vuelto a tener esa sensación de alguien que acaba de redondear ideas que balbuceaba hace tiempo. Mezcla rigor, jerga e historia del psicoanálisis, práctica clínica, contraste con fuentes diversas y cercanas, con una apuesta transitando por las fronteras de las distintas identidades y estructuras de la personalidad que, por adecuadas a este sistema económico actual, nos atraviesan condicionando nuestra libertad y desarrollo.  “Frente a la caída en la identidad que nos empobrece, nuestra incómoda propuesta es volver a pensarnos, a interrogarnos, a dejar de lado la actuación compulsiva para atrevernos a mirar hacia un interior que quizá a estas alturas ya encontremos vacío, pero que debemos intentar poblar escuchando al extranjero que todos llevamos dentro”.

Y además volver a nuestra casa en Obaba con Golondrinas de Bernardo Atxaga, darle otra oportunidad a Fred Vargas con otra de sus novelas negras, pasearme por Atenas con mi amigo Jaritos, Disfrutar de una nueva “road novel” con la gran Valeria Luiselli (¡Qué bonita esta conferencia en BCN!), bellísima, compleja y terrible “Triste tigre” de Neige Sinno, maravillosa otra vez Siri Hudsvet y sus fantasmas, deje de anhelar ser “Orquideista” después del viaje de Vidya Narine, leí para volver a conectar con los colapsos burocráticos con Sara Mesa, Cerezos en Japón…

Manel Muntada, gran “dealer” en esto de las lecturas que nos atraviesan, me recomendaba la colección que acaba de comenzar a publicar la poeta y filósofa Chantal Maillard. Comencé con el primer texto “Para una educación senti-mental: Principios de ética aplicada. Breviario n.º 1”  en un momento que decidí reservar el final del último capítulo de López-Mondéjar para no acabar corriendo y me encontré los mismos temas tratados de una manera muy congruente en el contenido y muy distinta en la forma. Cada frase una frase a subrayar y las secuencias un hilo que memorizar. Para luego invitarnos en el espacio práctico a coger distancia de la idea de las ideas, de los sentimientos que nos anclan y fijan, de esta voz interna que sostiene la fantasía de una identidad. 

Y esto me deja resonando. Estas ideas y sentimientos que leo en verano son parte de mi sin ser yo. Sin haber un yo, sin tener que haberlo. Hay momentos en los que el contexto le exige a uno mostrarse “hecho”. No encuentro otra expresión, quizás “seguro”, “vehemente”. Y vamos a seguir experimentando a expresarnos con mayor claridad, probar a destilar mejor, a apoyar las ideas con experiencia e imágenes. Para luego volver a la certeza de estar en proceso, de habitar procesos, conectar y trabajar con personas en proceso.

Estructura: La capa que nadie ve pero todos sienten o la razón de subir escaleras por delante

Cuando nos acercamos a las organizaciones, a los equipos, a la realidad social, desde una mirada más sistémica, solemos hablar de diferentes capas.

Por un lado está la capa de evento: la que nos ayuda a conectar con la realidad, la que vemos, la con la que interactuamos de manera habitual. Luego solemos detenernos en la capa del patrón, reflexionando sobre lo que significa descubrir esas dinámicas o reacciones más recurrentes —la parte visible de algo que late debajo— y cómo mirarlas sin fijarlas.

Hay otros dos niveles. Uno tiene que ver con los modelos mentales, tema interesante para pensar juntos en otro momento. Y otro, el que me gustaría desarrollar aquí, es el nivel de la estructura.

Hay muchos lugares donde profundizar en este sentido. La perspectiva sistémica solo es una de ellas. Lo que conecta estas corrientes es una misma intuición: el comportamiento no se explica solo desde dentro del individuo. Hay algo en la disposición del entorno —físico, relacional, normativo, simbólico— que hace más probable o menos probable lo que ocurre. La diferencia entre escuelas suele estar en dónde ponen el acento: en si esa estructura determina o simplemente orienta, y en cuánta agencia le queda al sujeto para transformarla.

En este sentido me gusta pensar que hay algo en el diseño de los contextos que puede ayudar a orientarnos hacia un lugar o hacia otro. Como cuando renuncio a tener dulce en casa cuando quiero adelgazar. Hay mucho escrito sobre esto, sobre cómo generar contextos que orienten el pensamiento y la acción de una manera determinada. En estos momentos tengo en la cabeza el discutido libro de 2018 “El nudge o Un pequeño empujón” de Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein y su liberalismo paternalista. Ese sueño conductista sobre diseñar entornos y contextos que, sabiendo que estamos absolutamente condicionadas por ellos, nos ayuden a tomar mejores decisiones —para nosotras mismas y para el común. 

