La vivienda ha ocupado, por fin, un lugar central en la conversación pública. Llevaba demasiado tiempo condicionando las expectativas de vida de muchas personas, dificultando la emancipación de las más jóvenes y bloqueando proyectos vitales.
Y, sin embargo, cuando parecía que podíamos sumar fuerzas alrededor de una demanda compartida, reconocer la vivienda como un derecho que debemos garantizar, aparecen voces que cuestionan e incluso ridiculizan las propuestas para hacerlo posible.
Como señalaba Mark Fisher, parece que nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Como si las reglas actuales fueran las únicas posibles. Como si fuera inevitable convertir una necesidad básica en un negocio donde algunas personas ganan mientras otras pierden.
Tu inversión, el problema de otras personas
Durante décadas, invertir en ladrillo ha sido una práctica socialmente aceptada. Comprar viviendas para alquilarlas o ampliar el patrimonio se ha presentado como una decisión inteligente y responsable.
Pero ¿qué significa obtener una rentabilidad semejante de algo que otras personas necesitan para vivir? Lo que para unas supone aumentar su patrimonio, para otras significa perder autonomía y oportunidades. Como gritabamos el otro dia por las calles de nuestra ciudad: Negozioa bada, ez da eskubidea (Si es un negocio, no es un derecho)
El problema es complejo y tiene responsabilidades compartidas, siendo un reto enorme y con muchas caras hay una con la que convivimos y tiene que ver con la responsabilidad de los que somos propietarios y las personas, a veces amigos y amigas, que apostaron a invertir a este “valor seguro”. Son personas con las que podemos compartir sensibilidad social, experiencias de clase y una defensa de lo y puede ocurrir que tengan dos y tres viviendas y obtengan parte de sus ingresos del alquiler de estos pisos.
Cuando el debate señala a las personas que obtienen ingresos con rentas como parte del problema, algunas se sienten atacadas. Aparecen las defensas y las justificaciones de decisiones que hasta ahora apenas habían sido cuestionadas.
La pregunta que me hago es: ¿Cómo conversamos con personas que defienden una sociedad más igualitaria y participan, al mismo tiempo, de un mercado que profundiza las desigualdades? Porque creo que estas conversaciones son las que tenemos que tener. Nuestros contextos y conversaciones nos afectan y es bueno que contribuyamos al debate y a mover los engranajes necesarios.
La especulación no es inevitable. La hemos permitido.
Estas decisiones no se han tomado en el vacío. Hemos construido, algunos con más fuerza e ímpetu que otros, un modelo donde la vivienda en lugar de estar protegida como necesidad básica, es más un mecanismo para el ahorro y oportunidad de especulación.
Buena parte de la legislación actual, la entrada de capital extranjero, los grandes operadores inmobiliarios y miles de pequeñas inversiones individuales han contribuido a sostener este modelo.
Sobre el turismo, el impacto en los barrios históricos de nuestras ciudades y el modelo de ocio y vida que impone podemos hablar en otro momento. Los alojamientos turísticos y temporales han retirado viviendas del mercado residencial en determinados territorios y son parte del problema en la subida de los alquileres en nuestros barrios.
¿Quién gana y quién paga las consecuencias? ¿Qué ocurre cuando una actividad económica desplaza población y debilita las relaciones comunitarias?
Tener derecho a hacerlo no significa tener que hacerlo
Tener capital, ahorros o varias viviendas es un privilegio y sobre esto ya hemos escrito; reconocerlo, agradecerlo y actuar con responsabilidad es la secuencia.
¿Por qué asumimos que debemos obtener siempre la máxima rentabilidad posible? ¿Por qué renunciar a parte del beneficio parece una ingenuidad, mientras contribuir a mantener precios inaccesibles se considera una decisión inteligente?
Existen alternativas. En Euskadi, programas como Bizigune, gestionado por Alokabide, permiten incorporar viviendas privadas al alquiler protegido. Podemos obtener un retorno económico sin alimentar la escalada de precios. También podemos renunciar a convertir viviendas residenciales en alojamientos turísticos.
Quizás no se trate tanto de cuestionar las decisiones que tomamos en su momento, sino de preguntarnos qué podemos hacer ahora con lo que tenemos, siendo conscientes de lo que está ocurriendo y de las consecuencias de nuestras decisiones.
¿Y si quien especula es alguien a quien quieres?
Hay situaciones especialmente incómodas. Podemos querer a personas que han decidido situarse abiertamente en una lógica de explotación económica. Personas que consideran ingenuo renunciar a beneficios y exhiben cierta testosterona económica: comprar barato, alquilar caro y aprovechar la presión turística como demostraciones de inteligencia.
¿Y qué hacemos cuando alguien a quien queremos sostiene prácticas que consideramos injustas? ¿Rompemos la relación?
No tengo una respuesta cerrada. Me parece importante no abandonar estas conversaciones. Comprender no significa justificar. Cuidar una relación tampoco debería obligarnos a guardar silencio.
Si queremos cambiar las reglas, también tenemos que cambiar nuestras decisiones
Cada conversación puede mover algo: una duda, una consecuencia que no habíamos considerado o una alternativa que parecía imposible. No perdamos la oportunidad, generemos incomodidad, procuremos no fabricar “rentistas rígidos” con nuestro señalamiento, abramos posibilidades… al menos en las conversaciones. En la calle gritemos y hagamos visible la violencia de esta injusticia.
