Reconozco mis dificultades para escribir hoy. Leía hace unos días a Manel sobre las bonanzas del acto y las comparto. Disfruto de la lectura. Las palabras cosidas con maestría me tocan, me dan sentido, responden a parte de las preguntas, ponen la música que hace que mis pies bailen o se den cuenta de cual era la tonada que bailaban. Y eso es mucho, hoy seguramente sea de la sensaciones que más feliz me hacen.
Puedo achacar la pereza al tiempo estival. Son días raros estos del verano. Cato playa y bienestar temprano con lo que me es imposible desconectar por completo con la tarea y este malabarismo de proyectos interconectados que cobran vida con bastante autonomía en relación a mis necesidades. No soy un hombre especialmente preparado para las “trabacaciones” a pesar de mi condición de autónomo. Me cuesta engrasar la maquina que trabaja y descansa, necesito tiempo para llegar a cada engranaje, los principales y automáticos funcionan pero los más pequeños y encargados de los matices les cuesta un poco más de tiempo. ¡Me apasionan tanto mis proyectos!. ¡Disfruto tanto del descanso!
De vez en cuando retomo algunos posts de la hemeroteca, para eso están ordenados en sus categorías para que cualquiera, incluso quién los escribió, puedan volver a ellos cuando lo necesiten. Me leo y los matizaría. Algunos los borraría. Creo que sobre esto ya escribí también en el blog.
Ya os he contado algo sobre como funciona mi particular motor. No es un acercamiento puramente descriptivo, parecería verdad pero sería mentira. Creo que esta manera de acercarme al fenómeno me ayuda a diferenciarla bien de las recompensas más inmediatas que sitúo muchas veces en el ámbito de la huida, la protección y cubrir otras necesidades más profundas: Comer más de lo que quiero, comprarme libros de manera impulsiva,… La motivación para mi es algo frágil, dispersa, intensa y que habla de mi y las relaciones de una manera profunda. Relacional y circular.
Cuando me encuentro con otras personas siento en cada una de ellas un proceso similar. Cada una con su particular dialogo inconsciente e interior. Si apago otra información para escuchar esta es como si el rumor de cientos de pequeños engranajes discurriera probando las mil caras del Jazz. Una sumaresta de peleas y amores en cada una. Se esta sintiendodeciciendo un paso.
Reconozcamos, no lo pongamos en el altar de las cosas únicas, pero si, hay algo fuera de nosotras que es también importante para movernos. Y dentro de todas estas cosas importantes fuera de nosotros hay una que considero clave, las otras personas que rumian engranajes.
Como el personaje de Baricco en «Mr Gwyn» sigo escribiendo sin escribir, contandome a mi mismo como me ato los zapatos. Y como aquel también buscando mi particular garaje perfecto para redactar mis retratos de desnudos.
Leo más que escribo. Y le doy a diferentes géneros:
Internet, sobre todo Facebook, me invita a textos de management del estilo de 5,10 o 20 consejos para hacer algo perfecto, para ser la mejor organización,… También me invita a pensar que todos los partidos políticos son lo mismo y que nuestra única salida es embarcarnos a la misión sin retorno a Marte que ya parece tener fecha,…
Los blogs que adoro (imaginarme arrodillado, rendido y reconociendo la tenacidad, la persistencia y calidad de estos amigos y amigas que permanecen fieles a su cita semanal como mínimo) me recuerdan lo que no escribo y me llegan con un nivel de profundidad y especialización que me abruma..
Mis lecturas, a veces rápidas e intensas como el sexo a escondidas, pasean últimamente en el genero de la autobiografía; Rhodes, Sacks, Kandel,… daría para varios posts pero casi he echado la toalla para no contribuir a resúmenes diagonales de obligadas lecturas verticales.
Leo más que escribo. Me siento torpe, ya lo dije. Me leo antes y me gusto más. Es como si hubiera una energía más exploradora. Como si sobrevivir hoy implicara vivir en lo conocido. Y es verdad pero no solo. Sigo buscando. Los proyectos laborales me exigen. Hay cuatro o cinco ideas que me siguen acompañando y reencuentro en diferentes lugares y con personas distintas y además sigo incorporando nuevo, expandiendo. Lo siento con fuerza.
Cuando uno pierde peso, bastante peso, entorno a su cintura permanece una suerte de flotador deshinchado. Depende de lo que uno llego a albergar el hinchable ocupa más o menos sitio. Esto de las gorduras es un mundo de subjetividades. En mi caso es lo suficiente como para recordarme que allí hubo y puede volver a haber. Es una cavidad plástica que tiene la capacidad asombrosa de recuperar su antigua forma en más menos tres soplidos.
Te vas dando cuenta pero lo que te pasas o controlas no tiene un impacto inmediato y cuesta, a mi me cuesta, conectar acción con consecuencias cuando no son inmediatas (Creo que es algo compartido en la medida que suele ser parte de los contenidos que solemos abordar cuando pensamos en cambio desde la perspectiva más sistémica)
Termina 2015 y asoma 2016. Llevamos ya unos días de encuentros deseándonos felicidad. Yo no pierdo la ocasión aunque tengo que reconocer que me cuesta hacerlo en fechas navideñas. Hay como una especie de overbooking. Como si el pequeño gesto se disolviera en un mar de guiños y muecas.
Hay algo en el cambio de año que me conecta más. Hay varias capas en la fecha. Hoy me toca en la del ritual, en la del cambio. Como cuando después de no haber pisado las lineas entre las baldosas al final estas cambian de color y te sientes libre de saltar y volver a pisar donde quieras.
Me apetece desear suerte, felicidad, salud, dinero y amor. Y las palabras se me quedan o cortas o incompletas. Una vez más quiero decir más cosas de las que puedo, ese mecanismo que me hace comerme palabras y silabas cuando hablo.