En todo caso, lo que subyace es una certeza: las estructuras son determinantes para entender por qué, en un lugar concreto, una persona o un grupo hace lo que hace.

Me ha parecido especialmente significativo un capítulo del último cómic del gran Étienne Davodeau , Allí donde vas, donde nos comparte la experiencia de su mujer acompañando a personas con deterioro cognitivo y con Alzheimer. En él se acercan a un proyecto en Quebec llamado Carpe Diem, y hay una serie de elementos estructurales —pequeños, concretos— que me parecen muy elocuentes e ilustradores de esta idea que quiero reforzar:

  • Todos se tratan de usted, también entre los profesionales. Se dieron cuenta de que cuando las personas con deterioro percibían que el equipo entre sí se tuteaba, sentían que estaban en un lugar diferente al de ellos, excluidos de una relación. “¿Qué relación tienen de la cual me excluyen?” Y además de esta manera saben que las únicas personas que los tutean son sus allegados y familiares. 
  • En un momento la directora del centro le pide al dibujante que deje su mochila en recepción. “Una mochila es la hipótesis de una partida ¿?dónde?, ¿cuándo? Sería una inquietud inutil”
  • En un pasillo con ventanas habían colocado cortinas. Al caer el día, los reflejos impedían que las personas se reconocieran en el cristal, generando desconcierto e inquietud. Unas cortinas lo resolvían.
  • La puerta de salida permanece abierta, aunque procuran que las personas salgan acompañadas. Los horarios de visita no existen: cualquier familiar puede visitar en cualquier momento.
  • En Carpe Diem decidieron subir las escaleras por delante de las personas con Alzheimer, no detrás. La lógica es simple y profunda a la vez: colocarse detrás no previene gran cosa, pero sí genera desconcierto. En cambio, los gestos de quien sube delante activan la imitación, la memoria motriz. Y mientras suben, nadie habla: escuchar requiere un esfuerzo que puede desestabilizar el movimiento. En 35 años, cinco caídas. Puede parecer un detalle, pero no lo es.

Podría haber muchas explicaciones para cada uno de estos gestos. Me quedo, sobre todo, con la pregunta de fondo: ¿cómo, modificando el espacio y el contexto, estamos también diseñando el bienestar o el malestar de las personas que lo habitan?

No os perdáis este cómic ni ninguno de los de este autor. Su pareja, y protagonista del libro, parece que da talleres llegando a Iparralde. Igual hay que acercarse un día a seguir aprendiendo del saber de los márgenes.

La estructura no es neutra.

#Untangling #Korapilatzen #18 A Tiger: A Metaphor About Our Relationship with Emotions

Issue eighteen of the comic (PDF) #Untangling by Alex Orbe and Asier Gallastegi.

At this link you can find the comic in Basque, English and Spanish.

#deskorapilatzen #18 #korapilatzen Tigre bat: Emozioekin dugun harremanari buruzko metafora bat

Komikiaren hamazortzigarren entrega (PDF) #desKorapilatzen Alex Orbe eta Asier Gallastegi.

Esteka honetan komikia euskaraz, ingelesez eta gaztelaniaz aurkituko duzue.

#desAnudando #korapilatzen #18 Un tigre: Una metáfora sobre nuestra relación con las emociones

Entrega número dieciocho del cómic (PDF) #desAnudando Alex Orbe y Asier Gallastegi. 

En este enlace tenéis el cómic en euskera, inglés y castellano

8 de marzo y cuatro ideas sencillas sobre cómo seguir impulsando la igualdad entre hombres y mujeres en las empresas para hombres que están dispuestos a dar pasos

Este post está dirigido básicamente a hombres que, dentro de sus organizaciones, están queriendo impulsar algunas dinámicas de mayor igualdad entre géneros y, a veces, se encuentran con dudas, con tensiones, con choques de ideas y también con tensiones internas. Desde ahí, comparto cuatro ideas que hemos aprendido de nuestras compañeras y que quizá es bueno traer de manera sencilla para que puedan servir como puente.