Necesitamos recuperar la función social de la vivienda. Que las personas jóvenes puedan emanciparse, las mayores adaptar sus hogares y nuestros barrios seguir siendo lugares donde vivir y construir comunidad.
Esto requiere nuevas reglas y políticas públicas decididas. También revisar nuestras inversiones y prácticas cotidianas. No tenemos las mismas posibilidades ni responsabilidades. Pero cada cual puede preguntarse qué hacer desde su posición.
Porque transformar el sistema también significa dejar de alimentar las dinámicas que lo sostienen. Y eso nos interpela especialmente a quienes tenemos algo que perder con el cambio.
Yosune Burgoa exploró los cuidados más personales, Gorka Gonzalez “el tigre de Amore” los cuidados dentro de los equipos y yo me sumergí en cómo cuidarnos cuidando la trama comunitaria.
Comienzo recordándonos que somos en gran medida nuestro contexto. Me viene una imagen. Cuando encontramos una esponja seca, quizá tirada en un vertedero, en una esquina, en un lugar donde hace mucho calor, y la tocamos, parece que no alberga nada de vida. Sin embargo, esa misma esponja, colocada solamente unos minutos en un pequeño balde con agua, cambia de tamaño, cambia de textura. Nos da la sensación de ser algo que no solamente tiene vida, sino que puede contribuir a expandir vida. Los entornos nos afectan por completo y nosotros afectamos a los entornos. Somos contexto y somos también sujetos que habitan y condicionan ese contexto.
Cuando alguien se siente muy independiente y cree que su bienestar depende solamente de lo que está en sus manos, seguramente es porque su contexto le ha permitido sostener esa fantasía. Para que alguien haya construido esa sensación de individualidad necesita un entorno que cuide de todo aquello que permanece invisible y un contexto que, de alguna forma, le permita sentirse invencible. Será un hombre y a veces vestirá corbata o de negro para sentirse parte de una tribu sin que reconozca esta necesidad de sentirse parte de un colectivo. Esto lo explica muy bien Almudena Hernando en su libro La fantasía de la individualidad. En sus palabras:
La sociedad actual idealiza la individualidad y desprecia la identidad relacional porque la primera se asocia con el poder y la segunda con la impotencia. (…) la primera es pura fantasía sino se asocia con la segunda, porque dejaría en evidencia la pequeñez y la insuficiencia que una sola persona representa frente a todo el universo. (Almudena Hernando. La fantasía de la individualidad)
Entrenando vulnerhabilidades. Desde nuestra sensibilidad, quienes tenemos cierta conciencia comunitaria rompimos en algún momento con esa fantasía de la individualidad y comenzamos a sentirnos interdependientes de manera más consciente. Somos, en buena medida, resultado de ese conjunto de relaciones circulares que nos hacen crecer o hacernos pequeños, esponjarnos o secarnos. Y aquí tenemos que tomar una decisión: la comunidad nos puede cuidar o no, y nosotros podemos cuidar o no a la comunidad. ¿En qué relación con esta trama comunitaria estamos contribuyendo con cada paso que damos?. Un mapa de activos, muy bien ¿Cómo lo ves? ¿Son recursos? Realmente son más que eso, son proyectos que buscan impactar y con los que compartimos parte de nuestra agenda. ¿Cómo construimos desde el reconocimiento mutuo y mirando más allá?
Seis claves para el refuerzo de la trama comunitaria desde la colaboración público-comunitaria
Reconocer la diversidad y trabajar por la igualdad
La primera idea tiene que ver con aceptar y reconocer la diversidad y la complejidad de los contextos en los que trabajamos. No se trata de visibilizar y festejarla solamente. La diversidad ya es.
La diversidad tiene muchos valores, amplía las perspectivas, relativiza reglas fijas, incluir perspectivas nos ayuda a comprender mejor los matices de la realidad. A veces tener toda la imagen no ayuda a dar pasos, y pareciera que ya no tenemos tiempo para compartir, rozar y empastar. Tiempo para pensar, y pensar para tener tiempo.
Hay maneras diferentes de entender lo que está ocurriendo y, sobre todo, existen desigualdades. Me gustó escuchar hace unos días a Xabier Aierdi recordar que nuestra generación y la generación de nuestros padres fuimos hijas, hijos, nietas y nietos de baserritarras. ¿Cómo hacer que ese recorrido que muchas de las personas que estamos aquí hemos podido vivir en dos generaciones puedan vivirlo también quienes se han incorporado recientemente a nuestros territorios?
No se trata simplemente de experimentar con diferentes especias en la comida. Se trata de construir espacios de mayor igualdad, donde las personas vayamos adquiriendo espacio y mayores posibilidades para participar en condiciones más igualitarias.
La pregunta sería: ¿Cómo sabemos que las personas que participan y participamos en nuestras actividades han, y hemos, aumentado sus y nuestros recursos para participar, construir comunidad y ser escuchadas?
Liderazgos, poder y capacidad de agencia
Dentro de esa diversidad nos encontramos con personas con poderes diferentes y roles distintos.
Se trata de conseguir que quienes participan y participamos en los procesos tengan y tengamos mayor capacidad para intervenir sobre aquello que les y nos afecta.
Y, cuando no se dan las condiciones para ello, necesitamos ser muy claros. No generar expectativas falsas. Marcar desde el principio los límites. Poder hablar de niveles de participación, de los acuerdos y de hasta dónde podemos llegar. No podemos convertir la participación en un happening, sino en algo pertinente y con sentido: necesitamos, por ejemplo, escuchar antes de proponer y contrastar nuestras planificaciones.
