“SOY VERANISTA” A lomos de una tortuga II. REFLEXIONES VERANO 2025.

No recuerdo quién me lo dijo pero sé que lo he utilizado varias veces este año. Soy veranista. Hay personas más de navidades, otras de septiembre, primavera… mi momento favorito del año es el verano. Ya sé que no voy a contracorriente ni soy demasiado rupturista. 

Terminaba de leer estas semanas el libro de Parisi sobre los sistemas complejos, la ciencia y las metáforas que ayudan a construir modelos. Hay un capítulo donde se para a describir los procesos de creación y vuelve a recordarnos que junto a una exploración rigurosa, contraste de fuentes, experimentación y profundización en un tema, necesitamos, para lograr un salto en la investigación y creación de nuevas posibilidades, que nuestra mente divague, se pasee por otras realidades de manera abierta. En una pequeña conversación u observación relajada puede emerger la forma en las que, por ejemplo, ideas dispares pueden encontrarse. Steven Jhonson hablaba de “colisiones de corazonadas” en aquel libro que tanto nos gustó “Las buenas ideas”. 

El maestro Julen Iturbe acuñó hace años el neologismo “Trabacaciones” para hablar de este tiempo de descanso y actividad. En nuestra familia hace años que procuramos alargar este tiempo de descanso en verano aunque suponga mantener cierta actividad “laboral”. Cada año lo he llevado de una manera distinta y ha tenido que ver, entre otras cosas, con la carga y la exigencia. Este año ha sido más baja y me ha permitido conectar también con el placer de mantenerse activo en tiempo de descanso. 

Bajo mucho el pistón en julio y agosto. La lectura, los paseos, jornadas de playa, conversaciones con amigas, fiestas populares del entorno… tienen prioridad frente al resto. Y esto no me ha impedido leer algunos ensayos, escribir algunas notas, redactar un informe y adelantar parte del trabajo que me espera en septiembre. 

Me he quitado de Instagram en agosto. Todavía no soy consciente de lo que significa pero creo que es bueno y me ha permitido dedicar parte de ese tiempo para otras actividades.

Este estado de “descanso activo” o “actividad relajada” me gusta mucho. ”Vindicación de la vida holgada” subtitula Valls Boix su libro “El derecho a las cosas bellas”. Disfruto de esta suerte de duermevela. Cuando duermo ligero (o mucho) sueño y recuerdo lo que sueño. A veces me despierto con ideas que me parecen maravillosas. En algunas ocasiones son más bien ruidos que me impiden conciliar el sueño. En otras ocasiones las veo más como semillas con todo el potencial que pudieran germinar en diferentes formas y tamaños, solo con la atención adecuada. Suelen ser distintas maneras de contar algo que rumiaba hace tiempo. Posibles proyectos de futuro. Lugares donde me gustaría estar un tiempo el curso que comenzará dentro de unas semanas… Esto es para mi el verano: Vivir, soñar, registrar, rumiar, compartir… 

Y es un ejercicio ligero y disperso. Pocas veces gana rotundidad. 

En parte de mis paseos he escuchado todas las entregas del podcast Gastropolítica, de Maxi Guerra. Ha habido muchos hilos de los que he quedado prendado. Agradezco muchísimo la invitación a divagar en cada entrega, la siento revolucionaria. Se carga el “Aquí y ahora” con un “aquí y en todas partes” y me gusta como estado veraniego. Tengo tantos apuntes de sus entregas y dietarios que requeriría de un post pero permitirme compartir unos flashes: La tensión entre contar nuestra vida y cierta sensación de “vivir para contarlo”, el contraste entre alguien reconocido por su curiosidad en temas extraños fuera de casa y como esta misma actitud y conocimiento es objeto de burla entre la familia (me pasa mucho), una buena amiga ya me ha prometido buscar esos libros subrayados por su padre que se encuentran en una cafetería de la ciudad vieja de Montevideo… 