Lo primero: entender la tensión. La tensión como algo que no solamente es personal, sino también colectivo. Lo que ocurre, lo que está en juego, no tiene que ver únicamente con actitudes personales o con estructuras organizacionales; también tiene que ver con aspectos de contexto, con dimensiones sociales. Desde ahí, puede ser útil entender y normalizar esa tensión. Y también entender que es un proceso largo, que no va a corto plazo, sino que se mueve en tiempos largos. Los hombres, incluso aquellos que nos hemos sentido interpelados, necesitamos permanecer de manera consciente. Habitamos estructuras que nos condicionan y refuerzan en un sentido. Es clave conversar para ampliar perspectivas, permanecer en la tensión cuando las ideas no acaban de casar….

En relación con la brecha salarial, a veces nos encontramos con organizaciones que dicen: “al mismo puesto, el mismo sueldo”. Bueno, eso ya es un paso, porque hay organizaciones donde ni siquiera eso ocurre. Pero la desigualdad no se mueve tanto en ese nivel. Se mueve más en qué tipo de puestos son a los que accede una mujer o a los que accede un hombre, y en qué tipo de puestos de responsabilidad acaba estando un hombre o una mujer. Ese es el gran tema.

Cuando miramos, por un lado, el número de mujeres que hay en una organización; por otro, el número de mujeres que están en puestos de liderazgo o con poder; y, por otro lado, el sueldo de los puestos estándar que ocupan las mujeres y los que ocupan los hombres, ahí aparece un tema importante a revisar. Por tanto, la brecha salarial no siempre se juega únicamente en la idea de “mismo puesto, mismo sueldo”. Ese es un tema que se repite en algunas organizaciones y que conviene mirar con más profundidad.

A vueltas con la igualdad y la equidad, este es otro asunto que aparece muchas veces cuando pensamos en claves de igualdad. Toda la dimensión que tiene que ver con la discriminación positiva —es decir, entender que, en determinadas condiciones, puede ser necesario ir incorporando poco a poco, por ejemplo, a mujeres a puestos directivos— genera muchísima duda, muchísima resistencia y, a veces, bastante conflicto.

Aquí puede ayudar entender que se trata de un ejercicio de restauración. Tiene que ver con ser conscientes de que el estado actual es producto de una historia larga de desigualdad. Ese resultado nos deja una fotografía que quizá es necesario modificar de manera consciente. No se trata tanto de discutir sobre la equidad en abstracto, sino de reconocer los privilegios que han existido hasta ahora y aceptar a renunciar a parte de ellos o dar un paso atrás para que otras personas puedan ocupar espacios que históricamente no han podido ocupar.

Sobre los impactos de estas medidas en nuestros objetivos empresariales. También aparece a veces la idea de que, desde las organizaciones, se nos pide un esfuerzo contraintuitivo, que va en contra de la eficiencia o de lo que es bueno para la organización y sus objetivos. Creo que aquí es importante conectar con algo que decimos en muchos otros ámbitos y que, sin embargo, a veces se nos olvida cuando hablamos de hombres y mujeres: la diversidad.

Una buena gestión de la diversidad nos coloca ante retos complejos de una manera mucho más preparada. La integración de perspectivas distintas nos da una competencia colectiva muy clara para tener una mirada más matizada de la realidad y, por tanto, mayor capacidad de comprenderla y de actuar sobre ella.

Hay muchos estudios que hablan de cómo la incorporación de la perspectiva de género ha transformado campos como el urbanismo, la medicina o muchas otras disciplinas. Ocurre cuando incorporamos otras miradas que a veces están menos presentes en la estrategia: la juventud, la comunidad u otros colectivos. Cuando estas perspectivas entran en juego, nos volvemos más capaces de entender los matices de la realidad y, por lo tanto, de interactuar mejor con ellos. Las medidas de igualdad también pueden colocarnos en una posición más competitiva.

Son solo algunas ideas, bastante sencillas. Habrá quien las lea y piense que son cosas muy básicas o que llegan muy tarde. Este texto no es para ti. Para quienes lo hayan leido rapidamente y ya ses situen en contra, igual tampoco. La tensión suele situarse entre quienes piensan que vamos demasiado despacio y quienes sienten que vamos demasiado rápido. Avancemos.