Porque si estamos hablando de procesos colectivos,un proceso frustrante, donde las expectativas han superado con creces a lo que ocurrió realmente, puede dejarnos con menos energía para el siguiente.
Los privilegios no son algo que “tengo yo”, sino algo que circula en el sistema y se me asigna o se me reconoce. Son formas de poder que provienen del contexto social, cultural o personal, no simplemente de cualidades internas. Son una ventaja relacional. Mientras solemos ser conscientes de los privilegios que nos faltan, tendemos a olvidar los privilegios que sí tenemos. Una pequeña propuesta a modo de recorrido:
Inventario de mis privilegios (La perspectiva de interseccionalidad nos puede ayudar; raza y género atribuida, edad, clase social…)
Ser consciente de las ventajas que tengo desde estos privilegios que están “facilitando” mi vida.
Preguntarnos al servicio de qué realidad y relaciones estamos utilizando estos privilegios.
Traer, desde esta responsabilidad, las tensiones que no se nombran y son importantes. Contribuir a que quienes no compartan este rango puedan hablar sin miedo.
La pregunta sería: ¿Cómo podemos, siendo conscientes de nuestros privilegios y de los diferentes lugares que ocupamos, poner esos privilegios al servicio de que cada vez más personas ganen capacidad de agencia?
Sostener los procesos y cuidar los ritmos
Me gusta pensar que los procesos de transformación colectiva, de encuentro entre diferentes o de eso que a veces llamamos inteligencia colectiva tienen algo de trance colectivo. Puede haber distintas secuencias, a mi me vale:
Encontrarnos,
compartir nuestros análisis y romper ciertos prejuicios,
mirar y dejarnos tocar por las experiencias, vivencias, inspìraciones para abrir nuestra sensibilidad
y en un proceso donde debemos de soltar y estar atentos a los potenciales y lo que coge forma comenzar
y hacer pequeños experimentos, sutiles cambios,
para aprender y seguir avanzando.
Es como cuando colocamos unos platillos girando sobre unos palillos: no podemos dejar de moverlos porque, si dejamos de hacerlo, caen y se rompen.
Los procesos de construcción de trama comunitaria requieren determinadas habilidades: escucha, capacidad para comprender los límites, metodologías, capacidad de acción y, sobre todo, tiempo.
Sin embargo, muchas veces nos acercamos a ellos desde la poli-militancia o desde agendas que no reconocen este tipo de trabajo. Terminamos haciéndolo corriendo y ya muy cansadas.
La pregunta sería: ¿Cuáles son las señales que nos dicen que esta mirada a la trama comunitaria y su cuidado tiene un lugar reconocido y central? ¿Cómo entrenamos estas capacidades para participar y facilitar procesos?
Presencia, reconocimiento y escucha de los potenciales
No podemos mover este tipo de procesos si no existe un primer momento derespeto y reconocimiento de lo que ya existe. Necesitamos presencia. Necesitamos escucha. Necesitamos estar atentas.
No solamente a lo que está siendo hoy la realidad, sino también a lo que ha sido. Comprender por qué las cosas están ahora mismo como están.
Y además también necesitamos librarnos de una especie de sortilegio por el cual parece que nada podrá ser diferente de lo que es. Estar atentos a las pequeñas cosas queya están cambiando, a aquello que empieza a ser un poco diferente. Apoyar esos potenciales. Hacer palanca en lo que está cogiendo forma. Acercarnos desde el habitar; conectados con nuestras ideas y emociones, sensibles a los pequeños fuegos que de cuidarlos pudieran ser hogueras.
Eso puede implicar cambiar de perspectiva, hablar con personas diferentes, acercarnos a quienes puedan abrirnos un poco la cabeza, el corazón y la acción hacia algo distinto.
Y también saber para qué estamos haciendo lo que estamos haciendo.
Muchas personas se acercan y nos acercamos hoy a la intervención comunitaria con una cierta capa de cinismo. Hay mucha frustración acumulada. No se trata de hacer un puente gracias a los libros de autoayuda. Pensemos y sintamos para seguir insistiendo.
La pregunta sería: ¿Qué cosas concretas nos ayudan a conectar con la posibilidad, con lo que ha cambiado para mejor? ¿Cómo conectamos con aquellas ocasiones en las que, trabajando juntas, hemos conseguido llegar a un lugar diferente y mejor?
Gestionar de manera responsable el roce y el conflicto
Y una idea que considero absolutamente clave, ahora y siempre, tiene que ver con rescatar y poner en valor el roce, la organización y el conflicto.
Hay personas a las que les gusta el conflicto. Al resto, cuando nos encontramos con algo que nos violenta, quizá nos sale correr hacia otro lugar o intentar abrirle la cabeza a quien nos está violentando para que piense como nosotros.
¿Y cómo sería pensar que, ahora mismo, el conflicto puede ser uno de los motores importantes del cambio social? ¿Cómo entender que el choque entre modelos y la escucha del malestar pueden ser claves para seguir produciendo cambios reales en nuestros barrios?
No podemos idealizar la comunidad como un lugar donde todas las personas estamos contentas, nos abrazamos y bailamos al unísono.
Pero tampoco podemos demonizarla como un lugar lleno de riesgos e inercias que ya conocemos y en el que, por tanto, no merece la pena abrir ningún espacio para hacer algo diferente.