¡Cuantas referencias literarias! Y tengo el listado para las lecturas de los próximos meses (estos en los que mi capacidad de leer va a bajar muchisimo)

En una de las entregas de su dietario recurre a un cuento de Gay Talese “Los sastres valientes de Maida” para hablar de las profesionales y su vínculo con la construcción del carácter e identidad personal. Me parece maravilloso: 

“El ojo del sastre debe seguir la costura con toda precisión, pero sus pensamientos pueden virar en diferentes direcciones, examinar su vida, meditar sobre su pasado, lamentar las oportunidades perdidas, crear dramas, imaginar desaires, rumiar, exagerar. En resumen, el hombre, cuando cose, tiene un exceso de tiempo para pensar.” 

Gay Talese “Los sastres valientes de Maida”

Y no utiliza estas otras frases del mismo párrafo pero las traigo yo: 

“Hay un tipo de trastorno mental leve que resulta endémico en el oficio de la sastrería, trastorno que comenzó a tejer su camino en la psique de mi padre en sus días de aprendiz en Italia, (…) Si bien nunca ha despertado curiosidad científica y por lo tanto no puede clasificarse con un nombre oficial, mi padre describió una vez el trastorno como una suerte de melancolía prolongada que estalla de cuando en cuando en ataques de cólera; resultado, aducía mi padre, de las excesivas horas de trabajo lento, exigente y microscópico que avanza puntada tras puntada, pulgada tras pulgada, hipnotizando al sastre en el reflejo lumínico de una aguja que titila al entrar y salir de la tela”.

Sigo construyendo un personaje profesional mestizo. No soy un especialista. Mi curiosidad me lleva a sitios muy distintos. He aprendido a adaptarme. Mi manera de intervenir no es directiva. Sé que estrategias diversas nos pueden llevar a un lugar parecido y que una, aparentemente, misma decisión puede desarrollarse de manera diversa y acabar con resultados opuestos (Equifinalidad le llaman en la Teoría General de Sistemas) 

Mucho de mi trabajo consiste en escuchar, escuchar, construir posibles relatos y balbucear lo que coje forma. Tengo que reconocer que a estas alturas de vida pensaba que tendría más seguridad para proponer y aconsejar. Con la experiencia me siento con más libertad pero no lo llamaría exactamente “rotundidad”. No es así y no sé si lo será. Necesito proteger esta curiosidad y capacidad de construir uniendo ideas. Es una sensibilidad para la “sorpresa”. Quiero huir de los proyectos y clientes que me piden soluciones y consejos. No quiero invertir tiempo en defender perspectivas ni cuestionarlas a pico y pala. Quiero seguir contribuyendo a lugares donde no hace falta decidir en las contradicciones

Pensé que escribiría un buen libro simplificando lo sencillo y dando matices a la simplicidad. Lo veo lejos. Leo, cuando puedo, de manera compulsiva pero no soy capaz de reproducir las ideas con rigor. Las ideas no se alojan en un lugar reproducible, siguen golpeando en las paredes hasta que pierden su potencial cinético. Lo que ocurre luego con esta información lo tengo muy claro. Me gustaría pensar que forman parte de una especie de “caldo primigenio” que condiciona, de manera virtuosa, mi manera de ver e interactuar con el mundo.

En este tiempo veranista cojo distancia del trabajo y de las personas y organizaciones con las que colaboro. Escuche a Maxi Guerra que leía a Bruce Chatwin algo así como “El aislamiento acentúa la persona que sos”. Así que es un tiempo donde las ideas y los proyectos son más personales, donde son las conversaciones, experiencias y lecturas en petit comité las que me tunean. 

Bueno. Bienvenido septiembre. Y si aún en enero sigo hablando de estos meses… Recordadlo, no es “síndrome postvacacional” es que soy “VERANISTA”. 

P.D Junto a mi divagación un parte de mi permanece atenta, triste e indignada por la aniquilación barbara del pueblo palestino. En cada oportunidad y de manera solidaria. FREE PALESTINE!!

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