Ideas para la reflexión desde la frontera sobre los impactos comunitarios, iniciativas y aprendizajes de las Mesas de inclusión

Comparto en esta entrada la exposición que utilicé en las jornadas impulsadas por por la Dirección de Empleo e Inclusión del Departamento de Trabajo y Empleo del Gobierno Vasco donde se convocaba a diferentes iniciativas vinculadas a las Mesas Locales de Coordinación entre Sistemas de Inclusión Social. (Esteka honetan, euskarazko aurkezpena deskargatu dezakezue)


He recurrido a una metáfora para compartir algunas claves que, a mi entender, atraviesan las dificultades que encontramos cuando tratamos de responder colectivamente a fenómenos tan sistémicos y globales como la pobreza y la exclusión.

Voy a presentaros a un autor, se llama Hundertwasser y una teoría y dibujo que nos regaló hace décadas, titulada las 5 pieles. Seguro que hallaréis ideas con las que discrepar, otras que puedan serviros de apoyo y quizá algunas que os dejen indiferentes —ojalá sean las menos.

La primera piel: el cuerpo. El ser humano es vulnerable, sensible, goza y sufre. 

El autor hace una denuncia de una sociedad que violenta los cuerpos. ¿Qué tiene que ver esto con nosotros?

  • Las personas y colectivos que llegan a nosotros y nosotras lo hacen tras una acumulación constante de rupturas de vínculos. La exclusión es eso: un continuado romper vínculos. ¿Cómo es cuando llegan a nosotros? A veces también nos cuesta construir vínculos. No es fácil. Hay situaciones que nos producen rechazo. Además algunas veces hemos pensado que ser un buen profesional es apostar por la distancia. Sabemos que estar cerca nos ayuda a entender y la distancia nos permite traer nuevo. Si estamos demasiado cerca no aportamos nada, nos podemos perder; estar demasiado lejos no nos permite conectar con la realidad, ser sensibles. La burocracia puede convertirse en una estrategia de defensa. Necesitamos seguir creando alternativas a la distancia excesiva. Interesante pensar en aquellos profesionales que nos parecen inspiradores/as y pensar en qué medida nuestra práctica actual nos acerca o diferencia de estos. 
  • Hoy hablamos mucho de salud mental. Muchas personas percibimos dos fenómenos. Por un lado, parece que hay más permiso social para mostrarnos vulnerables y expresar nuestra sensibilidad. Y eso puede leerse como un síntoma de avance. Identidades más abiertas y que se construyen afectadas por lo que cambia. Por otro lado la certeza de que algo está ocurriendo para que más personas se sientan desorientadas o desbordadas, y esto merece una mirada profunda. Existen condiciones estructurales que no están en nuestras manos. Pero sí está en nuestra responsabilidad reconocerlas y no responder de manera exclusivamente individual a problemas que requieren respuestas colectivas. 
  • Entendiendo que somos parte de una red y que ningún profesional puede dar respuesta a todo, a veces trabajamos como si nos pasáramos la “patata caliente”: “Yo no puedo, quizás otro”, o de otra manera, “En esto no soy competente, igual lo es otro”. Con cariño pero a veces somos “una cadena de incompetentes”. Y entonces comenzamos a reunirnos las personas que no pudimos dar respuesta a la situación por sí solas para ver si podemos hacerlo de una manera coordinada. Está bien sabernos limitados, necesitamos proteger el vínculo, engrasar estos espacios para no perder de foco a las personas y conectar de manera responsable con esta incapacidad. Tener como objetivo aumentar las competencias del colectivo, de la red, del sistema. 

Algunas preguntas: ¿Cómo cuidamos el vínculo desde esta red de profesionales? ¿Quién tiene el vínculo y como seguimos reforzándolo? ¿Cómo evitar que este trabajo en red se convierta en una cadena de incompetencias y transformarlo en una forma que acoge?  ¿Cómo cuidarnos para que la alternativa al dolor no sea únicamente la distancia? ¿Cómo seguir construyendo espacios de seguridad donde no tengamos que protegernos?

“Nos unimos por nuestras similitudes, crecemos por nuestras diferencias.” — Virginia Satir

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Actuar, pensar y trastear. Notas de la charla de Marga Padilla sobre Inteligencia Artificial

Prometo cambiar de tercio en el próximo post. Y es que parece que la IA me ha poseido. Solo vuelvo a escribir para atrapar ideas. Comparto esta vez mis notas de la charla del 17 de febrero de 2026 de Marga Padilla sobre inteligencia artificial en el Gaztetxe de Basauri. Ella plantea que su libro «Inteligencia Artificial: Jugar o romper la baraja» que ha publicado con la editorial Traficante de sueños es un libro militante, aunque no le queda claro de qué movimiento es militante.

