Ideas para la reflexión desde la frontera sobre los impactos comunitarios, iniciativas y aprendizajes de las Mesas de inclusión

Comparto en esta entrada la exposición que utilicé en las jornadas impulsadas por por la Dirección de Empleo e Inclusión del Departamento de Trabajo y Empleo del Gobierno Vasco donde se convocaba a diferentes iniciativas vinculadas a las Mesas Locales de Coordinación entre Sistemas de Inclusión Social. (Esteka honetan, euskarazko aurkezpena deskargatu dezakezue)


He recurrido a una metáfora para compartir algunas claves que, a mi entender, atraviesan las dificultades que encontramos cuando tratamos de responder colectivamente a fenómenos tan sistémicos y globales como la pobreza y la exclusión.

Voy a presentaros a un autor, se llama Hundertwasser y una teoría y dibujo que nos regaló hace décadas, titulada las 5 pieles. Seguro que hallaréis ideas con las que discrepar, otras que puedan serviros de apoyo y quizá algunas que os dejen indiferentes —ojalá sean las menos.

La primera piel: el cuerpo. El ser humano es vulnerable, sensible, goza y sufre. 

El autor hace una denuncia de una sociedad que violenta los cuerpos. ¿Qué tiene que ver esto con nosotros?

  • Las personas y colectivos que llegan a nosotros y nosotras lo hacen tras una acumulación constante de rupturas de vínculos. La exclusión es eso: un continuado romper vínculos. ¿Cómo es cuando llegan a nosotros? A veces también nos cuesta construir vínculos. No es fácil. Hay situaciones que nos producen rechazo. Además algunas veces hemos pensado que ser un buen profesional es apostar por la distancia. Sabemos que estar cerca nos ayuda a entender y la distancia nos permite traer nuevo. Si estamos demasiado cerca no aportamos nada, nos podemos perder; estar demasiado lejos no nos permite conectar con la realidad, ser sensibles. La burocracia puede convertirse en una estrategia de defensa. Necesitamos seguir creando alternativas a la distancia excesiva. Interesante pensar en aquellos profesionales que nos parecen inspiradores/as y pensar en qué medida nuestra práctica actual nos acerca o diferencia de estos. 
  • Hoy hablamos mucho de salud mental. Muchas personas percibimos dos fenómenos. Por un lado, parece que hay más permiso social para mostrarnos vulnerables y expresar nuestra sensibilidad. Y eso puede leerse como un síntoma de avance. Identidades más abiertas y que se construyen afectadas por lo que cambia. Por otro lado la certeza de que algo está ocurriendo para que más personas se sientan desorientadas o desbordadas, y esto merece una mirada profunda. Existen condiciones estructurales que no están en nuestras manos. Pero sí está en nuestra responsabilidad reconocerlas y no responder de manera exclusivamente individual a problemas que requieren respuestas colectivas
  • Entendiendo que somos parte de una red y que ningún profesional puede dar respuesta a todo, a veces trabajamos como si nos pasáramos la “patata caliente”: “Yo no puedo, quizás otro”, o de otra manera, “En esto no soy competente, igual lo es otro”. Con cariño pero a veces somos “una cadena de incompetentes”. Y entonces comenzamos a reunirnos las personas que no pudimos dar respuesta a la situación por sí solas para ver si podemos hacerlo de una manera coordinada. Está bien sabernos limitados, necesitamos proteger el vínculo, engrasar estos espacios para no perder de foco a las personas y conectar de manera responsable con esta incapacidad. Tener como objetivo aumentar las competencias del colectivo, de la red, del sistema. 

Algunas preguntas: ¿Cómo cuidamos el vínculo desde esta red de profesionales? ¿Quién tiene el vínculo y como seguimos reforzándolo? ¿Cómo evitar que este trabajo en red se convierta en una cadena de incompetencias y transformarlo en una forma que acoge?  ¿Cómo cuidarnos para que la alternativa al dolor no sea únicamente la distancia? ¿Cómo seguir construyendo espacios de seguridad donde no tengamos que protegernos?