Necesitamos aprender a habitar la tensión de una manera más virtuosa. En tiempos de conversaciones dopadas, simplificaciones efectistas, economía de la atención y recuperación de supuestas seguridades melancólicas necesitamos entrenar el músculo doble de la comprensión y la capacidad de poner límites.
Y estar atentos no solamente a lo que está ocurriendo hoy, aquí y ahora, sino también a los futuros: pensar juntas hacia dónde queremos ir y de qué manera queremos hacerlo.
Nos mueven los miedos y los deseos.
Es bueno escuchar y compartir miedos. Algunos son irracionales y se aplacan cuando son compartidos, otros son reales y pueden ayudar a construir conversaciones importantes sobre el malestar.
Mis sueños pueden ser tus pesadillas y al revés. Para mi hablar de los deseos me conecta con la posibilidad de encontrar palancas para hacer juntas. Convocarnos a hacer.
La pregunta sería: ¿Qué competencias hemos desarrollado para habitar los conflictos? ¿Somos más de poner límites o de aceptar otras perspectivas? ¿Cómo seguimos entrenandonos como personas y espacios para este doble ejercicio?
Experimentar, aprender, sistematizar y compartir
Podemos generar pequeños prototipos, experimentar, probar cosas distintas y aprender de ellas. Y después necesitamos compartir aquello que hemos aprendido. No nos quedemos solamente en nuestro pequeño terreno de juego.
Sistematizar, escribir, documentar, grabar vídeos, hacer fotografías, comunicar. No solamente desde una lógica de marketing para que aparezcamos nosotros, sino para hacer visible que algo ya está ocurriendo en algún lugar y que, por tanto, puede resultar inspirador para otras personas y otros territorios. Traer más de esto que nos hace movernos y ser.
Quienes se acercan a esta manera de trabajar más inespecífica, lenta, colectiva, preventiva y no saben cómo hacerlo. Empieza cambiando cosas pequeñas:
Genera espacios donde la conversación tenga un lugar central. Encuentros recurrentes para que las personas se conozcan y tejan relaciones.
Visibiliza las acciones en el territorio, apoyate en ellas y no propongas actividades que compitan en la agenda.
Contrasta planificaciones, evalua escuchando… Trabajar de manera participada mejora la calidad de nuestras actividades. Pregunta lo pertinente y haz caso.
Incorpora una mirada de sistemas a tus hipótesis. Piensa que estamos haciendo para que las cosas permanezcan como están. Es una manera de darle la vuelta a la reflexión.
La pregunta sería: ¿Con quién vas a compartir lo que has podido sentir y pensar esta mañana de trabajo? ¿Compartiendo estas ideas con estas personas hacia donde pudierais dar un siguiente paso práctico?
Comparto en esta entrada la exposición que utilicé en las jornadas impulsadas por por la Dirección de Empleo e Inclusión del Departamento de Trabajo y Empleo del Gobierno Vasco donde se convocaba a diferentes iniciativas vinculadas a las Mesas Locales de Coordinación entre Sistemas de Inclusión Social. (Esteka honetan, euskarazko aurkezpena deskargatu dezakezue)
He recurrido a una metáfora para compartir algunas claves que, a mi entender, atraviesan las dificultades que encontramos cuando tratamos de responder colectivamente a fenómenos tan sistémicos y globales como la pobreza y la exclusión.
Voy a presentaros a un autor, se llama Hundertwasser y una teoría y dibujo que nos regaló hace décadas, titulada las 5 pieles. Seguro que hallaréis ideas con las que discrepar, otras que puedan serviros de apoyo y quizá algunas que os dejen indiferentes —ojalá sean las menos.
La primera piel: el cuerpo. El ser humano es vulnerable, sensible, goza y sufre.
El autor hace una denuncia de una sociedad que violenta los cuerpos. ¿Qué tiene que ver esto con nosotros?
Las personas y colectivos que llegan a nosotros y nosotras lo hacen tras una acumulación constante de rupturas de vínculos. La exclusión es eso: un continuado romper vínculos. ¿Cómo es cuando llegan a nosotros? A veces también nos cuesta construir vínculos. No es fácil. Hay situaciones que nos producen rechazo. Además algunas veces hemos pensado que ser un buen profesional es apostar por la distancia. Sabemos que estar cerca nos ayuda a entender y la distancia nos permite traer nuevo. Si estamos demasiado cerca no aportamos nada, nos podemos perder; estar demasiado lejos no nos permite conectar con la realidad, ser sensibles. La burocracia puede convertirse en una estrategia de defensa. Necesitamos seguir creando alternativas a la distancia excesiva. Interesante pensar en aquellos profesionales que nos parecen inspiradores/as y pensar en qué medida nuestra práctica actual nos acerca o diferencia de estos.
Hoy hablamos mucho de salud mental. Muchas personas percibimos dos fenómenos. Por un lado, parece que hay más permiso social para mostrarnos vulnerables y expresar nuestra sensibilidad. Y eso puede leerse como un síntoma de avance. Identidades más abiertas y que se construyen afectadas por lo que cambia. Por otro lado la certeza de que algo está ocurriendo para que más personas se sientan desorientadas o desbordadas, y esto merece una mirada profunda. Existen condiciones estructurales que no están en nuestras manos. Pero sí está en nuestra responsabilidad reconocerlas y no responder de manera exclusivamente individual a problemas que requieren respuestas colectivas.
