Algunos apuntes sobre el texto La revolución inevitable. Una cápsula sobre la sociedad de la inteligencia artificial, de Genís Roca.

Genís publicó este texto hace unas semanas y lo he devorado en un par de horas. Es solo una cápsula como él explica e imagino que las personas que hemos tenido la suerte de escucharle en más ocasiones completamos lo que no ha contado desde el eco de otras reflexiones anteriores. Transcribo estas notas para atraparlas, el libro ya ha volado con mis subrayados y notas a otras manos, y recomendaros su lectura. Confío en no hacer demasiado “spoiler” ni destrozar la trama. 

Vuelve a traer una idea que aparece de forma recurrente en sus textos y ponencias: la tecnología es aquello que todavía no hemos normalizado ni interiorizado como parte de nuestros procesos. Cuando deja de parecernos tecnología, es cuando ya forma parte de lo cotidiano.

Al inicio del libro señala que el formato digital ha aumentado de forma extraordinaria nuestra capacidad para almacenar información y para enviarla de un punto a otro del mundo de manera casi instantánea. Al hablar de la información, recorre distintos momentos históricos. Primero, cuando el conocimiento se recogía en libros sin bibliotecas, en manos de monjes que decidían qué reproducir y quién accedía a esos ejemplares. Después, la imprenta, que supuso un salto enorme en capacidad, aunque seguía siendo la editorial quien decidía qué se publicaba y cómo se distribuía. Más adelante, los medios de comunicación, donde los propietarios de emisoras o editoriales determinaban qué canciones se escuchaban o qué mensajes se difundían. Hoy estamos en otra dimensión: cualquier persona u organización puede publicar textos, imágenes, vídeos, sonidos o datos a escala planetaria. El problema ya no es publicar, sino lograr relevancia.

Internet se afianza y permite conectar todos los ordenadores en una misma red, haciendo posible que casi cualquier empresa o persona se convierta en un nodo que recibe y emite información. De nuevo subraya cómo el formato digital ha multiplicado nuestra capacidad de almacenamiento y transmisión.

Cuando aborda la inteligencia artificial, señala que su aparición era incluso previsible. En esencia, se trata de aplicar niveles muy avanzados de estadística para deducir, inferir y proponer soluciones. Hasta ahora, para evitar cálculos excesivamente complejos, la estadística trabajaba con pocas variables. Estos límites han sido superados. Los modelos de IA permiten abordar tareas y procesos informatizados que antes no eran viables y están revolucionándolo todo. “Aparece una nueva generación de software basada en la integración masiva de datos que, más allá de generar textos o imágenes, participará en la toma de decisiones”. En el momento de leer la palabra “decisiones” tuve muy presente la lectura del “Algoritmo Paternalista”. Otro libro que he recomendado con fuerza estos meses. 

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“SOY VERANISTA” A lomos de una tortuga II. REFLEXIONES VERANO 2025.

No recuerdo quién me lo dijo pero sé que lo he utilizado varias veces este año. Soy veranista. Hay personas más de navidades, otras de septiembre, primavera… mi momento favorito del año es el verano. Ya sé que no voy a contracorriente ni soy demasiado rupturista. 

Terminaba de leer estas semanas el libro de Parisi sobre los sistemas complejos, la ciencia y las metáforas que ayudan a construir modelos. Hay un capítulo donde se para a describir los procesos de creación y vuelve a recordarnos que junto a una exploración rigurosa, contraste de fuentes, experimentación y profundización en un tema, necesitamos, para lograr un salto en la investigación y creación de nuevas posibilidades, que nuestra mente divague, se pasee por otras realidades de manera abierta. En una pequeña conversación u observación relajada puede emerger la forma en las que, por ejemplo, ideas dispares pueden encontrarse. Steven Jhonson hablaba de “colisiones de corazonadas” en aquel libro que tanto nos gustó “Las buenas ideas”. 

El maestro Julen Iturbe acuñó hace años el neologismo “Trabacaciones” para hablar de este tiempo de descanso y actividad. En nuestra familia hace años que procuramos alargar este tiempo de descanso en verano aunque suponga mantener cierta actividad “laboral”. Cada año lo he llevado de una manera distinta y ha tenido que ver, entre otras cosas, con la carga y la exigencia. Este año ha sido más baja y me ha permitido conectar también con el placer de mantenerse activo en tiempo de descanso. 

Bajo mucho el pistón en julio y agosto. La lectura, los paseos, jornadas de playa, conversaciones con amigas, fiestas populares del entorno… tienen prioridad frente al resto. Y esto no me ha impedido leer algunos ensayos, escribir algunas notas, redactar un informe y adelantar parte del trabajo que me espera en septiembre. 