“Nos unimos por nuestras similitudes, crecemos por nuestras diferencias.” — Virginia Satir

La segunda piel: la ropa (identidad, lenguaje y poder) 

La segunda piel es la ropa. Este autor se hacía su propia ropa, sus zapatos, sus sombreros. Había en eso un gesto político: una crítica profunda a los uniformes, a los códigos estéticos y culturales que borran la diferencia y normalizan la homogeneización.

  • Los uniformes no solo igualan; también disciplinan. Nos servimos de jergas técnicas, protocolos, categorías administrativas, formación, roles, puestos…. Cada lugar contribuye a construir una forma de mirar, una forma de ordenar la realidad. La pregunta es si estos uniformes, además de sostener el sistema y garantizar su continuidad (que no es poco) también nos están limitando. Si además de ordenar, también fragmentan. Las Mesas pueden ser un espacio donde las disciplinas dialoguen al servicio de las personas. 
  • Trabajamos con realidades-poliedro. Las situaciones que nos llegan no pueden abordarse únicamente desde un saber técnico o una disciplina concreta pero igual tampoco sumando citas de lunes a viernes. La especialización es necesaria pero si no se integra, fragmenta. La transversalidad es permitir que las miradas se transformen mutuamente. Eso exige tiempo. Exige escucha. En este momento en el que cuestionamos el DSM quizás podemos seguir la transición del diagnóstico a las hipótesis circulares. Construir relatos que nos ayuden a comprender e incidir en las realidades, incluyendo a un número importante de partes y reconociendo impactos dolorosos de algunas buenas intenciones y beneficios secundarios de situaciones que vivimos como no deseadas. 
  • A veces confundimos cumplimiento con impacto. Marcar una casilla tranquiliza. Pero cuando trabajamos en red, el impacto no siempre es lineal ni atribuible a una sola acción. Y eso puede generar incertidumbre. Debemos de tener cuidado con la fantasía de pensar que es mejor una checklist completada por una sola organización/profesional —aunque el impacto sea limitado— que un proceso compartido cuyo efecto es más profundo pero menos visible. El trabajo en red es menos espectacular, pero más estructural. Y eso incomoda, porque no siempre se puede medir con la misma facilidad. Necesitamos inventar y acordar nuevos indicadores y datos. También vivir con la frustración de acompañar en situaciones cronificadas e historias de pobreza transgeneracionales. 
  • Además en contextos de incertidumbre es comprensible que cada cual quiera asegurar su subsistencia. Pero eso erosiona la confianza. Sin una mínima sensación de continuidad —no garantía eterna, pero sí estabilidad suficiente— el sistema se vuelve defensivo. Y en un sistema defensivo, la colaboración se debilita. La red no se sostiene solo por voluntad; necesita condiciones.

Algunas preguntas: ¿Cómo os dais cuenta de que estas Mesas están sirviendo realmente para generar una mirada transversal? ¿Se escuchan siempre las mismas voces? ¿Cómo apoyamos a estas iniciativas para que dispongan de más recursos y puedan acometer la situación con mayor garantía? 

“Cambiar de respuesta es evolución; cambiar de pregunta es revolución.” — Jorge Wagensberg 

La tercera piel: la casa, la vivienda como extensión del cuerpo 

Él hablaba del derecho a la ventana, del derecho a personalizar los espacios, a hacerlos propios. La casa no es solo un techo; es identidad, es arraigo, es posibilidad de proyecto vital. Lo que ocurre hoy es que, en muchos contextos, simplemente tener techo se ha convertido en un lujo. 