Padilla comienza recordándonos que hasta la aparición de GPT, la inteligencia artificial estaba más escondida. Con GPT aparece un servicio directo, sin mediación, en lenguaje natural, donde hablamos con una máquina. Este salto tecnológico genera distintas reacciones, y ella distingue dos principales:

  1. Por un lado, el miedo ante la amenaza. Y no se trata de un miedo solo “de ignorantes”; todos los miedos tienen matices y necesitamos escucharlos. El problema es que el miedo, como emoción, puede dominarnos e impedirnos avanzar. La invitación es pasar del miedo al conflicto: comprenderlo, mirarlo y debatirlo.
  2. Por otro lado, está la entrega irreflexiva: una adopción total sin considerar impactos como el ambiental. Actualmente, alrededor del 2% de las emisiones de efecto invernadero se atribuyen a la inteligencia artificial, en un impacto comparable al de los vuelos en avión. Además, cada consulta consume recursos: los servidores se enfrían con agua, como si tiráramos un vaso de agua por la fregadera cada vez que hacemos una pregunta. A esto se suma la proliferación de centros de datos, ocupando grandes extensiones de territorio que antes eran baldíos.

También aparece la cuestión de la reapropiación del conocimiento colectivo. Herramientas como Wikipedia, sostenidas por comunidades que cuidan el saber común, pierden sentido en algún grado cuando el conocimiento se reintermedia a través de modelos de IA. Se borra la historia de quienes construyeron ese conocimiento antes que nosotros. Además, los idiomas menos hablados quedan en una posición secundaria.

Además es importante recordar que estamos ante modelos de lenguaje, no modelos de conocimiento. Responden en función de patrones estadísticos y del idioma utilizado. Por tanto, el idioma influye en el tipo de respuestas. La IA funciona como un espejo que devuelve los antivalores y sesgos de la sociedad. Es un espejo normativo.

Además está teñida de empatía y simpatía, algo que está diseñado de forma consciente para generar mayor adicción. En la competencia por la atención, este aspecto es clave. Juega con nuestro narcisismo en un mercado donde muchas empresas de IA operan a pérdidas y buscan financiación constante.

Marga Padilla propone una distinción interesante a través del ejemplo del coche. Podemos diferenciar entre:

  • la tecnología base (el motor de explosión)
  • y el diseño (cuántos asientos tiene, qué forma adopta, qué uso se le da).

Con la misma tecnología base se pueden hacer coches privados o autobuses. En la IA ocurre algo similar: hay que distinguir la infraestructura técnica del diseño social y político que la configura. También plantea que no existe “lA” inteligencia artificial, sino muchas inteligencias artificiales. La industria presenta la IA como un bloque homogéneo, centrado en la acumulación de datos y poder tecnológico, sin considerar otros aspectos como el impacto ecológico o social.

Ante esta situación, propone tres niveles: actuar, pensar y trastear.

ACTUAR. En el nivel de actuar, habla de la lucha política de siempre, Manifestarnos para defender nuestros derechos: Exigir registros públicos (menciona que en Euskadi y Cataluña ya existen), defender regulaciones que protejan derechos, impulsar auditorías ciudadanas y cuestionar proyectos concretos. (Se menciona el caso de Quantum Skin, una IA financiada por el Gobierno Vasco para el seguimiento de melanomas, auditada por la Fundación Civio, que detectó fallos significativos en la identificación de imágenes). También se habla de la necesidad de defender territorios frente a la expansión de centros de datos y de plantear políticas de reconversión profesional ante la desaparición de empleos (como traductores), del mismo modo que hubo reconversión industrial en otros momentos históricos. Además, reivindica modelos públicos y accesibles para la ciudadanía.

PENSAR. En el nivel de pensar, propone actualizar qué entendemos por “lo humano”. Estamos ante un cambio casi copernicano donde lo humano deja de estar en el centro. Se trata de pensar la colaboración horizontal con lo no humano, preguntarnos, por ejemplo, qué es saber y qué es enseñar hoy.

