“PERMISO PARA LEERSE A UNO COMO PROCESO” A lomos de una tortuga III. REFLEXIONES VERANO 2026.

Me he sorprendido leyendo una referencia al libro “El derecho a las cosas bellas” de Valls Boix en la entrada que hice similar a esta hace ahora un año. Es un libro que me atrajo desde que lo ví, lo he tenido en mis manos un par de veces, ojeado y solo hace unos días he dado el paso de terminar de leerlo espoleado por la recomendación de Pablo y Maria, habitantes recurrentes de la misma playa donde divago en verano. Reconozco, que ante mi tendencia a aflojar, me acerco a algunos textos con una mezcla de atracción, placer y culpa. Tengo la sensación de que el “virus” de la inactividad va a acabar de invadir todo mi cuerpo y que ya, nunca más, volveré a ser un ser productivo. Estos días estoy cerrando su lectura y confío en que la tensión que siento me atrape un poco más. Creo que me aporta lucidez y no es poco. 

En el tiempo con tiempo, que es para mi el verano, de vez en cuando rumio ideas, paseando filtro conversaciones hasta tener la fantasía de decantación y entonces me envió audios que pueden ser el germen de un nuevo texto-proyecto-manera, leo ensayo que me confronta y confirma…

En lugar de ganar rotundidad sigo navegando por la duda. 

Por un lado, en el momento en el que me propongo atrapar alguno de esos aprendizajes y compartirlo, por ejemplo, en un post, paro y me pregunto ¿También en el tiempo de descanso?, ¿es necesario?, ¿hay que sacar rendimiento a esas ideas que te han hecho sentido?…

Por otro lado siento cierto vértigo. En una edad donde la interpretación de los dejavus no se parece a esa lucidez de haber llegado antes sino de quizás estar repitiéndome sin darme cuenta y me pregunto: ¿A dónde se escapan estas ideas si no las escribo?, ¿en qué lugar permanecen lo que te hizo sentido?, ¿estarán contribuyendo silenciosamente a una manera de estar en la vida personal y profesional más estratégica, práctica, adaptativa, crítica y del bienestar?… Ojalá. 

Este año también nos hemos escapado a nuestro particular palacio de verano. En este lugar guardamos un sub lugar para el trabajo. Tenemos un pacto que nos permite trasladarnos a este otro espacio-tiempo con el compromiso de avanzar en algunos proyectos. Este año ha habido un par de ellos más activos que el resto. Procesos atractivos que por distintas razones se hacen más complicados que apasionantes. Mirarlos con la distancia de este otro ritmo complementa mi rol habitual con una tendencia a la metareflexión o como diría François Jullien en uno de los últimos libros que he leído en el “ecart” entre ideas que se necesitan para recuperar todo su potencial y recurso. Me acerqué a este libro  “La identidad cultural no existe” buscando quizás una mirada que me ayudará en nudos más sociales y organizativos y me ha ayudado a reforzar esta estrategia de la gestión de las polaridades que tanto he utilizado especialmente en los últimos años y en contextos muy distintos

Leer como nos recordaba hace unas semanas en su libro “La Batalla del pensamiento” Amador Fernández Savater es una manera de acceder a otras posibilidades, de permitirnos entrenar esa “escucha por desplazamiento”. ¡Cuánto he disfrutado con esta sucesión de entrevistas y artículos de Amador!. Su podcast sobre las utopías con la casa encendida ha sido un viaje precioso, una vez más, al mundo de los potenciales. Entrenando esta mirada en nuestra relación con el pasado, los relatos, los sueños, los animales, la tradición, la ciencia ficción, el feminismo… 

Leer “Futuro ancestral” recopilatorio de las ideas de Krenak, un regalo de mi amigo Joseluis Roncero, me ha ayudado a complementar esta mirada a los potenciales de una manera preciosa. “Se trata de sentir la vida en los otros seres, en un árbol, en una montaña, en un pez, en un pájaro, e involucrarse con eso”.

Después de escuchar esta entrevista a Lola López Mondejar en la maravillosa secuencia de encuentros que nos ofrecen desde el canal de “Arpa Talks” he terminado estas semanas con “Invulnerables e invertebrados”. Creo que fue un cruce de recomendaciones por parte de Elena Palma y Lola Montejo la que me pudieron en la pista tras esta psicoanalista. El texto no tiene desperdicio. He vuelto a tener esa sensación de alguien que acaba de redondear ideas que balbuceaba hace tiempo. Mezcla rigor, jerga e historia del psicoanálisis, práctica clínica, contraste con fuentes diversas y cercanas, con una apuesta transitando por las fronteras de las distintas identidades y estructuras de la personalidad que, por adecuadas a este sistema económico actual, nos atraviesan condicionando nuestra libertad y desarrollo.  “Frente a la caída en la identidad que nos empobrece, nuestra incómoda propuesta es volver a pensarnos, a interrogarnos, a dejar de lado la actuación compulsiva para atrevernos a mirar hacia un interior que quizá a estas alturas ya encontremos vacío, pero que debemos intentar poblar escuchando al extranjero que todos llevamos dentro”.

Y además volver a nuestra casa en Obaba con Golondrinas de Bernardo Atxaga, darle otra oportunidad a Fred Vargas con otra de sus novelas negras, pasearme por Atenas con mi amigo Jaritos, Disfrutar de una nueva “road novel” con la gran Valeria Luiselli (¡Qué bonita esta conferencia en BCN!), bellísima, compleja y terrible “Triste tigre” de Neige Sinno, maravillosa otra vez Siri Hudsvet y sus fantasmas, deje de anhelar ser “Orquideista” después del viaje de Vidya Narine, leí para volver a conectar con los colapsos burocráticos con Sara Mesa, Cerezos en Japón…

Manel Muntada, gran “dealer” en esto de las lecturas que nos atraviesan, me recomendaba la colección que acaba de comenzar a publicar la poeta y filósofa Chantal Maillard. Comencé con el primer texto “Para una educación senti-mental: Principios de ética aplicada. Breviario n.º 1”  en un momento que decidí reservar el final del último capítulo de López-Mondéjar para no acabar corriendo y me encontré los mismos temas tratados de una manera muy congruente en el contenido y muy distinta en la forma. Cada frase una frase a subrayar y las secuencias un hilo que memorizar. Para luego invitarnos en el espacio práctico a coger distancia de la idea de las ideas, de los sentimientos que nos anclan y fijan, de esta voz interna que sostiene la fantasía de una identidad. 

Y esto me deja resonando. Estas ideas y sentimientos que leo en verano son parte de mi sin ser yo. Sin haber un yo, sin tener que haberlo. Hay momentos en los que el contexto le exige a uno mostrarse “hecho”. No encuentro otra expresión, quizás “seguro”, “vehemente”. Y vamos a seguir experimentando a expresarnos con mayor claridad, probar a destilar mejor, a apoyar las ideas con experiencia e imágenes. Para luego volver a la certeza de estar en proceso, de habitar procesos, conectar y trabajar con personas en proceso.

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