Cuando nos acercamos a las organizaciones, a los equipos, a la realidad social, desde una mirada más sistémica, solemos hablar de diferentes capas.
Por un lado está la capa de evento: la que nos ayuda a conectar con la realidad, la que vemos, la con la que interactuamos de manera habitual. Luego solemos detenernos en la capa del patrón, reflexionando sobre lo que significa descubrir esas dinámicas o reacciones más recurrentes —la parte visible de algo que late debajo— y cómo mirarlas sin fijarlas.

Hay otros dos niveles. Uno tiene que ver con los modelos mentales, tema interesante para pensar juntos en otro momento. Y otro, el que me gustaría desarrollar aquí, es el nivel de la estructura.
Hay muchos lugares donde profundizar en este sentido. La perspectiva sistémica solo es una de ellas. Lo que conecta estas corrientes es una misma intuición: el comportamiento no se explica solo desde dentro del individuo. Hay algo en la disposición del entorno —físico, relacional, normativo, simbólico— que hace más probable o menos probable lo que ocurre. La diferencia entre escuelas suele estar en dónde ponen el acento: en si esa estructura determina o simplemente orienta, y en cuánta agencia le queda al sujeto para transformarla.
En este sentido me gusta pensar que hay algo en el diseño de los contextos que puede ayudar a orientarnos hacia un lugar o hacia otro. Como cuando renuncio a tener dulce en casa cuando quiero adelgazar. Hay mucho escrito sobre esto, sobre cómo generar contextos que orienten el pensamiento y la acción de una manera determinada. En estos momentos tengo en la cabeza el discutido libro de 2018 “El nudge o Un pequeño empujón” de Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein y su liberalismo paternalista. Ese sueño conductista sobre diseñar entornos y contextos que, sabiendo que estamos absolutamente condicionadas por ellos, nos ayuden a tomar mejores decisiones —para nosotras mismas y para el común.
En todo caso, lo que subyace es una certeza: las estructuras son determinantes para entender por qué, en un lugar concreto, una persona o un grupo hace lo que hace.
Me ha parecido especialmente significativo un capítulo del último cómic del gran Étienne Davodeau , Allí donde vas, donde nos comparte la experiencia de su mujer acompañando a personas con deterioro cognitivo y con Alzheimer. En él se acercan a un proyecto en Quebec llamado Carpe Diem, y hay una serie de elementos estructurales —pequeños, concretos— que me parecen muy elocuentes e ilustradores de esta idea que quiero reforzar:
- Todos se tratan de usted, también entre los profesionales. Se dieron cuenta de que cuando las personas con deterioro percibían que el equipo entre sí se tuteaba, sentían que estaban en un lugar diferente al de ellos, excluidos de una relación. “¿Qué relación tienen de la cual me excluyen?” Y además de esta manera saben que las únicas personas que los tutean son sus allegados y familiares.
- En un momento la directora del centro le pide al dibujante que deje su mochila en recepción. “Una mochila es la hipótesis de una partida ¿?dónde?, ¿cuándo? Sería una inquietud inutil”
- En un pasillo con ventanas habían colocado cortinas. Al caer el día, los reflejos impedían que las personas se reconocieran en el cristal, generando desconcierto e inquietud. Unas cortinas lo resolvían.
- La puerta de salida permanece abierta, aunque procuran que las personas salgan acompañadas. Los horarios de visita no existen: cualquier familiar puede visitar en cualquier momento.
- En Carpe Diem decidieron subir las escaleras por delante de las personas con Alzheimer, no detrás. La lógica es simple y profunda a la vez: colocarse detrás no previene gran cosa, pero sí genera desconcierto. En cambio, los gestos de quien sube delante activan la imitación, la memoria motriz. Y mientras suben, nadie habla: escuchar requiere un esfuerzo que puede desestabilizar el movimiento. En 35 años, cinco caídas. Puede parecer un detalle, pero no lo es.
Podría haber muchas explicaciones para cada uno de estos gestos. Me quedo, sobre todo, con la pregunta de fondo: ¿cómo, modificando el espacio y el contexto, estamos también diseñando el bienestar o el malestar de las personas que lo habitan?
No os perdáis este cómic ni ninguno de los de este autor. Su pareja, y protagonista del libro, parece que da talleres llegando a Iparralde. Igual hay que acercarse un día a seguir aprendiendo del saber de los márgenes.
La estructura no es neutra.