Entendiendo que somos parte de una red y que ningún profesional puede dar respuesta a todo, a veces trabajamos como si nos pasáramos la “patata caliente”: “Yo no puedo, quizás otro”, o de otra manera, “En esto no soy competente, igual lo es otro”. Con cariño pero a veces somos “una cadena de incompetentes”. Y entonces comenzamos a reunirnos las personas que no pudimos dar respuesta a la situación por sí solas para ver si podemos hacerlo de una manera coordinada. Está bien sabernos limitados, necesitamos proteger el vínculo, engrasar estos espacios para no perder de foco a las personas y conectar de manera responsable con esta incapacidad. Tener como objetivo aumentar las competencias del colectivo, de la red, del sistema.
Algunas preguntas: ¿Cómo cuidamos el vínculo desde esta red de profesionales? ¿Quién tiene el vínculo y como seguimos reforzándolo? ¿Cómo evitar que este trabajo en red se convierta en una cadena de incompetencias y transformarlo en una forma que acoge? ¿Cómo cuidarnos para que la alternativa al dolor no sea únicamente la distancia? ¿Cómo seguir construyendo espacios de seguridad donde no tengamos que protegernos?
“Nos unimos por nuestras similitudes, crecemos por nuestras diferencias.” — Virginia Satir
Este viernes mantuvimos otro encuentro de la Red de Consultoría Artesana, después de mucho tiempo sin encontrarnos y con una representación pequeña. Las redes también son organismos vivos y, si una vara de medir es la convocatoria, podríamos pensar que esta criatura no respira como lo hizo. Si utilizamos otros indicadores, sigue siendo uno de los lugares más especiales en los que yo he podido compartir proyecto profesional. Así lo fue de nuevo este viernes. Nos encontramos Ana, Naiara, Juanjo, Julen y yo. Nos convocaban las ganas de encontrarnos y poder compartir ideas y experiencias en torno al uso de la Inteligencia Artificial en la consultoría.
Yo tenía mi agenda particular, que compartí unos días antes del encuentro. Además de aquello que escribí en verano y que compartí primero en LinkedIn y luego en este blog, aportaba algunas reflexiones:
Hay usos de la IA que claramente han venido para quedarse y que ya forman parte de la práctica profesional cotidiana. Grabar audios con anotaciones y reconstruirlos con apoyo de la IA, transcribir audios y generar informes, investigar sobre un tema subiendo materiales y lanzando preguntas, trabajar hipótesis, conexiones y líneas de pensamiento, o utilizar la IA como una herramienta para buscar patrones y lecturas longitudinales son prácticas que ya están integradas en mi día a día. Desde ahí, no se trata tanto de discutir si la IA debe estar o no, sino de cómo nos vinculamos con ella, desde qué lugar y con qué grado de consciencia.
Me interesa especialmente profundizar en la comprensión de cómo están construidos estos sistemas. No desde un lugar hiper técnico, sino para entender la arquitectura interna, la lógica de los modelos, cómo se integran las distintas herramientas, cómo se configuran los asistentes y qué implica realmente “hablar” con una máquina de este tipo. Entender con qué estamos trabajando forma parte, también, de una ética profesional.
El tema del dato es central y abre muchas preguntas. A dónde va el dato que introducimos, cómo se explota, quién lo utiliza, con qué fines, qué huella dejamos y qué significa eso en términos de poder, mercado y control. Me interesa especialmente cómo podemos relacionarnos con nuestros propios datos de una manera más consciente, más crítica y más responsable, sin ingenuidad pero también sin parálisis.
En este contexto, el aporte de valor profesional lo veo claramente en la sesión, en el directo y en el contraste. En la capacidad de leer críticamente lo que devuelve la máquina, en no darlo por válido sin más, en afinar la escucha, en vincularse con la IA desde un pensamiento complejo, en estar atento a qué se escribe y qué no, y en el arte de formular buenas preguntas y generar hipótesis fértiles. La máquina puede producir, pero el sentido, la orientación y la lectura siguen siendo profundamente humanas.
También me interesa abrir una conversación sobre la dimensión social, ética y política de estas herramientas. Qué están produciendo a nivel de imaginario, de relaciones de poder, de desigualdad, de acceso al conocimiento. Cómo evitar una explotación acrítica dirigida por el algoritmo. Cómo aportar, aunque sea con un pequeño gesto, a herramientas más cuidadas, más igualitarias, menos sesgadas en términos racistas, machistas o clasistas. Y cómo impulsar, o al menos imaginar, estructuras más públicas, comunitarias y no exclusivamente mercantilizadas en torno a este tipo de tecnologías.
Otro eje importante es el impacto en nuestras competencias como profesionales. Qué se potencia con la IA, qué se debilita, qué se delega, qué se pierde, qué aparece nuevo. Cómo cambia nuestra forma de pensar, de analizar, de escribir, de escuchar. Cómo se reconfigura nuestra identidad profesional cuando trabajamos con asistentes, cuando la IA se convierte en producto y cuando entran en juego modelos de negocio de grandes consultoras que integran estas herramientas de forma masiva.
Me interesa también la dimensión metacognitiva: aprender sobre cómo aprendo. Qué tipo de preguntas hago, qué patrones de pensamiento repito, cómo formulo hipótesis, desde dónde miro los problemas. Si la propia IA puede ayudar a devolver una lectura sobre mi estilo de pensar y de preguntar, no como verdad, sino como espejo y provocación.