TRASTEAR. En el nivel de trastear, invita a ensuciarnos las manos con la tecnología. Habla de tecnología popular y barrial, de modelos pequeños y situados —más bicicleta que transatlántico—, de trabajar con datasets propios, de socializar el conocimiento y recuperar la potencia colectiva. Nos recuerda que no intentar la reapropiación también tiene un coste. Estas tecnologías, además, se están probando muchas veces sobre poblaciones vulnerables. Se mencionan casos como COMPAS, que toma decisiones algorítmicas con sesgos en ámbitos como medidas penitenciarias.

Conversamos sobre las personas que utilizan estos Chatbots para conversaciones «terapeúticas» pensando cómo en este momento estamos dejando rastros no solo de consumo, sino también emocionales. Y recordando que estas infraestructuras y empresas no tienen como objetivo contribuir a una sociedad más humanista precisamente.

Una IA diseñada con otros valores podría, por ejemplo, recomendar cerrar el ordenador y salir a caminar en lugar de fomentar el uso constante. Mencionaban el software de aprendizaje de ajedrez como ejemplo interesante: pone límites para no desmotivar el aprendizaje humano. Esto abre la reflexión sobre diseñar infraestructuras que no anulen nuestra acción. ¿Como podríamos diseñar un chatbot mejor?: quizá uno más lento, no disponible 24/7, más parecido a la lógica de las cestas de consumo donde la verdura llega sucia pero es mucho más sano que la limpia en una bolsa.

Xabier Barandiaran que acompañaba a Marga Padilla mencionaba el ejemplo de las comunidades Amish donde deciden que tecnología adoptan y cuál no. Llevar el debate a la calle. Porque esta tecnología ya está modificando nuestras vidas y, por tanto, es una cuestión política.

Algunos apuntes sobre el texto La revolución inevitable. Una cápsula sobre la sociedad de la inteligencia artificial, de Genís Roca.

Genís publicó este texto hace unas semanas y lo he devorado en un par de horas. Es solo una cápsula como él explica e imagino que las personas que hemos tenido la suerte de escucharle en más ocasiones completamos lo que no ha contado desde el eco de otras reflexiones anteriores. Transcribo estas notas para atraparlas, el libro ya ha volado con mis subrayados y notas a otras manos, y recomendaros su lectura. Confío en no hacer demasiado “spoiler” ni destrozar la trama. 

Vuelve a traer una idea que aparece de forma recurrente en sus textos y ponencias: la tecnología es aquello que todavía no hemos normalizado ni interiorizado como parte de nuestros procesos. Cuando deja de parecernos tecnología, es cuando ya forma parte de lo cotidiano.

Al inicio del libro señala que el formato digital ha aumentado de forma extraordinaria nuestra capacidad para almacenar información y para enviarla de un punto a otro del mundo de manera casi instantánea. Al hablar de la información, recorre distintos momentos históricos. Primero, cuando el conocimiento se recogía en libros sin bibliotecas, en manos de monjes que decidían qué reproducir y quién accedía a esos ejemplares. Después, la imprenta, que supuso un salto enorme en capacidad, aunque seguía siendo la editorial quien decidía qué se publicaba y cómo se distribuía. Más adelante, los medios de comunicación, donde los propietarios de emisoras o editoriales determinaban qué canciones se escuchaban o qué mensajes se difundían. Hoy estamos en otra dimensión: cualquier persona u organización puede publicar textos, imágenes, vídeos, sonidos o datos a escala planetaria. El problema ya no es publicar, sino lograr relevancia.

Internet se afianza y permite conectar todos los ordenadores en una misma red, haciendo posible que casi cualquier empresa o persona se convierta en un nodo que recibe y emite información. De nuevo subraya cómo el formato digital ha multiplicado nuestra capacidad de almacenamiento y transmisión.

Cuando aborda la inteligencia artificial, señala que su aparición era incluso previsible. En esencia, se trata de aplicar niveles muy avanzados de estadística para deducir, inferir y proponer soluciones. Hasta ahora, para evitar cálculos excesivamente complejos, la estadística trabajaba con pocas variables. Estos límites han sido superados. Los modelos de IA permiten abordar tareas y procesos informatizados que antes no eran viables y están revolucionándolo todo. “Aparece una nueva generación de software basada en la integración masiva de datos que, más allá de generar textos o imágenes, participará en la toma de decisiones”. En el momento de leer la palabra “decisiones” tuve muy presente la lectura del “Algoritmo Paternalista”. Otro libro que he recomendado con fuerza estos meses. 

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