  • La vivienda se ha convertido en un punto de tensión social enorme. No afecta solo a la población más vulnerable. Está generando fricciones entre quienes compiten por un bien escaso. Eso tiene consecuencias en convivencia, en percepción de justicia, en cohesión social. Cuando hablamos de la distinta vinculación de los jóvenes hoy con el trabajo, por ejemplo,  debemos de recordar que en estos momentos, y por el dificilísimo acceso a la vivienda, tener un sueldo no es suficiente para activar un proyecto vital autónomo. 
  • Es interesante que Hundertwasser desarrollara su obra en Austria, en Viena, donde se ha realizado una apuesta históricamente muy clara y sostenida por la vivienda pública. Más del 60% de la población vive hoy en vivienda pública o subvencionada. La ciudad compra suelo estratégicamente, regula precios, reinvierte beneficios. No podemos ser Viena mañana. Pero la pregunta no es si podemos copiar el modelo, sino qué aprendemos de la lógica de fondo: continuidad, decisión política, mirada estructural. Porque aquí aparece algo importante: sabemos que la vivienda no es competencia directa de las Mesas de Inclusión. Pero también sabemos que, si no ampliamos la mirada y no intentamos incidir estructuralmente, seguiremos gestionando consecuencias sin tocar causas. 
  • En diferentes lugares de Euskadi existen experiencias interesantes: apuesta de vivienda pública en derecho de superficie y alquiler, gestión de estos parques publicos, intermediación con pisos para personas racializadas que sufren discriminación inmobiliaria, parques públicos gestionados por entidades sociales, cooperativas de vivienda, fórmulas híbridas entre administración y tercer sector, estrategia de “vivienda primero” en colectivos en situación de sinhogarismo…
  • Desde ahí, se abre otra cuestión: cómo generar interlocución entre políticas más “blandas” y políticas más “duras”. Entre acción social y urbanismo. Entre lo que podríamos llamar hardware (infraestructura, suelo, regulación) y software (acompañamiento, intervención social, dinamización comunitaria).  En estas Mesas se encuentran organizaciones con capacidades de agencia muy diferentes. Las Mesas no solo son espacios de coordinación; son espacios donde aprendemos a gestionar poder, límites y responsabilidades. Es importante que aprendamos a tomar decisiones complejas incluyendo distintas perspectivas porque si no los cantos de sirena de las “Inteligencias Artificiales” y la fantasía de “neutralidad” nos sustituirán como ya lo están haciendo en algunos lugares. 

Algunas preguntas: ¿Por qué no pensar en grande?  ¿Por qué no pensar cómo hacer palanca?  ¿Por qué no articular denuncia, propuesta y experimentación al mismo tiempo? Cuando la vivienda ocupa un lugar central en nuestras estrategias, ¿qué estabilidad empieza a aparecer en las trayectorias de las personas?

“Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, solo porque, y solo cuando, son creadas por todo el mundo.” — Jane Jacobs 

La cuarta piel: la identidad social, la comunidad y los sistemas 

Si la tercera piel hablaba de estructura, esta habla de tejido. 

  • La perspectiva comunitaria entra y sale de la agenda pública según haya recursos, voluntad política o moda intelectual. Reaparece cada cierto tiempo, como si descubriéramos de nuevo lo que ya sabíamos. Pero si la apuesta comunitaria no es sostenida, se convierte en ciclo. Y, desde mi punto de vista, pierde profundidad. Un truco, cuando deje de estar de moda cambiar de nombre, nos puede servir “Innovación Social”… Abordar de forma colectiva los retos sociales, mejorar la calidad de vida en nuestros barrios, desde la participación real de la ciudadanía y tejiendo una sociedad más inclusiva y más cohesionada.
  • En este momento histórico hay un elemento que nos atraviesa: la polarización y los discursos de odio. No solo el racismo y el machismo, sino también la aporofobia, el rechazo a la pobreza. Esto afecta directamente a la posibilidad de intervención. Desde ahí, la dimensión comunitaria no es un lujo; es una necesidad estructural. Ante la sensación de desamparo debemos de ser capaces de generar y gestionar espacios de escucha y de regulación de las tensiones. Necesitamos escuchar el malestar para que no se manipule y utilice desde los discursos excluyentes. Además de poner límite a los rumores, 
  • Ante el desborde de los centros educativos públicos necesitamos conseguir que se doten de más recursos y colaborar con estos en sus jornadas de puertas abiertas y hacerlos atractivos para el conjunto de la ciudadanía protegiéndonos de una inercia de segregación escolar absolutamente perjudicial para la salud democrática. 
  • Es clave seguir esforzándonos en reforzar la capacidad de agencia de las personas con las que trabajamos. No solo que reciban recursos, sino que aumenten su capacidad de decisión, de participación, de influencia. Eso implica sostener espacios de escucha real. No simbólica. Espacios donde su palabra tenga consecuencias. 
  • Es clave reconocer y apoyar lo que ya está ocurriendo. Hay iniciativas de asociaciones vecinales, colectivos ciudadanos, redes informales que ya están generando alternativas. A veces invisibles, a veces precarias, pero reales. Lo comunitario no se decreta; se cultiva.