Por último, aparecen miedos y tensiones que me parece importante nombrar. El miedo a la saturación, a que todo se “emborrache” de IA, a la pérdida de criterio, de profundidad o de singularidad. Al mismo tiempo, es innegable que es un apoyo clarísimo para resolver cuestiones técnicas, desbloquear procesos y ampliar perspectivas. Sostener esa ambivalencia, sin idealizar ni demonizar, forma parte del trabajo.
Estas eran mis ideas previas al encuentro y de todo esto y mucho más hablamos de una manera distendida, comprometida, diversa y práctica, sobre todo práctica.
Cuando hablamos de IA estamos acercándonos, básicamente, a máquinas con una capacidad asombrosa para digerir muchos datos y generar diferentes formatos para poder acceder a los mismos. ¿Cómo estamos haciendo uso de esta oportunidad desde la consultoría?
Esta semana Isabel Fernández, Francesca Nogales y yo hemos participado del congreso de agilismo #CAS2024.. Teníamos ganas de estar juntas e inspirarnos con aproximaciones al mundo de los equipos y las organizaciones, complementarias a las que hemos ido construyendo durante casi 15 años diseñando, facilitando y adaptando el curso de Coaching de Equipos en Emana Formación. Estar juntas, escuchando y conversando, ha sido importante y catalizador. Estamos contentas.
Este congreso CAS, y el agilismo como contexto, es una propuesta que siempre he tenido cerca gracias a buenos amigos y amigas. Jorge Uriarte, en nuestras “sushi talks”, me ha compartido muchas lecturas, propuestas y reflexiones. Hay cosas que compartimos incluso antes de que ocurrieran en ediciones anteriores de este encuentro: la charla de Koldo Saratxaga, aquella entrevista del propio Jorge a Cristóbal Colón de la Fageda y Pedro Serrahima de PepePhone… De forma más abierta, sobre esto del agilismo, también vi trabajar a Joserra Díaz cuando apoyé en Virtualware un impulso de estas metodologías. Con Maica Trinidad y Manu Martín colaboré en un bootcamp en Kairos para coaches ágiles, trayendo la perspectiva sistémica al trabajo con equipos. Hace unos años, desde Emana, impulsamos un programa con Francesca y Pablo Domingo. Y, sobre todo, dentro del proyecto Bherria y acompañados por Asier Amezaga de Komunikatik, experimentamos con el mundo del kanban, los sprints y las retrospectivas.
Voy a permitirme compartir algunos flashes de mis experiencias en estos dos días de encuentro, sin orden ni rigor, como cuando escribía ligero en esta casa:
Hace años que no trabajo con pantallas ni PowerPoints en mis talleres. En este encuentro me han entrado ganas de volver a utilizarlos. La escenografía me ha parecido impresionante: pantallas de cine y, en muchos casos, talleres a pie de “la madre de todos los PPT”. Me ha resultado plástico y atractivo. A ver si somos capaces de jugar en este tipo de marcos en alguna ocasión, uniendo lo físico, el contacto y la kinestesia con la imagen en tamaño desbordado.
No me ha gustado el lugar persistente de las marcas y patrocinadores, aunque reconozco un acierto en la gamificación a través de sorteos para visitar los stands.
Añado a este «dislike» otro más: no soporto las invitaciones a la motivación a través de gritos tipo “uouououo”, “wow”, “arriba”, “¡somos los mejores!”. No estuvieron presentes en todos los momentos, pero sí en algunos. Cuando alguien necesita estas llamadas para venirse arriba, me hace reflexionar.
Me gustó mucho la primera ponencia marco con Xavier Albaladejo, que incluyó referencias explícitas a ciertos límites al desarrollo tecnológico. Señaló, por ejemplo, la psicología conductista al servicio de la economía de la atención, el scroll infinito y sus efectos en la salud mental. También me pareció interesante el guiño a que lo disruptivo siempre es contextual.
He vuelto a tuitear. Quién sabe si serán mis últimos mensajes en esa red social. Ya hemos migrado a Bluesky (por cierto, este es mi perfil por si alguien quiere continuar la conversación allí). Joserra Díaz me presentó a Jose Manuel Beas, pero realmente fue una desvirtualización. Coincidí con más personas con las que había conversado en esa red social en otros tiempos. A otras las conecté en LinkedIn. Hacía tiempo que no jugaba entre estas dos capas y de esta manera. Fue como rejuvenecer 😀
Beas nos llevó de la mano por los mapas de Wardley, una propuesta muy sugerente para acompañar la estrategia con claves de evolución y maduración de productos y procesos. No sé si seré capaz de profundizar lo suficiente para integrarlo en mi mochila de herramientas, pero saber que hay un mundo más allá de lo conocido ya es un buen disparador.
Me llevo algunas invitaciones a la acción y al hackeo cultural que nos aportó Raquel Gavilan; Gemba walks, Mind the gaps… Estrategias de hackeo de la cultura que operan por debajo del radar y contra las que es más difícil luchar. Os podéis imaginar mi conversación interna al respecto, o al menos parte de ella. En todo caso, despertó mi interés y me conectó con conversaciones pertinentes sobre estrategias de cambio.
Seguimos conectando gracias a otros ponentes. Lo hizo bien Juan Manuel Gómez al unir el cambio con una cita inicial. Apunté en mis notas: “Sentirnos cómodamente incómodos”. Tiene sentido para mí.