Me he quitado de Instagram en agosto. Todavía no soy consciente de lo que significa pero creo que es bueno y me ha permitido dedicar parte de ese tiempo para otras actividades.

Este estado de “descanso activo” o “actividad relajada” me gusta mucho. ”Vindicación de la vida holgada” subtitula Valls Boix su libro “El derecho a las cosas bellas”. Disfruto de esta suerte de duermevela. Cuando duermo ligero (o mucho) sueño y recuerdo lo que sueño. A veces me despierto con ideas que me parecen maravillosas. En algunas ocasiones son más bien ruidos que me impiden conciliar el sueño. En otras ocasiones las veo más como semillas con todo el potencial que pudieran germinar en diferentes formas y tamaños, solo con la atención adecuada. Suelen ser distintas maneras de contar algo que rumiaba hace tiempo. Posibles proyectos de futuro. Lugares donde me gustaría estar un tiempo el curso que comenzará dentro de unas semanas… Esto es para mi el verano: Vivir, soñar, registrar, rumiar, compartir… 

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Somos, también, lo que leemos. Resumen de mis lecturas de julio 2025.

Ahora que voy abandonando algunas redes sociales donde compartía lecturas, voy a hacer un pequeño post con las lecturas de este julio, el comienzo del verano de 2025.

Comencé con el libro “El informe Penkse” de Jaime Rubio Hancock. Me conecté con el humor, la burocracia y la capacidad de procrastinar. Me sirvió, primero, para reírme —algo que no suelo hacer con novelas humorísticas— y, después, para conectarme con el mundo del trabajo desde una perspectiva diferente.

“Visión Nocturna: Un viaje filosófico a través de las emociones oscuras” de Mariana Alessandri me ha parecido un libro impresionante, uno de los mejores ensayos que he leído en los últimos años. Me ha ayudado a entrar en el mundo de la depresión, la ira, el enfado y la tristeza de una manera distinta, complementaria a la que suelo manejar. Me ha llevado a territorios donde habitualmente no estoy. Gracias. 

“209 rue saint-maur, parís. Autobiografía de un edificio” de Ruth Zylberman me gustó mucho. Esa forma de hacer historia desde un punto geográfico concreto, de entrevistar y observar no solo a las personas que pasaron por el edificio, sino al propio edificio, me pareció muy potente. Me conectó con la dureza de lo vivido por el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial y con el silencio cómplice de parte del pueblo francés. También me hizo pensar en el dolor y el tormento que se está viviendo ahora mismo en Palestina, aunque la autora no lo mencione explícitamente.

“Breves amores eternos” de Pedro Mairal me sorprendió desde el comienzo, no esperaba relatos eróticos y me pareció una buena forma de disfrutar el verano desde otra dimensión :D. Además, me reconectó con su escritura y con otros textos suyos que ya había leído como “La Uruguaya”, “Salvatierra” o “Una noche con Sabrina Love” 

Los dos libros de Theodor Kallifatides —un autor que no conocía— me conectaron mucho. He leído “Madres e hijos” y “Otra vida por vivir”. Su manera de escribir, aparentemente sencilla, me dio ganas de seguir escribiendo, de seguir experimentando con eso de contarme desde las palabras. Me gustó esa cercanía con la descripción, tanto interna como externa, y esa transparencia de lo íntimo.

“Los náufragos del Wager. Historia de un naufragio, un motín y un asesinato” de David Grann, me pareció especial. Una aventura muy bien escrita, con datos e información interesantes. Me gustó esa suma entre bitácora rigurosa y narración bien contada.

Por fin pude leer “A sangre y fuego”, de Manuel Chaves Nogales. Había intentado leerlo en dos ocasiones y no lo había conseguido. Esta vez sentí que era el momento. Me resuena esa “tercera vía” que menciona en la introducción, y su mirada crítica no hacia un bando, sino hacia el fracaso que supone una guerra. Me sigue resonando la pregunta de como responder a la violencia sin alimentarla.

Por último, “Las Maravillas” de Elena Medel me pareció un libro bonito y duro a la vez. Atraviesa el mundo de la precariedad y los cuidados desde la perspectiva de distintas mujeres, hilando diferentes historias familiares. Me gustó la forma de presentarlas. Siempre necesaria incorporar esta mirada que corremos el peligro de olvidar. 

“Te veo, te escucho, te reconozco” de Teresa Arsuaga me ha regalado estructura para ordenar las ideas que he ido construyendo estos últimos meses en talleres de regulación de conflictos. Además me ha ayudado a seguir pensando sobre la necesidad de sentirnos vistos como algo profundo e importante. Seguimos bailando en la frontera entre agradecer, reconocer y adular.

Espero que todas estas lecturas que hago sigan hackeando un poco la manera en que veo la realidad. Me gustan las lentes que me han ofrecido estos nuevos libros. Seguimos para agosto.