8 de marzo y cuatro ideas sencillas sobre cómo seguir impulsando la igualdad entre hombres y mujeres en las empresas para hombres que están dispuestos a dar pasos

Este post está dirigido básicamente a hombres que, dentro de sus organizaciones, están queriendo impulsar algunas dinámicas de mayor igualdad entre géneros y, a veces, se encuentran con dudas, con tensiones, con choques de ideas y también con tensiones internas. Desde ahí, comparto cuatro ideas que hemos aprendido de nuestras compañeras y que quizá es bueno traer de manera sencilla para que puedan servir como puente.

Lo primero: entender la tensión. La tensión como algo que no solamente es personal, sino también colectivo. Lo que ocurre, lo que está en juego, no tiene que ver únicamente con actitudes personales o con estructuras organizacionales; también tiene que ver con aspectos de contexto, con dimensiones sociales. Desde ahí, puede ser útil entender y normalizar esa tensión. Y también entender que es un proceso largo, que no va a corto plazo, sino que se mueve en tiempos largos. Los hombres, incluso aquellos que nos hemos sentido interpelados, necesitamos permanecer de manera consciente. Habitamos estructuras que nos condicionan y refuerzan en un sentido. Es clave conversar para ampliar perspectivas, permanecer en la tensión cuando las ideas no acaban de casar….

En relación con la brecha salarial, a veces nos encontramos con organizaciones que dicen: “al mismo puesto, el mismo sueldo”. Bueno, eso ya es un paso, porque hay organizaciones donde ni siquiera eso ocurre. Pero la desigualdad no se mueve tanto en ese nivel. Se mueve más en qué tipo de puestos son a los que accede una mujer o a los que accede un hombre, y en qué tipo de puestos de responsabilidad acaba estando un hombre o una mujer. Ese es el gran tema.

Cuando miramos, por un lado, el número de mujeres que hay en una organización; por otro, el número de mujeres que están en puestos de liderazgo o con poder; y, por otro lado, el sueldo de los puestos estándar que ocupan las mujeres y los que ocupan los hombres, ahí aparece un tema importante a revisar. Por tanto, la brecha salarial no siempre se juega únicamente en la idea de “mismo puesto, mismo sueldo”. Ese es un tema que se repite en algunas organizaciones y que conviene mirar con más profundidad.

A vueltas con la igualdad y la equidad, este es otro asunto que aparece muchas veces cuando pensamos en claves de igualdad. Toda la dimensión que tiene que ver con la discriminación positiva —es decir, entender que, en determinadas condiciones, puede ser necesario ir incorporando poco a poco, por ejemplo, a mujeres a puestos directivos— genera muchísima duda, muchísima resistencia y, a veces, bastante conflicto.

Aquí puede ayudar entender que se trata de un ejercicio de restauración. Tiene que ver con ser conscientes de que el estado actual es producto de una historia larga de desigualdad. Ese resultado nos deja una fotografía que quizá es necesario modificar de manera consciente. No se trata tanto de discutir sobre la equidad en abstracto, sino de reconocer los privilegios que han existido hasta ahora y aceptar a renunciar a parte de ellos o dar un paso atrás para que otras personas puedan ocupar espacios que históricamente no han podido ocupar.

Sobre los impactos de estas medidas en nuestros objetivos empresariales. También aparece a veces la idea de que, desde las organizaciones, se nos pide un esfuerzo contraintuitivo, que va en contra de la eficiencia o de lo que es bueno para la organización y sus objetivos. Creo que aquí es importante conectar con algo que decimos en muchos otros ámbitos y que, sin embargo, a veces se nos olvida cuando hablamos de hombres y mujeres: la diversidad.

Una buena gestión de la diversidad nos coloca ante retos complejos de una manera mucho más preparada. La integración de perspectivas distintas nos da una competencia colectiva muy clara para tener una mirada más matizada de la realidad y, por tanto, mayor capacidad de comprenderla y de actuar sobre ella.

Hay muchos estudios que hablan de cómo la incorporación de la perspectiva de género ha transformado campos como el urbanismo, la medicina o muchas otras disciplinas. Ocurre cuando incorporamos otras miradas que a veces están menos presentes en la estrategia: la juventud, la comunidad u otros colectivos. Cuando estas perspectivas entran en juego, nos volvemos más capaces de entender los matices de la realidad y, por lo tanto, de interactuar mejor con ellos. Las medidas de igualdad también pueden colocarnos en una posición más competitiva.

Son solo algunas ideas, bastante sencillas. Habrá quien las lea y piense que son cosas muy básicas o que llegan muy tarde. Este texto no es para ti. Para quienes lo hayan leido rapidamente y ya ses situen en contra, igual tampoco. La tensión suele situarse entre quienes piensan que vamos demasiado despacio y quienes sienten que vamos demasiado rápido. Avancemos.

Algunos apuntes sobre el texto La revolución inevitable. Una cápsula sobre la sociedad de la inteligencia artificial, de Genís Roca.

Genís publicó este texto hace unas semanas y lo he devorado en un par de horas. Es solo una cápsula como él explica e imagino que las personas que hemos tenido la suerte de escucharle en más ocasiones completamos lo que no ha contado desde el eco de otras reflexiones anteriores. Transcribo estas notas para atraparlas, el libro ya ha volado con mis subrayados y notas a otras manos, y recomendaros su lectura. Confío en no hacer demasiado “spoiler” ni destrozar la trama. 