Junto a complejidad e incertidumbre una de las palabras que más define mis conversaciones de 2015 es TRANSición. La sensación es la de estar permanentemente desajustadas. Como de llegar o demasiado pronto o demasiado tarde.
Como se puede sentir una pizarra digital en un aula hoy o un portátil de la escuela 2.0 que por lento nunca se enciende. Como lo hace una persona que termina por ser consciente de que su cuerpo y su identidad sexual esta por construir en un mundo de dos géneros. Como un cristiano que conecta con el budismo.
Ser hoy hijo, padre, madre, pareja, joven, vieja, política, técnico en una administración publica, militante en un partido político, asociación, en un barrio, vender un producto bancario, ser consultor, … es algo en construcción. Un poco como siempre y un poco como nunca.
Es como si el movimiento, la acción de pasar al otro lado, a fuerza de constancia y omnipresencia, que no repetición, se convierte en estado y en rasgo de identidad. No es una gripe que pasaremos sudando bajo las mantas. Ya somos TRANS. Humanidad TRANS, profesionales TRANS en TRANSición, TRANSformación, TRANSformistas, TRANSmedias, TRANSexuales, TRANSfugas, TRANSconsultores, TRANSgénicos, TRANScendentes, TRANSpirenaicos,…
Así que os deseo un año 2016 TRANS. Lo va a ser. Quizás si lo hacemos más conscientes dejamos de invertir algunos kilos de energía en quimeras de estabilidad y planificaciones buscando el paraíso de lo verdadero. Disfrutemos de la capacidad de reinventarnos, de cruzar al otro lado sin saber que se encuentra tras el paso, vivamos el camino, … TRANS
Este domingo por la mañana he participado en el programa “Más que Palabras” de Radio Euskadi. Nos convocaban 5 frases en relación al “Amor”. Ir a este programa se me hizo atractivo desde el comienzo. Creo que es una respuesta “fan” hacia el trabajo de Almudena Cacho.
Cuando conocí el tema que nos convocaba fueron dos las reacciones. Una enviar la dirección de mi blog para que conocieran a que tipo de cosas estaba orientado mi actividad en este momento. Vamos, que en mi cruce de mails ya oriente mi desorientación. Otra, la inmediata, comenzar a emborronar papeles con ideas que me surgían.
Había algo en la propuesta que me conectaba con un montón de lecturas, conversaciones, vivencias,… que estaban siendo importantes. De alguna forma en este choque de trenes entre lo femenino y lo masculino (simplificando solo para entendernos), más o menos educado, apasionado, sexual, tierno, violento, maravilloso, frustrante, completo, abortado,… percibo que se encuentran claves para entenderme y ser más consciente de la que me estoy y nos estamos jugando en muchas decisiones cotidianas.
He salido del momento radiofónico removido. Necesitaba escribir. Ocurre que se me esta olvidando poner unas palabras junto a las otras. Tengo tanto respeto por el folio blanco y por el silencio que me cuesta cada vez más levantar la voz o bocetar algo a la altura.
Me siento frágil abordando este tema, el del encuentro-desencuentro entre hombres y mujeres. Y creo que es un aporte escribir desde aquí. Y puedo hacerlo desde la fragilidad reposada, desde el desajuste con mis fronteras casi constante y al calor del amor y los afectos.
Tengo 40 minutos para escribir este post. Ya 39. Y además la sensación de robar tiempo al trabajo, a la tarea que no puede esperar. He abierto directamente el editor del blog. Quiero contar que a pesar del silencio sigo contando.
¿Donde van los posts que no escribo en mi blog? Siguen en mi. Actuan un poco menos. Son ideas fuerza pero menos. Cuando cogen forma de post las incoroporó a lo que sé. Las puedo seguir compartiendo. Me sirven para contar, acompañar. Para contarme, acompañarme.
Esta semana me he sorprendido matizandome, cogiendo distancia de algo que escribía. Me imagino que si reviso mi bitacora, incluso esos posts que comparto y cito, matizaría cientos de lineas e ideas. Escribir para afincar y también para contrastar los puntos de partida de las posadas temporales. Aun no hay recorrido para hablar de finales. Si tuviera que escribir un post para despedirme que tenga, por favor, la lucidez de las letras de Oliver Sacks.
Lo he pensado siempre pero no me he atrevido a compartirlo hasta hace poco.
“Emoción” es una palabra. Ibamos poniendo a todo en su lugar; los animales eran animales, nos los podíamos comer, los árboles eran árboles podíamos talarlos,… Colocabamos nombre a las cosas para tener poder sobre ellas, y lo conseguíamos.
Todo por un camino bien enderezado pero muchas veces había algo que nos distorsionaba los cuadrados. Cogía formas que no cabían en las cuadriculas. Veías algo claro pero otra “cosa”, no sabíamos como llamarlo, algo que sentías en alguna parte de tu cuerpo, funcionaba como una alerta. Un susurro o un grito, te decía que eso que veías claro quizás no lo era tanto.
Detrás de todo este poner nombres, de atrapar lo extraño en conocido, había uno de esos gritos. Te decía algo así como que lo que no tiene nombre es desconocido, no es de los nuestros. Y además tu sabes que aquellos, los extraños no controlados, pueden atentar contra tu vida. “Vida” también es una idea que acababa de coger forma en una palabra con la absurda fantasía de controlarla.
Cuando buscaron poner nombre a esto que ocurría en el cuerpo eligieron, en este lado del mundo, la palabra latina “emotio, emotionis”. Declinando el verbo “emovere”. Como eso que “saca a uno de su estado habitual”, comparten en un diccionario etimológico en Chile. En wikipedia tiene otro matiz; «aquello que te mueve hacia».