Algunas preguntas: ¿Cómo fortalecer sin colonizar?. ¿Cómo generar una mirada atenta a todo lo que está ocurriendo en el territorio?. ¿Cómo generamos más espacios de encuentro, de acogida, de apoyo mutuo? ¿Cómo reforzamos las escuelas del barrio cuando están tensionadas? ¿Cómo trabajamos una convivencia donde los conflictos puedan regularse con escucha y no solo con sanción?

“Intervenir comunitariamente implica crear contextos que amplíen la capacidad de las personas y los grupos para influir en las condiciones que afectan a sus vidas.” Silvia Navarro. 

La quinta piel: la tierra, la sostenibilidad y el aprendizaje colectivo 

La quinta piel que plantea este autor es la piel de la Tierra. Podemos entenderla como una crisis de desconexión vital. Puede parecer un tema ajeno a lo que nos toca hacer en las Mesas de Inclusión. Pero no lo es tanto.

  • Durante algún tiempo hemos hablado, por ejemplo, de la pobreza energética. Quienes gestionáis recursos en zonas próximas a ríos sabéis que cada cierto tiempo —cada año, cada cinco años— aparecen desbordamientos, inundaciones, crisis habitacionales asociadas a fenómenos climáticos. Muchas de las personas que hoy ocupan el último escalón de la pobreza huyen de países atravesados por las heridas del colonialismo y de los nuevos colonialismos vinculados a la explotación de recursos, las tierras raras, el cambio climático. La desigualdad ambiental y la desigualdad social no son fenómenos separados. 
  • Mirar a esta dimensión es también comprender los límites del planeta y romper con la fantasía del crecimiento económico perpetuo. Salgo ya de este jardín porque tendríamos que comenzar a hablar de decrecimiento y nos solemos poner nerviosos. Me interesa que pensemos en estos espacios como lugares sostenibles donde conectar saberes técnicos con sabiduría popular, experiencias formales con iniciativas vecinales, intervención social con comprensión de los ciclos y límites. Sostenibilidad no solo como discurso, sino como práctica relacional. Lugares donde podamos sentirnos escuchadas y escuchar. Donde podamos trabajar en claves de intervisión, analizar situaciones y casos no solo para resolverlos, sino para aprender de ellos. Invitar miradas externas cuando sea necesario. Diferenciar lo que funciona de lo que no funciona. Llega un momento en que el aprendizaje no tiene tanto que ver con teoría, sino con práctica reflexionada. 
  • Una reflexión sobre el liderazgo.  Puede ser un tema complejo. No tiene que ver sólo con tener claridad sobre hacia dónde vamos y conducir al resto. Tiene más que ver con generar las condiciones para que puedan ocurrir cosas distintas. Para que podamos pensar. Para que podamos experimentar. Liderar, ante estos retos tan complejos, es crear espacios seguros donde podamos probar, equivocarnos, ajustar. En espacios de red, el liderazgo puede distribuirse. Cada cual puede liderar en el ámbito donde tiene legitimidad, experiencia o perspectiva relevante. No se trata de eliminar la jerarquía clásica —que existe y tiene funciones— sino de reconocer que también hay otras formas de autoridad: la que nace de la contribución, de la experiencia, del vínculo. 
  • Movernos en este tipo de retos poliédricos requiere de diferenciar aquellas tareas que requieren de un saber más técnico y protocolizado de otros escenarios más complejos donde la estrategia óptima es la de realizar intervenciones pequeñas y seguras para probar, observar los patrones emergentes y luego responder amplificando lo que funciona y debilitando lo que no.

Algunas preguntas: ¿Qué actividades que realizamos por inercia han dejado de tener sentido hoy? ¿Dónde están las nuevas oportunidades? ¿Qué práctica nos ha sorprendido en el último tiempo y nos gustaría experimentar? ¿Qué podemos replicar? 

“No hay justicia social sin justicia ecológica.” — Yayo Herrero

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