Vuelve a traer una idea que aparece de forma recurrente en sus textos y ponencias: la tecnología es aquello que todavía no hemos normalizado ni interiorizado como parte de nuestros procesos. Cuando deja de parecernos tecnología, es cuando ya forma parte de lo cotidiano.

Al inicio del libro señala que el formato digital ha aumentado de forma extraordinaria nuestra capacidad para almacenar información y para enviarla de un punto a otro del mundo de manera casi instantánea. Al hablar de la información, recorre distintos momentos históricos. Primero, cuando el conocimiento se recogía en libros sin bibliotecas, en manos de monjes que decidían qué reproducir y quién accedía a esos ejemplares. Después, la imprenta, que supuso un salto enorme en capacidad, aunque seguía siendo la editorial quien decidía qué se publicaba y cómo se distribuía. Más adelante, los medios de comunicación, donde los propietarios de emisoras o editoriales determinaban qué canciones se escuchaban o qué mensajes se difundían. Hoy estamos en otra dimensión: cualquier persona u organización puede publicar textos, imágenes, vídeos, sonidos o datos a escala planetaria. El problema ya no es publicar, sino lograr relevancia.

Internet se afianza y permite conectar todos los ordenadores en una misma red, haciendo posible que casi cualquier empresa o persona se convierta en un nodo que recibe y emite información. De nuevo subraya cómo el formato digital ha multiplicado nuestra capacidad de almacenamiento y transmisión.

Cuando aborda la inteligencia artificial, señala que su aparición era incluso previsible. En esencia, se trata de aplicar niveles muy avanzados de estadística para deducir, inferir y proponer soluciones. Hasta ahora, para evitar cálculos excesivamente complejos, la estadística trabajaba con pocas variables. Estos límites han sido superados. Los modelos de IA permiten abordar tareas y procesos informatizados que antes no eran viables y están revolucionándolo todo. “Aparece una nueva generación de software basada en la integración masiva de datos que, más allá de generar textos o imágenes, participará en la toma de decisiones”. En el momento de leer la palabra “decisiones” tuve muy presente la lectura del “Algoritmo Paternalista”. Otro libro que he recomendado con fuerza estos meses. 

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Organizaciones, propósito, futuro emergente, límites del planeta y el negocio de la guerra

En el marco de la reflexión sobre acompañar a organizaciones que quieren reconectar con su propósito hay una idea que está presente con fuerza: se trata de llevar al centro de la reflexión los impactos que se generan a nivel social. Hay empresas que buscan trascender del marco de la Responsabilidad Social Corporativa y de los Objetivos del Desarrollo Sostenible y quieren situar en el centro de su actividad la reflexión sobre los impactos sociales de su actividad. Solemos hablar de organizaciones con propósito. 

No todas las organizaciones están en este punto de reflexión y con este nivel de compromiso. A este tipo de organización yo me acerco con la exigencia de la congruencia. Me encuentro algunos movimientos más estratégicos y de marketing social o de lavado de cara que, desde mi experiencia, pueden generar rechazo a nivel social y desalineamiento hacia el interior cuando el discurso y la realidad difieren demasiado. Cuándo estamos trabajando por la reconexión con el propósito, su fuerza tiene que ver con la congruencia y el despliegue. No es sostenible a largo plazo una estrategia de marketing disociado. 

Por otro lado y dentro de este tipo de procesos de acompañamiento o, en los más clásicos y habituales de reflexión estratégica, la relación de las organizaciones con su entorno se convierte en un foco con mucha importancia. No voy a escribir sobre el ecosistema, los clientes, proveedores, competencia… Me refiero a como es la relación de estos sistemas con el sistema social o sistema planeta en el que se desarrollan. 

Conocemos algunas estrategias que, desde otro tipo de conciencia de contexto, aplican estrategias extractivistas, desconectadas de sus impactos negativos. Es bien conocida la estrategia de la industria del tabaco durante décadas, impresionante aprender de la crisis de opiáceos en EEUU, impresionante confirmar las noticias de hace unos meses en relación al lobby de los combustibles fósiles en las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático… Pudieran parecer mundos paralelos pero esta realidad se puede colocar también en un ranking y a veces trabajamos con empresas que se sitúan en lugares de frontera o que pudieran sostener algunas tensiones importantes en este sentido. 

En el proceso de reflexión de estos años hemos conectado con la necesidad de reflexionar sobre los retos de sostenibilidad ambiental como una de las claves para lograr que las estrategias además de exitosas económicamente a corto plazo pudieran serlo también a medio y a largo plazo.  

En nuestro trabajo solemos dedicar un espacio de trabajo para estar atentos a las tendencias del mercado y la sociedad. Creo que no es algo especialmente distintivo, mucha gente lo hace para situarse mejor en lo que está cogiendo forma. Quizás la diferencia está en que nosotros reforzamos una mirada a más largo plazo donde el futuro que coge forma y cristaliza es más un tablero de oportunidades a las que sumarse y no tanto un juego de estrategia donde acabar con tu enemigo. Además, y continuando con la metáfora del mapa con las estrategias distribuidas por una cartografía concreta, hacemos hincapié en sus límites. Como recordaban en esta conferencia con este sugerente título hace unos años en la universidad: ¿Es posible un crecimiento económico infinito en un mundo finito? hace ya 50 años el matrimonio Meadows ya dió con las claves para reflexionar sobre los límites del crecimiento. Este trabajo nos conectó también con muchas de las claves que manejamos hoy en las organizaciones y que llamamos perspectiva sistémica. 

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