Hubo muchas claves que conectaron especialmente bien con mis marcos previos, sea esto bueno o regular. Volver a conectar con la resistencia como “una de las posibles respuestas al cambio” fue como llegar a casa. Joserra reflexionó sobre el diseño organizacional, con varias referencias a la perspectiva sistémica. Disfruté con los mapas de interdependencia y circularidad compleja. Conversar con Joserra, esto en el café, sobre la diferencia entre el concepto de complejidad de Snowden, donde no existe causa raíz, y la mirada sistémica, que reconoce múltiples causas raíces con una relación de circularidad compleja… ¿Qué os puedo decir? Me entusiasma 😀 También hablamos sobre la necesidad de iterar con la realidad a través de experimentos o buscar diferentes lugares para hacer palanca.
Diego Rojas e Israel Alcázar compartieron aprendizajes desde la práctica. Me conectaron con un par de proyectos de acompañamiento a organizaciones autogestionadas del grupo NER junto a Emana.
Michael Spayd trajo más sistémica y el modelo de la economía rosquilla de Kate Raworth. Otro refuerzo a mi apuesta personal por incorporar los límites físicos del planeta en la estrategia empresarial.
Pio Puig y Susanna Miquel compartieron ideas interesantes sobre nuestras competencias para innovar. Fue curioso encontrar tantas referencias a la categorización de estilos de comunicación y competencias. Soy consciente del mercado de estos tests y de su potencial. En los últimos años he trabajado bastante con Bridge, y me gustan las conversaciones que permite. Me llamó la atención la cantidad de propuestas que compiten en el mismo mercado.
El viernes disfruté especialmente del taller de Ángel Díaz-Maroto. Muchas referencias comunes a cómo trabajamos desde nuestra perspectiva el reto del ajuste de modelos mentales. Resaltó la importancia de mostrar el coste de mantener un modelo mental ineficaz y de estar atentos a los propósitos ocultos (nosotros hablamos de la ganancia secundaria).
Estas son algunas de mis notas. Realmente quien tomó apuntes fue Isabel. Ahora que ya he escrito el post con algunas notas y algo de memoria, le voy a pedir que comparta conmigo todo lo que escribió. Ha sido un placer de viaje que, sin duda, sostendrá más conversaciones y proyectos.
Esta tarde me han pedido que comparta algunas ideas dentro del encuentro: «Identidad profesional del Educador/a Social y Competencias Especializadas».
Desde que hablé con Asier Felix hace unos días he escrito ideas en el móvil en varias ocasiones y cada vez acababa en un lugar diferente. Igual no lo ate demasiado bien 😀 Me imaginaba que se trataba de transmitir algo así como “Que hace un educador trabajando acompañando equipos y organizaciones”.
También pensaba en ¿Qué tipo de recorridos profesionales hacemos los educadores sociales? ¿Cuáles son los motores? De educador de menores a familia, de la relación más directa a trabajos más indirectos, algunos acabamos en la formación, otros dan el paso a la terapia…. ¿Es la educación social un buen lugar para madurar profesionalmente?
Creo que hay algo del origen que nos acompaña hasta el final y las modificaciones, mejoras o huidas también son interesantes.
Hace unas semanas tuvimos la suerte de escuchar a Amador Fernández Savater en la librería ANTI. Algunos amigos y amigas incluso tomasteis unas cervezas con él, yo me retiré imprudentemente a cenar con la tribu.
Uno de estos amigos de hace mucho tiempo presentó a Amador y dijo de él algo así como que “Tener un gran cuerpo es una ventaja. A más volumen, más piel, más sensibilidad y mejor conexión”. Para luego traer un dato que nos volvió locos: “El cerebro es el epitelio, la piel metida hacia dentro” (Navego por la red y ya me pierdo en los matices pero no deja de ser una metáfora preciosa) Eskerrik asko Barandi!
Images of women boxing or wrestling.
Leo mis notas una y otra vez y necesito compartirlas. Creo que es la persona que mejor explica lo que siento y pienso con mucha diferencia.
Siguiendo con la imagen de los cuerpos. Nos invitaba a
pensar en “Las instituciones como un trozo más del cuerpo. No el cerebro”.
Comenzaba Amador hablando de las chispas, de las señales que nos alertan de algo nuevo. Y nos llevó a la Cábala judía para recordarnos que en esta tradición nos explican qué Dios puso la creación en siete vasos que más tarde se rompieron y mezclaron con la materia. Me conectaba con la complejidad y también la necesidad de observar la realidad para diferenciarla y detectar, como decía el propio Amador, las potencias que ya habitan en el este mundo. Las potencias están aquí y tenemos que saber verlas.
En esta línea de la provocación o de señales Amador nos regaló
cinco chispazos:
CHISPAZO UNO. Diferenciemos entre débiles y esclavos. Ambas son figuras que representan a los que no tienen nada y hablan de los que sufren opresión. Por un lado el esclavo quiere salir de su condición siendo amo. Se mueve a la contra. Con un odio belicoso. Hoy podemos situarlo en la figura de la víctima. Este lugar no nos permite vivir con autonomía y es una opción omnipresente. Sin embargo, el débil no tiene poder, pero esto no significa que no tenga fuerza. Hay una fuerza de los débiles. El débil no víctima está a favor de algo, no está enredado en el “anti”. Necesitamos hacer un trabajo físico y espiritual para no convertirnos en víctimas. Estamos sometidos a daños, opresiones… la tentación de convertirnos en víctimas es muy grande. Los cuerpos resentidos quieren de volver el golpe. Se trata de una amargura cristalizada en odio. Desde este lugar creamos una realidad a defender. Tenemos enfrente un peligro constante que nos da poder, identidad, superioridad… Es una tentación.
CHISPAZO DOS. Sobre la impotencia y el duelo. Débil y esclavo son dos maneras de relacionarnos con la impotencia. La impotencia de sentirnos atrapados, asfixiados sintiendo sofoco y sin saber dónde está la salida. Estaba escrita la salida y hoy no. Recuerda la historia de Gramsci que reflexiona en su texto “Los cuadernos de la cárcel” sobre los fracasos de la izquierda desde las cárceles de Mussolini. Con el objetivo de sortear la censura se inventa un lenguaje cifrado y en esta lenta redefinición de la realidad desde otra construcción del mundo no ataca al poder. Inventa un pasaje a través de la impotencia. Describe al duelo como un pasaje a la potencia. Y es que si no hacemos un duelo nos quedamos en la melancolía. Este ejercicio nos permite despedirnos de lo que hubo y ya no hay para poder, por ejemplo, volver a amar. A veces la sensación es de incapacidad de atravesar la impotencia y agarrarnos a fantasmas del pasado.
CHISPAZO TRES. La fuerza de los débiles es la capacidad de amar. Los que no tienen ningún poder pueden inspirarse en la guerrilla y trabajar para que las formas de vida se conviertan en formas de lucha. Es el espacio de los afectos, los vínculos y los territorios. Lo que queremos, lo que nos importa y lo que habitamos. Si pensamos en los movimientos sociales, en la paralización de un desahucio, por ejemplo, asistimos a una relación en total desventaja en la disputa simétrica de fuerza. Y sin embargo, se activa una fuerza diferente capaz de producir acontecimientos sorprendentes. Construyendo vínculos de empatía y solidaridad con los afectos compartidos por un mundo que se quiere y por los que nos importan, aunque no la conozcamos. El barrio como tejido de relaciones (aunque estén deshilachados). Lo político es el grado de intensidad de las formas de vida. Una intensidad por la que las fuerzas de vida se convierten en fuerzas de lucha. Lo político puede ocurrir en cualquier lugar. La fuerza de los débiles es el amor. Somos gobernados por una capacidad de liquidar la capacidad de amar. La manera más radical de gobernarnos es aniquilar nuestra capacidad de amor construyendo o provocando una relación instrumental con el mundo y nosotros mismos.
CHISPAZO CUATRO. La fuerza de los débiles es asimétrica.Si entra en una guerra simétrica con el fuerte perderá. Querer jugar con el fuerte con sus reglas es perder. Necesitamos ser otra cosa y pelear de otra manera. No entramos en una guerra en espejo, donde copiamos los métodos y replicamos la idea de eficacia del otro. Los débiles generan una autonomía.Funcionamos con otros valores. Construimos una autonomía del lenguaje y del tiempo. Inventamos un lenguaje propio. Es un error adoptar el lenguaje del otro. Entramos a la disputa de los relatos sin cuestionarla y nos perdemos sin diferencia. Además perdemos y nos tratan cómo alguien que no puede entender. Los rusos contra Napoleón ganan huyendo hasta que el general invierno atrapa a las tropas enemigas. El santo patrón de la guerrilla, de la defensiva, es el tiempo. El que no tiene nada puede poner su tiempo. Abrir un tiempo propio diferente del instantáneo. El débil rechaza la invitación a una única batalla, retirarnos hasta que los elementos vayan en contra del conquistador.Como abrir un tiempo propio, atento a la coyuntura, pero sin estar atrapado por ella. Un ritmo propio, rescatado de la trampa del rendimiento.
CHISPAZO CINCO. Tres elementos valiosos a rescatar del15m. Apertura, creación y potencia. Sobre la apertura, solo pasan cosas en política cuando hay encuentro entre diferentes. Solo hay agitación sí se encuentran los diferentes. Crear un común no homogéneo y conflictivo. Sobre la creación. Lo importante no es tanto criticar sino crear nueva realidad.Construir otra realidad. Sobre la potencia. Lo que se ponía en el centro era lo que podíamos hacer juntos. No traíamos la identidad de cada cual, que está definida por el poder. Traemos más lo que podemos devenir en común. Aquello que podemos ser juntos.
Unas últimas ideas en la conversación. Necesitamos devolver a las personas la potencia de lo que ya se hace. Saber lo que se hace, poner nombres propios a las cosas, tener un mapa propio de nuestras enfermedades, de nosotros… El pensamiento es un super poder y pasa por la práctica compartida leyendo lo que ya pasa. Los débiles tenemos el recurso de la InteligenciaColectiva.
Saltar siempre es una buena opción. Cuando hay algo que celebrar es magnífico. Cuando tenemos dudas saltar nos entona, nos saca una sonrisa. Hoy saltamos. Dos proyectos muy importantes para nosotros, BHERRIA y BENTARANOA han sido nominados a los Premios NovaGob Excelencia 2018.
Para los que no conozcáis Novagob deciros que es una red especializada en función y administración pública. Muchas de las personas que en nuestros ayuntamientos y gobiernos reconocemos como activas, comprometidas y abriendo puertas hacia la colaboración y la mejora están en esta red. Más de 10.000 personas registradas.
Un reconocimiento, por tanto, de dos proyectos que exploran nuevos espacios para la colaboración público-social desde una red cualificada de personas vinculadas a la función pública.